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El humo de los incendios forestales puede transportar cantidades ‘increíbles’ de hongos y bacterias, según los científicos

The Golden Gate Bridge in San Francisco is clouded in wildfire smoke with an orange sky
Automóviles circulan sobre el puente Golden Gate bajo un cielo anaranjado lleno de humo en pleno mediodía, mientras incendios forestales masivos ardían en el norte de California, el 12 de septiembre pasado. A los científicos les preocupa que el humo de tales incendios contenga microbios que pueden causar enfermedades.
(Harold Postic / AFP/ Getty Images)
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Cuando los incendios arrasan un bosque y las excavadoras cavan en la tierra para detener el avance de las llamas, es posible que en el aire se estén agitando más que solo nubes de polvo y hollín, afirman los científicos.

Esas columnas de humo, oscuras y ondulantes, que se elevan en oleadas de calor durante el día y se hunden en los valles por la noche, cuando el aire se refresca, podrían transportar innumerables microbios vivos que se colarían en nuestros pulmones o adherirían a nuestra piel y ropa, según una investigación publicada recientemente en la revista Science. En algunos casos, los investigadores temen que los patógenos transportados por el aire enfermen a los bomberos o a los residentes de esas zonas.

“Escribimos esto porque reconocemos que hay muchos billones de microbios en el humo que realmente no se han incorporado en la comprensión […] de la salud humana”, indicó Leda Kobziar, directora de ciencia de incendios forestales de la Universidad de Idaho. “En este momento, es realmente desconocido. La diversidad de microbios que hemos encontrado es en verdad alucinante”.

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Como sugiere esta reciente temporada de incendios, la necesidad de comprender qué hay en el humo de los incendios forestales que es inevitable respirar -y cómo puede afectarnos- nunca ha sido más poderosa, pero los científicos creen que estamos muy por detrás de la curva.

Hubo incendios forestales en más de 10.2 millones de acres de Estados Unidos en 2020, según muestran las estadísticas federales, incluidos unos 4.2 millones de acres en California, donde una mayor cantidad de residentes estuvo expuesta al humo durante un período más largo que nunca.

La capacidad de California para realizar varias tareas se está poniendo a prueba, ya que los funcionarios de salud se esfuerzan por encontrar personal para los centros de vacunación y, al mismo tiempo, mantener las pruebas y el rastreo de contactos.

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El humo de los incendios forestales ahora representa la mitad de toda la contaminación por partículas finas en el oeste de Estados Unidos, según los investigadores. Aunque hay muchos estudios sobre los impactos a largo plazo en la salud humana de la contaminación del aire urbano, y los impactos a corto plazo del humo de los incendios forestales, se sabe poco acerca de las formas en que este último puede dañar a la gente durante sus vidas. “Francamente, no sabemos acerca de los efectos a largo plazo del humo de los incendios forestales porque no había exposiciones de las comunidades a largo plazo antes”, comentó el Dr. John Balmes, profesor de medicina en UC San Francisco y miembro de la Junta de Recursos del Aire de California.

Sin embargo, es posible que los humanos, y los californianos en particular, inhalen más humo de incendios forestales en el futuro.

Según los científicos, el planeta seguirá calentándose durante las próximas décadas, incluso si las personas de repente actúan de forma colectiva para detener el cambio climático. Este calentamiento, y otros factores, están contribuyendo a incendios forestales cada vez más destructivos. Mientras tanto, los bosques del estado pugnan por adaptarse y las plantas nativas son desplazadas por especies invasoras, de combustión más rápida.

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Agreguemos a esas tendencias una pandemia global que ataca el sistema respiratorio, y el humo de incendios -lleno de microbios- cada año podría considerarse un riesgo creciente para la salud, conforme los investigadores. Los expertos se preguntan si los microbios en el humo de los incendios forestales podrían hacer que los pacientes con cáncer sean más vulnerables a las infecciones, o que los niños asmáticos sean más propensos a desarrollar neumonía.

Algunos microbios sobreviven e incluso proliferan en incendios forestales, según los científicos, donde el calor quema el suelo y deja una capa de carbono que protege a los microbios dentro de la tierra del calor intenso. Otros sobreviven en el aire porque las partículas de los incendios forestales pueden absorber la radiación ultravioleta del sol, que de otro modo sería letal, añadieron. Y es probable que otras esporas se propaguen por las corrientes de viento provocadas por el fuego.

Kobziar y el coautor del estudio, George Thompson III, profesor asociado de medicina en UC Davis, señalaron que hasta ahora, la conexión entre los microbios y los incendios forestales ha sido anecdótica, como la tendencia de los bomberos forestales a padecer fiebre del Valle después de trabajar en un incidente. Dicha enfermedad se contrae al inhalar esporas del género de hongos Coccidioides.

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Mientras una de las peores olas de calor de los últimos años continúa asando a California, millones de personas están experimentando los estragos que se derivan del tipo de clima extremo que se está haciendo más frecuente con el cambio climático.

“Tenemos más preguntas que respuestas en este momento”, reconoció Thompson. “Nuestros pulmones están expuestos a patógenos todos los días, y no pensamos mucho en ellos. Pero [¿qué ocurriría] si aumentamos la cantidad de microbios con incendios?”.

En 2018, por ejemplo, el Departamento de Bomberos del condado de Kern solicitó una subvención de $100.000 para obtener ayuda con la tala de cortafuegos -que perturban el suelo- porque sus bomberos se enfermaban después de hacer el trabajo. Los datos muestran que los casos de fiebre del Valle aumentan en el condado cada otoño, justo cuando comienza la temporada de incendios en las colinas circundantes.

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“Aerosoles, microbios, esporas o conidios fúngicos […] tienen el potencial de viajar cientos de millas, dependiendo del comportamiento del fuego y las condiciones atmosféricas, y eventualmente se depositan o inhalan a favor del viento”, escribieron Kobziar y Thompson en su artículo.

Sin embargo, ha sido difícil determinar qué patógenos existen en el humo de los incendios forestales.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la NASA y el equipo de químicos, físicos, biólogos y ecologistas de bosques e incendios de varias universidades han colaborado durante años para estudiar el humo de los fuegos forestales en todo el país, bajo el supuesto de que nadie será inmune a sus efectos en el futuro.

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“A medida que cambia el clima, que se calienta la temperatura, que construimos casas en lugares rodeados por poblaciones humanas y el desarrollo de viviendas se expande hacia regiones susceptibles a los incendios, ello es cuestión de tiempo”, remarcó Berry Lefero, gerente del Programa de Composición Troposférica de la NASA, que incluye un avión DC-8 que recorre el mundo para estudiar el humo de los incendios forestales, el ozono y los aerosoles en la capa inferior de la atmósfera.

Mediante el trabajo combinado de estos investigadores, los científicos esperan que el público y el personal de salud algún día puedan recibir pronósticos oportunos y precisos sobre a dónde irá el humo de los incendios forestales, qué peligros específicos para la salud representa y qué deben hacer las personas para prepararse, más allá de los consejos habituales de permanecer en el interior.

Para resolver el acertijo de qué microbios hay en el humo y por qué, Kobziar y Thompson necesitan comprender qué tipo de combustible se está quemando, como una hierba, un arbusto o un árbol; cuánto había inicialmente; cuán severamente se quemó (¿quedó totalmente negro, se redujo completamente a cenizas o algo intermedio?); y donde se originó el humo.

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Una vez que se determinan esas variables, surge la complicada tarea de capturar el humo, que de ninguna manera es uniforme, señaló Kobziar.

En septiembre, Kobziar, una ex bombero, usó un dron para capturar muestras del aire sobre Idaho cuando el sitio estaba lleno de humo de los siniestros en el este de Washington y Oregón. Luego colocó las muestras en una placa de Petri, agregó algo de comida que a los microbios les gusta comer y esperó a ver qué pasaba. “Incluso a cientos de millas de la fuente del humo, era significativo”, añadió. “Todavía estamos tratando de aislar todas las cosas que encontramos”.

Tim Edwards, presidente del sindicato de bomberos Local 2881, que representa a miles de trabajadores en el Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California, espera que las tareas científicas puedan impulsar sus propias iniciativas para conseguir respiradores para los bomberos forestales, ya que generalmente solo dependen de mascarillas o bandanas, a diferencia de sus homólogos de extinción de incendios urbanos.

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No es solo el polvo levantado en un incendio lo que enferma a los equipos, remarcó Edwards. “En un gran siniestro de tierras silvestres, hay 1.000 casas bajo fuego”, expuso. “Se quema una casa y no sabemos qué químicos hay allí adentro; todo eso está en llamas y entra en los pulmones”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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