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California

Pasajeros y funcionarios critican el cierre de todo el sistema de Metro: "¿Quién aprobó esto?”

A Metro bus is vandalized in downtown Los Angeles
Un autobús de Metro es destrozado en el centro de Los Ángeles el viernes. Todo el sistema se suspendió el sábado por la noche.
(Wally Skalij / Los Angeles Times)

El sistema de tránsito de L.A. fue cerrado por las protestas del sábado en la noche por la seguridad de los empleados. Un concejal de L.A. lo llamó “desmedido”.

Mientras las protestas recorrían el condado de Los Ángeles el sábado por la noche, y los funcionarios de varias ciudades impusieron toques de queda, un cierre sin precedentes de la red de autobuses y ferrocarriles de la región dejó a los trabajadores esenciales varados en las aceras y en los refugios de autobuses.

Horas después, el Departamento de Policía de Los Ángeles fue visto conduciendo filas de manifestantes, con las manos atadas, a los autobuses de color naranja.

La yuxtaposición enfureció a los pasajeros y activistas, quienes dijeron que no era apropiado que una agencia de tránsito que principalmente presta servicios a los negros y latinos cooperara con las fuerzas del orden público mientras miles de individuos marchaban para protestar por la muerte de George Floyd y la brutalidad policial contra las personas negras.

“No pueden decir que están interrumpiendo el servicio para proteger a los conductores, y luego contrariamente ponerlos en medio de todo esto a transportar a los manifestantes”, expuso Brian Bowens, de 47 años, un conductor de tránsito en Leimert Park y presidente del consejo asesor ciudadano de Metro. “¿Dónde está la lógica aquí? ¿Quién aprobó esto?”.

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Él continuó: “Esto tendrá un efecto duradero. Los pasajeros lo van a recordar”.

Metro suspendió el servicio en el centro de Los Ángeles el sábado y anunció los retrasos esperados en las áreas de protesta. Poco después de las 8 p.m. el toque de queda comenzó en la ciudad de Los Ángeles y Metro amplió el cierre a todo el sistema.
El presidente ejecutivo Phil Washington comentó para la radio KNX el sábado por la noche que había visto “muchos daños” y que estaba preocupado por la seguridad de los empleados de Metro. Los manifestantes en el área de Fairfax rodearon un autobús de Metro en 3rd Street el sábado por la tarde, lo cubrieron con graffiti y se subieron encima.

Las preocupaciones sobre la seguridad eran legítimas, pero cerrar el sistema completo y dejar a los trabajadores esenciales desprotegidos era “desmesurado”, manifestó el concejal de la ciudad de Los Ángeles, Mike Bonin, director de Metro. Añadió que cuestionaría el liderazgo superior de Metro en la próxima reunión de la junta en junio.

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“La razón por la que la gente estaba en la calle fue por injusticia y problemas sistémicos”, señaló Bonin. “Hay muchísima superposición entre las personas que están siendo afectadas por la violencia y el racismo, y la gente que usa el sistema de tránsito en Los Ángeles. Sin olvidar que muchos de los trabajadores esenciales que quedaron varados eran negros y latinos”.

Washington manifestó que los supervisores de Metro recorrieron la región el sábado por la noche para buscar personas en las paradas de autobús, luego llamaron a las centrales de autobuses cercanas y les pidieron que enviaran vehículos para recogerlos.

El domingo por la mañana, Metro se disculpó con los pasajeros que estaban varados. Cualquier persona que usó Uber, Lyft o un taxi para llegar a casa después del cierre puede solicitar un reembolso enviando un correo electrónico a customerrelations@metro.net o llamando al (323) 466-3876, anunciaron las autoridades.

Los funcionarios de Metro y el alcalde de Inglewood, James Butts, que preside la junta de Metro, no respondieron a las solicitudes de comentarios.

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Durante los disturbios de 1992, la agencia predecesora de Metro suspendió el servicio en áreas afectadas por saqueos e incendios, pero continuó operando autobuses en algunas áreas periféricas.

Los activistas cuestionaron por qué la agencia no podría haber adoptado un enfoque similar el sábado, para seguir sirviendo a los pasajeros en el Valle de San Gabriel, South Bay, North County y otras regiones donde no se produjeron protestas.

“Es mejor prevenir que curar”, manifestó el supervisor del condado y director de Metro, Mark Ridley-Thomas. Si Metro no hubiera cerrado, y los autobuses o trenes hubieran sido “utilizados como un vehículo a través del cual se produjeran más interrupciones”, dijo, la agencia también habría sido criticada por eso.

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“Hubo críticas mordaces en 1992 de que retrasamos nuestra respuesta, y las cosas se salieron de control”, expuso Ridley-Thomas. “Pérdida de vidas y de bienes que podrían haberse evitado si hubiéramos tenido más apoyo para manejar la crisis”.

Pero, señaló Ridley-Thomas, no estaba seguro de que fuera apropiado que los autobuses de Metro transportaran a los manifestantes que habían sido arrestados: “La policía tiene vehículos para transportar a los acusados ​​de violar la ley”.

Un funcionario que no estaba autorizado para hablar en público señaló que cada autobús de Metro que transportaba a los manifestantes tenía una escolta de LAPD para reducir el riesgo de un conflicto durante la protesta.

Carla, una estudiante de 21 años que trabaja a tiempo parcial como guardia de seguridad en un edificio de oficinas de Century City, comentó que planeaba tomar el autobús para regresar a su casa a Inglewood después de que su turno terminara el sábado a las 9 p.m. Tras una hora de espera, revisó la página de Twitter de Metro y vio que el servicio había sido cancelado.

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Ella dijo que esperaba algunos retrasos debido a las protestas, pero no que Metro cancelara el servicio por completo.

“Estaba enojada y un poco nerviosa”, reveló Carla, quien se negó a dar su apellido. “Ser una joven negra, estar sola en la calle en una noche así, no es divertido”.

A las 2 a.m. del domingo, Todd Munson, de 44 años de Glassell Park, se enteró de que un amigo que había planeado tomar el autobús de regreso de Anaheim estaba varado sin tarjeta de crédito. Se encontraba “realmente estancado”, dijo Munson.

Munson comenzó a llamar a hoteles en Anaheim, pero tuvo problemas para encontrar uno que estuviera abierto durante la pandemia y que aceptara el pago por teléfono. Aunque finalmente lo consiguió, comentó que toda la situación fue “realmente desalentadora”.

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Mientras las protestas por la muerte de George Floyd se extendían por todo el país, los conductores de autobuses en Minneapolis y Nueva York se negaron a conducir autobuses llenos de personas arrestadas en las protestas.

John Costa, presidente de un sindicato que representa a miles de conductores de autobuses estadounidenses, dijo que fue un “mal uso del transporte público” el trasladar a las personas que habían sido arrestadas.

Los conductores de autobuses, expuso Costa, tienen derecho a “rechazar el deber peligroso” de transportar a las personas que han sido arrestadas, “lejos de estas comunidades donde muchos de esos conductores viven”.

Los conductores de autobuses en Los Ángeles no tienen esa cláusula en su contrato. Los funcionarios del sindicato que representa a los conductores de autobuses de Metro no respondieron las solicitudes en busca de comentarios.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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