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Columna: Quiere la casa, así que le escribe al dueño una carta de amor. Pero la práctica está bajo fuego

"Home for sale" sign
Los compradores potenciales han estado escribiendo cartas a los vendedores de viviendas en el súper competitivo mercado inmobiliario durante años. Pero la práctica tiene sus críticos y está prohibida en Oregón.
(Gerry Broome / Associated Press)

Es la casa perfecta en el vecindario correcto, por lo que la competencia es dura, pero cree que es absolutamente necesario que la obtenga.

Entonces, ¿qué hace?

Usted hace su oferta, ofreciendo más que el precio de lista porque así de loco puede ser el mercado inmobiliario de California en muchos vecindarios, y luego se sienta para escribir una carta de amor.

“No podemos expresarle cuánto amamos su hogar”, enuncia un manual de escritura de cartas en internet que incluye información sobre Jimmy, de 20 meses, “un niño salvaje, divertido y curioso” al que le encantará el patio trasero, mientras que, a los felinos de la familia, Bubba y Sr. Gato, “les deleitará disfrutar de toda la luz natural”.

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Esta práctica siempre me ha parecido espeluznante: un concurso de ensayo adulador en el sorteo de la casa de los sueños. Pero ha sido parte del súper competitivo mercado inmobiliario durante años. Total transparencia: Cuando mi esposa y yo vendimos nuestra casa en Silver Lake hace cinco años, tres postores nos escribieron cartas y se nos aconsejó que escribiéramos una carta cuando hiciéramos una oferta por otra casa.

Últimamente, sin embargo, las cartas de amor están generando su propio correo de odio. Están siendo atacadas por aquellos que sostienen que hay una tentación, por parte de los compradores, de presentarse a sí mismos como similares a los vendedores y que probablemente perpetúen sus valores y sensibilidades.

Oregón, de hecho, prohibió recientemente este tipo de cartas por ser consideradas como una herramienta potencial de discriminación. La legislación allí ordena al agente de un vendedor de vivienda que “rechace la comunicación” de un comprador que pueda llevar a un propietario a basar una decisión en la “raza, color, religión, sexo, orientación sexual, origen nacional, estado civil o estado familiar” del postor.

Mientras tanto, la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios y la Asociación de California de Agentes Inmobiliarios han publicado pautas para los agentes sobre las formas en que las cartas de amor pueden conducir a violaciones de las leyes federales de vivienda justa.

Esta práctica siempre me ha parecido espeluznante: un concurso de ensayo adulador en el sorteo de la casa de los sueños.

“La carta puede revelar información sobre un comprador que el vendedor no debe considerar al elegir entre las ofertas de la competencia”, señaló el grupo de California, asociación que advirtió que las suposiciones de un propietario sobre un postor podrían contravenir la ley. “Aplicar esas suposiciones (ya sea intencionalmente o no) puede resultar en discriminación ilegal”.

Comencé a buscar cartas de amor después de leer una nota de mis colegas Andrew Khouri y Jack Flemming sobre una explosión en la cantidad de vecindarios de Los Ángeles donde las casas típicas ahora están valoradas en $1 millón o más. La nota citaba a una pareja, Dee Foster y Alec Zopf, quienes escribieron una carta de amor y ganaron la competencia por una casa en Highland Park que atrajo 27 ofertas y 15 contraofertas.

Obtuvieron el lugar por $1.175 millones, $280.000 más que el precio de cotización. Foster, quien había escrito cartas de amor en el pasado cuando hacía ofertas por propiedades de alquiler, comentó que el agente de la pareja les dio una lista de tareas pendientes que incluía escribir una carta que esencialmente explicaba quiénes eran y por qué querían la casa.

“Parecía que era solo una parte del proceso, y que los demás también lo harían, por lo que sería extraño si no lo hiciéramos”, indicó Foster.

En la carta, Foster y Zopf señalaron que habían buscado por todo Los Ángeles y que esta era definitivamente la casa para ellos. Apreciaron el amor que se había puesto en ella y darían más de lo mismo tanto a la propiedad como al vecindario, asimismo, agregaron que esperaban formar una familia en la casa, como lo habían hecho los dueños.

Esta frenética compra de casas es un subproducto de la crisis de vivienda de California y la asombrosa desigualdad de ingresos, en la que millones son excluidos del mercado por completo mientras las personas con grandes salarios luchan por la escasez de propiedades disponibles.

Cuando el mercado es particularmente ajustado, comentó Dave Walsh, presidente de la Asociación de Agentes Inmobiliarios de California, el proceso de licitación “está con esteroides” y las cartas de amor incluyen fotos familiares e incluso videos. Walsh detalló que no hay consenso entre los miles de agentes del estado sobre si se necesita legislación. Pero se aconseja a los agentes que informen a los propietarios que existe la posibilidad de discriminación “en el mercado sobrecalentado de hoy”.

“Estamos aconsejando a los vendedores que miren solo los términos y condiciones de la oferta y no presten atención a los nombres en el contrato”, explicó Walsh. “He visto a gente subir a sus hijos a los juegos de los patios traseros de las propiedades y grabarlos en video”. Luego, agregó Walsh, incluirán el video a la presentación de su carta de amor, señalando: “Están ansiosos por que el pequeño Billy o la pequeña Sally disfruten de este maravilloso patio”.

Por más artificiosos que puedan ser varios de esos intentos, algunos podrían argumentar que los propietarios que construyeron un área de juegos para sus hijos tienen derecho a desear que otro grupo de niños disfrute de las comodidades. Pero en algunos casos, favorecer a personas de ideas afines puede ser una pendiente resbaladiza y, por supuesto, hay una larga historia en California y el resto del país de flagrante discriminación en la vivienda.

También hay formas sutiles, indicó Walsh, en las que se puede explotar el proceso.

“Los compradores pueden revisar una propiedad, notar algo en la pared que es religioso y hacer comentarios en sus ofertas sobre eso al tratar de conectarse con los vendedores”, señaló Walsh.

Eso puede llevar a dudar a los potenciales compradores que perdieron, puntualizó Walsh, quienes exigen saber: “‘¿Por qué no me eligieron a mí? Ofrecimos el mismo precio o más, con mejores condiciones, y usted no me escogió a mí’. Por lo tanto, podría ser el color de la piel, la orientación sexual o el estado familiar de alguien”.

Algunos agentes me comentaron que la práctica ya se está reduciendo. Richard Stanley, un agente durante 34 años, señaló que nunca aconseja a los clientes que escriban una carta y, si insisten, les indica que la mantengan breve y concisa. Pero ha visto algunos casos exagerados.

“He visto a personas mencionar que trabajan en la industria del entretenimiento o en cierto programa”, comentó Stanley, que trabaja con Coldwell Banker en Los Feliz.

Ir demasiado lejos puede resultar contraproducente, enfatizó. Una vez representó a un vendedor sobre el Sunset Strip, cuyos postores incluían a una familia que envió una carta de amor junto con una fotografía enmarcada de sus hijos, con una cinta atada al marco, como si fuera una tarjeta de San Valentín. Cuando el vendedor revisó las ofertas, le preguntó a Stanley: “¿No es terrible cómo usaron a sus hijos?”.

Stanley señaló que nada funciona mejor cuando se hace una oferta por una casa que llegar “alto, rápido y limpio”, es decir, ofrecer una gran cantidad de dinero que está rápidamente sobre la mesa, sin contingencias que retrasarían el cierre del trato.

Pero a veces las cartas de amor marcan la diferencia, aclaró, y eso le molesta, debido al potencial de convertir, lo que debería ser nada más que una transacción comercial, en otra cosa.

“Vivimos en una sociedad multicultural y aunque nosotros, como agentes, no podemos mostrar preferencias, los vendedores pueden no sentir lo mismo y podrían tener posturas ocultas”, señaló Stanley, quien cree que California debería seguir el ejemplo de Oregón en las cartas de amor.

“Creo que deberían prohibirse”.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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