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Columna de Adictos y adicciones: Vivir con un adicto

Archivo. EFE

Al inicio de su relación, Maricela acompañó a Octavio en su adicción, “Yo vengo de una familia, donde el alcohol es el menor de los males y las drogas son mal vistas, pero toleradas. En aquellos años, todo era nuevo para mí, tomar alcohol y consumir drogas de manera recreativa me parecía excitante”.

Cuando Maricela quedó embarazada de su primer hijo, su vida cambió. Por recomendación médica dejó de consumir todo tipo de sustancias. A medida que avanzaba el embarazo, ciertos olores le causaban vómito y malestar: “No soportaba el olor a cigarro y mi marido llegaba oliendo a tabaco, alcohol y cristal. Por las mañanas su cuerpo despedía un olor tan nauseabundo que me provocaba asco y preocupación. Al lado de ese hombre, ni mi hijo ni yo teníamos futuro, se me cayó la venda de los ojos, no lo dejé de querer, pero mi corazón se llenó de dudas y pude comprender que la relación estaba condenada al fracaso; Octavio era un hombre de treinta y tres años, pero se comportaba como un adolescente”.

Estimado lector, querida lectora, como tal vez usted sepa, toda adicción está considerada como un trastorno de la personalidad, la adicción a las drogas, por ejemplo, desarrolla en la mayoría de los casos, una dependencia física a la sustancia, además de un trastorno conocido como: trastorno obsesivo compulsivo.

Como es de imaginar, la vida de Maricela y Octavio se convirtió en un campo de batalla, con palabras hirientes, mentiras y manipulación. Pero antes de llegar a ese punto, Maricela trató por todos los medios de ayudarlo, probó con cariño, con atenciones, consejeros y doctores, pero nada funcionaba. Cuando Octavio perdió el empleo, ella se puso a trabajar y dejó a su hijo al cuidado de su padre. Fue en ese tiempo cuando las batallas empezaron; Octavio se la pasaba drogado y recibiendo amigos mientras Maricela trabajaba, al llegar, encontraba su casa echa un desastre y su hijo con evidentes señales de descuido.

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La familia de Maricela salió al rescate, su madre se ofreció a cuidar al niño para que Octavio se fuera a trabajar, pero lejos de ayudar a la relación, las cosas empeoraron. Octavio se fue por el camino fácil y empezó a vender droga, con la ilusión de ganar mucho dinero y mantener su adicción.

Ante la situación, Maricela empezó a considerar seriamente la separación, aunque se moría de miedo. “En mi cabecita loca había construido un castillo, pensaba que el matrimonio era para toda la vida y simplemente la idea de un divorcio me llenaba de pavor”.

En el interior de Maricela había una batalla, quería por todos los medios rescatar al adicto y ser feliz, pero no era así de fácil, nadie puede cambiar a nadie, es verdad que la pareja o las amistades influyen, pero hay que querer para poder cambiar y a Octavio no le daba la gana.

La situación llegó a su límite cuando la policía tocó a su puerta con una orden de arresto buscando a Octavio; aquella experiencia fue traumatizante. Al día siguiente, Maricela inició los trámites de divorcio.

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Fue precisamente por aquellos días que le llegó un mensaje, la persona que menos se hubiera imaginado la invitó a una sesión de Nar Anon. Al principio asistió solo para convivir con otra gente y con aquellos que entendían lo que le estaba pasando, poco a poco fue entendiendo la enfermedad de Octavio, pero sobre todo, empezó a ver su propia enfermedad, ese fue el principio de la recuperación.

Actualmente Octavio está cumpliendo cinco años de cárcel; por su parte, Maricela sigue con su vida, no ha dejado de querer a su esposo, pero tiene claro que si él no cambia, no habrá reconciliación.

Como sabemos, para mantener una relación no basta el amor, hace falta compromiso, y aunque la separación puede ser dolorosa, a veces es la única solución.

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Espero de todo corazón que Maricela y Octavio logren encontrar su propio camino. Después de todo, el sol sale para todos.

Escríbame, su testimonio puede ayudar a otros. Todos los nombres han sido cambiados. cadepbc@gmail.com


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