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El miedo a los dólares contaminados con coronavirus abre un nuevo frente de guerra contra el dinero en efectivo

Un letrero en un restaurante vietnamita en San Francisco, en 2019, explica su política de no efectivo. San Francisco es una de varias ciudades en Estados Unidos que ahora exigen a los minoristas tradicionales que acepten pagos con billetes.
(Jeff Chiu / Associated Press)

Los letreros comenzaron a aparecer alrededor de Seattle en las ventanas de Dick’s Drive-In, la icónica cadena de hamburguesas de la ciudad: “Como un exceso de precaución, le pedimos que pague con tarjeta de crédito o débito si es posible, en lugar de efectivo”.

El miedo a los dólares en papel ahora es palpable en el epicentro estadounidense del coronavirus.

En toda la industria financiera se está gestando un debate riguroso sobre cómo abordar la creciente preocupación del público de que los billetes verdes puedan transmitir el COVID-19. Los estudios muestran que, al menos en teoría, es posible que otros coronavirus sobrevivan en el tejido de algodón y lino del dólar, aunque hay poco acuerdo sobre el riesgo real de contagio.

Detrás de la escena, algunos grupos de la industria y bancos han instado a la Reserva Federal (Fed) y al Departamento del Tesoro a emitir una declaración que asegure a los estadounidenses que existe un riesgo mínimo de usar efectivo, según personas con conocimiento de las discusiones. La Fed, a su vez, expuso que está esperando el consejo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que hasta ahora señaló que el virus se propaga principalmente a través del contacto de persona a persona. Mientras tanto, la entidad ha puesto en cuarentena el papel moneda repatriado desde Asia durante 10 días, para garantizar su seguridad.

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Hay mucho en juego para los bancos y las empresas que manejan pagos electrónicos: miles de millones de dólares en ganancias dependen de cualquier declaración o política que las autoridades emitan en última instancia.

Por un lado, los bancos pequeños y medianos trabajan para mantener las sucursales abiertas, de modo que puedan seguir atendiendo a legiones de clientes comerciales que reponen a diario sus cajas registradoras. Los representantes de algunas entidades de crédito piensan que es importante que los reguladores ofrezcan orientación sobre el manejo del dinero, señalando que el riesgo de usar divisas es bajo, comparándolo, por ejemplo, con presionar un botón del elevador o tomarse de un pasamanos.

El papel moneda estadounidense está hecho de 75% de algodón y 25% de lino, lo que hace que la superficie de los billetes sea gruesa y fibrosa. Eso permite que los gérmenes se adhieran más fácilmente y sobrevivan más tiempo que en los objetos lisos.
(Getty Images / Comstock Images)

Si por otro lado, las autoridades toman medidas que desalientan el uso de billetes, reforzarán la larga “guerra contra el efectivo” de la industria de las tarjetas de crédito, enviando así más transacciones a sus redes y a aplicaciones de pago que cobran comisiones. Ello incluso podría aumentar los saldos de las tarjetas de crédito que devengan intereses. Empresas como Visa Inc., Mastercard Inc., American Express Co., PayPal Holdings Inc. y una gran cantidad de grandes bancos emisores serían los principales beneficiarios.

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El virus puede terminar sirviendo como un “evento desencadenante” para una aceptación más amplia de las tarjetas a largo plazo, ya sea persuadiendo a los minoristas a comenzar a recibirlas o incitando al gobierno a hacer obligatorio su uso, consideró Lisa Ellis, analista de la firma boutique de investigación independiente MoffettNathanson. El cambio sería especialmente drástico en las regiones del mundo donde el uso de tarjetas todavía es relativamente poco común, expuso. “Los gobiernos ya consideran que los pagos digitales son buenos para la sociedad porque ayudan con la inclusión financiera, impulsan los ingresos fiscales y eliminan la corrupción”, señaló. “Y esta es otra razón: ‘Ah, también son higiénicos’”.

Por otro lado, hay millones de estadounidenses que carecen de acceso a cuentas bancarias, así como comunidades pobres y rurales con pocas sucursales, que atienden a residentes y empresas locales. Muchos de ellos dependen del efectivo para el comercio. En repetidas ocasiones, en los últimos años, los defensores de los consumidores se opusieron a las tiendas y restaurantes que intentan simplificar el proceso de pago sin efectivo. Ciudades como Nueva York, Filadelfia y San Francisco aprobaron leyes que exigen la aceptación de billetes de dólar.

Algunos de esos grupos temen estar a punto de enfrentar una batalla nacional para permitir el comercio sin efectivo en respuesta al coronavirus.

“Definitivamente, no usar efectivo no es algo que apoyamos particularmente”, afirmó Eric Espinoza, director asociado de Neighborhood Trust Financial Partners, que ayuda a brindar servicios financieros a comunidades de bajos ingresos. “Pero por cierto, no lo respaldaríamos en un entorno de toma de decisiones apresurado, en el cual se es extremadamente reactivo y no se está tan atento a las repercusiones”.

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Aproximadamente una cuarta parte de los estadounidenses no tienen acceso a cuentas bancarias.
(Eric Risberg / Associated Press)

A pesar de la creciente popularidad de las tarjetas de crédito y débito en los últimos años, el efectivo sigue siendo una de las formas de pago más usadas en Estados Unidos; la modalidad representó el 26% de todos los pagos de los consumidores el año pasado, según datos compilados por la Reserva Federal. El cambio y los billetes de dólar todavía se ven favorecidos abrumadoramente para las compras pequeñas, lo cual representa aproximadamente el 50% de los desembolsos por debajo de $10.

Cerca del 25% de los estadounidenses no cuentan con servicios bancarios o son insuficientes, y los hogares negros y latinos representan el mayor porcentaje de quienes carecen de cuentas, según un estudio de Federal Deposit Insurance Corp. Más de la mitad de las familias no bancarizadas en Estados Unidos afirman que carecen de fondos para mantener una cuenta abierta.

“Si quieren ir en esa dirección, se necesitará una planificación muy cuidadosa para abordar las cuestiones de inclusión”, advirtió John Thompson, director de programas de Financial Health Network. “Todavía hay sectores realmente importantes y de tamaño sustancial del país que operan fuera del sistema financiero convencional”.

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El papel moneda en Estados Unidos está hecho de 75% algodón y 25% lino, según el Tesoro. Eso hace que la superficie de los billetes sea gruesa y fibrosa, algo que permite que los gérmenes se adhieran fácilmente y sobrevivan más tiempo de lo que pueden en objetos lisos.

Un estudio realizado en 2013 mostró que el dólar muestra un “transporte significativo y prolongado” de la temida bacteria Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina, conocido como MRSA.

Un análisis de 2020 de variedades de coronavirus, que incluyó el SARS y el MERS, mostró que los microbios pueden persistir en las superficies por hasta nueve días. Según el informe, eso puede reducirse significativamente cuando se emplea desinfectante a base de etanol, pero limpiar un billete de papel resulta más difícil que una superficie de plástico, como un escritorio.

Frente al COVID-19, el Banco Popular de China comenzó a utilizar la luz ultravioleta y hornos de alta temperatura para desinfectar el efectivo que ingresaba. También reemplazó los billetes viejos con unos recién acuñados.

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La Fed se mantiene en contacto con los CDC para estar al tanto de las últimas ideas de la agencia sobre cómo se propaga el virus, remarcó una portavoz del banco central.

Hasta ahora, durante el brote actual, la Fed no ha promulgado ampliamente su protocolo de larga data para los bancos que manejan billetes sospechosos de peligro: primero los apila en “montones” de 100, luego los agrupa en bloques más grandes y los empaca en bolsas de plástico con la palabra “CONTAMINADO” en tinta permanente.

Incluso si el virus obliga a más personas a usar tarjetas, la red de pagos más grande del mundo seguirá luchando contra la desaceleración general del gasto, especialmente en el sector de viajes. “En el corto plazo, en este punto, el coronavirus es claramente negativo debido al impacto desproporcionado en los viajes internacionales y el gasto discrecional del consumidor”, remarcó Harshita Rawat, analista de Sanford C. Bernstein & Co., en una entrevista. “La gente simplemente no viaja al extranjero, y este es uno de los negocios más rentables que tienen estas compañías”.

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