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Mientras los padres pagan tutorías de hasta $100 por hora para sus hijos, aumenta la demanda y se agravan las desigualdades

 Malachi Morris-Jackson is tutored for free via smartphone by Cooper Silverman.
Un joven residente del sur de Los Ángeles, Malachi Morris-Jackson, de 11 años, en una clase gratuita de tutoría con Cooper Silverman (visto a través del teléfono inteligente), voluntario de El Nido Family Centers.
(Genaro Molina / Los Angeles Times)

La tutoría podría ser la solución a las pérdidas de aprendizaje provocadas por el cierre de escuelas por el coronavirus. Pero los estudiantes que más lo necesitan tienen menos acceso.

A Malachi Morris-Jackson le costaba mucho el aprendizaje a distancia y estaba rezagado en lectura y álgebra cuando conoció a Cooper Silverman, estudiante de último año de preparatoria. En sesiones semanales que incluyen descifrar ecuaciones y analizar fragmentos de prosa, el tutor voluntario se esfuerza por animar a Malachi -“¡Ya lo entendiste!”, le dice- además de mantenerlo entretenido con algún truco de cartas ocasional.

“Es un chico excelente”, expresó Silverman, uno de los tutores de El Nido Family Centers que asiste a Oakwood School, en North Hollywood.

Malachi es uno entre legiones de estudiantes de California que se han enfrentado a fuertes obstáculos con las clases virtuales y quedaron rezagados en el aprendizaje, sin la estructura del aula. Pero también tiene la suerte de contar con un servicio de alta demanda: un tutor, cuyo trabajo individual ofrece lo que los expertos consideran una de las mejores soluciones para dar por tierra con los desafíos de aprendizaje de tantos estudiantes.

“De lejos, la herramienta más eficaz que tenemos para empezar a solucionar este problema es la tutoría”, comentó Robert Slavin, director del Center for Research and Reform in Education, de la Universidad Johns Hopkins. “Ninguna otra asistencia se puede implementar tan rápido, con una probabilidad tan alta de funcionar”.

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6th grader Malachi Morris-Jackson, 11, is tutored for free by Cooper Silverman, a volunteer with El Nido Family Center.
Malachi Morris-Jackson en una sesión de tutoría con Cooper Silverman. Arlene Reed, la tía de Malachi, afirma que Cooper “lo hace sentir importante”.
(Genaro Molina/Los Angeles Times)

Los cierres de escuelas forzados por el coronavirus impulsaron una oleada sin precedentes de tutores que abarcan una amplia gama de circunstancias, incluidos los estudiantes que necesitan ayuda académica, como Malachi, y aquellos que buscan mantener su buen rendimiento. Pero por cada padre que puede pagar una tutoría privada, hay otros que no pueden hacerlo, y eso está impulsando ahora la aparición de nuevos grupos de tutoría con voluntarios.

La demanda es evidente en las empresas onerosas, que pueden cobrar entre $25 y más de $100 por hora. A+ Tutoring, una compañía con sede en San Fernando Valley, experimentó un aumento del 70% en su tráfico web desde marzo, afirmó su propietario, Roman Slavinsky.

Sin embargo, este frenesí de los tutores bajo pago destaca las preocupaciones sobre cómo la pandemia podría ampliar aún más la brecha educativa.

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“Habrá una exacerbación de la desigualdad masiva”, expresó Prudence L. Carter, decana de la Escuela de Posgrado en Educación de UC Berkeley. “Y muchos niños de entornos económicamente vulnerables, que necesitan acceso a tutores, probablemente no obtendrán ese apoyo”.

El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), donde el 80% de sus 460.000 alumnos provienen de familias de bajos ingresos, anunció en agosto que intentaría abordar la necesidad a través de un programa piloto de tutoría dirigido por una nueva empresa sin fines de lucro, Step Up. Hasta ahora, 500 estudiantes de jardín de infantes a octavo grado en el sur de Los Ángeles, el área de Huntington Park y el Valle de San Fernando, tendrán tutores voluntarios -muchos de los cuales son estudiantes universitarios locales- dos veces por semana.

“Hemos aprendido bastante sobre la educación en línea desde marzo y está claro que se necesita más apoyo personalizado para los estudiantes”, afirmó el superintendente Austin Beutner, en un comunicado.

Una de las características de la pandemia de COVID-19 en Estados Unidos es que afecta desproporcionadamente a las personas de color. Pero no tiene por qué ser así.

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El filántropo Jamie Halper, quien cofundó la organización, financia el programa piloto por menos de un millón de dólares. “El aprendizaje remoto es muy difícil para las familias y los maestros, por eso ésta parecía una oportunidad positiva y natural”, manifestó.

Pero dada la necesidad proyectada, podría llevar hasta dos años expandir el programa piloto de Step Up a todo el distrito, reflexionó su cofundadora, Nati Rodríguez.

El LAUSD también planea proporcionar tutoría individual, principalmente al aire libre y en los campus, a cargo de maestros que serán compensados a su tarifa por hora, por sesiones que durarán 50 minutos y se realizarán fuera del horario escolar normal. Todos los participantes deberán primero examinarse por coronavirus y haber dado negativo. La semana pasada, el sindicato de maestros y el distrito aprobaron un acuerdo. “Queremos que los estudiantes de todas las escuelas que necesitan apoyo puedan recibirlo”, enfatizó Alison Yoshimoto-Towery, directora académica del LAUSD.

Kevin Claxton, de Mar Vista, lleva 20 años dando clases particulares pero nunca ha estado más ocupado que ahora, con 35 horas a la semana además de su empleo habitual como entrenador de baloncesto. Claxton descubrió que ya no ‘complementa’ el aprendizaje de los estudiantes, sino que enseña múltiples materias y trata de mantener a sus alumnos, en su mayoría de primaria, interesados en sus tareas. “Ahora es más holístico”, reflexionó Claxton, quien también participa en algunos módulos de aprendizaje en el patio con Tutor Me LA y cobra entre $60 y $90 por hora. Casi todos los niños a los que asiste están atrasados en, al menos, una materia.

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Un estudio de Harvard de 2016 descubrió que la tutoría individual era especialmente efectiva para mejorar el desempeño de los estudiantes de bajo rendimiento en comparación con otros esfuerzos para enriquecer la educación, como reducir el tamaño de las clases y ampliar el preescolar. Teniendo esto en cuenta, los educadores abogan por la disponibilidad generalizada de la tutoría individual.

Slavin, el dueño de A+ Tutoring, cree que los estados y distritos deberían contratar agencias locales y a “un ejército de tutores para trabajar individualmente o en grupos pequeños con estudiantes con dificultades, especialmente en lectura y matemáticas elementales”. “Francamente, esto ya no es opcional”, escribió en un blog.

En todo el país, proyectos semejantes ya están en marcha. En junio pasado, Maryland anunció que delegaría $100 millones en fondos de ayuda federal para brindar tutoría en todo el estado a los estudiantes que más lo necesitan. La legislación propuesta por los senadores de Massachusetts y Maryland ampliaría drásticamente AmeriCorps para brindar tutores a los alumnos y proporcionar trabajos a los universitarios recién graduados.

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Empresas nuevas similares a Step Up y grupos de voluntarios se apresuraron a llenar el vacío en la oferta de tutoría para estudiantes de bajos ingresos. Una de ellos es Pandemic Professors, formada en abril por Harley Simpson, graduada de UC Berkeley. Más de 200 educandos -la mayoría del Área de la Bahía- solicitaron los servicios de tutoría de la organización sin fines de lucro, que brindan casi en su totalidad estudiantes universitarios o graduados recientes.

UCLA estableció recientemente Bruin Tutor Network, un servicio gratuito compuesto por más de 500 estudiantes voluntarios que trabajan en línea al menos una hora a la semana con alumnos de K-12 en todo el condado de L.A. La red también proporciona recursos a los padres que desean mejorar en el apoyo a sus hijos mientras se adaptan al aprendizaje electrónico.

La Biblioteca Pública de Los Ángeles brinda a niños de K-12 servicios de tutoría en línea a través de Tutor.com, impulsado por Princeton Review. En junio, hubo 3.400 sesiones de tutoría en vivo a través del programa, en comparación con 1.900 durante el mismo mes del año pasado. “Nos ha sorprendido la cantidad de personas que no conocen el servicio, a pesar de nuestros esfuerzos por promoverlo. Este año, por supuesto, las familias están hambrientas exactamente de ese tipo de asistencia”, afirmó Eva Mitnick, directora de la división de aprendizaje y compromiso.

Las organizaciones sin fines de lucro como El Nido Family Centers, que principalmente brinda asesoramiento a familias económicamente desfavorecidas en el condado de Los Ángeles, han ampliado los servicios de tutoría gratuita. El Nido dio un giro hacia la instrucción en línea y reclutó a más tutores voluntarios, la mayoría de los cuales son estudiantes de preparatoria y universitarios, para satisfacer la demanda. “Les preguntamos a todas las familias que se acercan: '¿Qué necesitan?’. Muchas responden que precisan tutoría para sus hijos”, comentó Cecilia Trujillo, coordinadora de extensión en El Nido.

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Muchos padres expresan su preocupación por el rápido descenso de las calificaciones de sus pequeños. Los problemas que se mencionan a menudo son no poder iniciar sesión debido a una mala conexión a internet, o no contar con un espacio tranquilo y sin distracciones para aprender. “Un padre comenzó a llorar. ‘Van a castigar a mi hijo’, decía”, relató Trujillo. Otro estudiante necesitaba meterse en un armario durante sus sesiones de tutoría, para aislarse del ruido en su casa.

Carter, la decana de UC Berkeley, destacó que el apoyo socioemocional semanal que los tutores pueden brindar podría ser aún más importante que cualquier beneficio académico obtenido de la instrucción individualizada.

“Hay mucha angustia por las brechas y las pérdidas. Pero en mi opinión personal, ahora no es el momento para deleitarse con ese tipo de lenguaje”, enfatizó. “Ahora es momento de pensar cuál es el apoyo más fundamental y básico que podemos brindar a los niños para que mantengan algún tipo de salud y bienestar”.

Silverman, el estudiante de preparatoria que asiste a Malachi, comienza cada sesión preguntándole al niño cómo se siente. Por lo general, conversan durante unos minutos antes de sumergirse en lo académico.

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Arlene Reed, la tía de Malachi, reconoce que el alumno de sexto grado espera con ansias su tiempo con Silverman cada semana. “Su tutor lo hace sentir importante”, destacó Reed, “y le dice que puede lograrlo si sigue trabajando en ello”.

Howard Blume, redactor de planta de The Times, contribuyó con este artículo.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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