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Columna de adictos y adicciones: Mi experiencia con el cristal

 paquetes de sustancias con las características propias de las drogas sintéticas conocidas como heroína y crystal.
Fotografía cedida por la Comisión Nacional de Seguridad que muestra los paquetes de sustancias con las características propias de las drogas sintéticas conocidas como heroína y crystal. (EFE/CNS)

“El primer año la pasé muy bien, no lo hacía frecuentemente y trataba de dormir y comer durante la semana. Tres años más tarde, ya estaba separado y en busca de trabajo; hacía puro trabajillo balín, porque en casi todos lados me pedían prueba de detección de drogas.

“Mi ex es una buena mujer, limpia, trabajadora y responsable, ahora lo puedo ver, pero cuando estaba con ella le inventaba cosas, en mis alucines le decía que me engañaba, a veces revisaba debajo de la cama, buscando a un supuesto amante, le hablaba muy feo y, por si fuera poco, le robaba el poco dinero que ella conseguía. Me separé muy resentido, en mi mente, ella era la culpable de todo, si me decía que buscara ayuda, me encendía, las peleas eran continuas y en más de una ocasión nos fuimos a los golpes.

“Durante mucho tiempo le insistí para que consumiera conmigo, lo hizo solo por seguirme la onda, esa fue la peor época, nos desvelábamos juntos y luego yo no quería hacer nada, pero ella tenía que levantarse o seguirse de largo para atender a los niños, hasta que después de un mes decidió parar.

“Las cosas empeoraron cuando ella empezó a trabajar, yo me moría de celos y peleábamos más, hasta que nos separamos y dejé de verla a ella y a mis hijos.

“Pasaba las noches en vela prendido a la pipa, en mis alucinaciones, escuchaba que mi esposa y su amante (imaginario) se burlaban de mí. Estuve a punto de salir a buscarla y matarla, le llamaba por teléfono para insultarla y un montón de cosas, que me da vergüenza relatar.

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“Aunque el cristal era mi droga preferida, también consumía alcohol, tabaco, marihuana, pastillas, en fin, de todo; no consumía más porque mis recursos eran muy limitados y el cristal es la droga más barata.

Estimado lector, querida lectora, como tal vez usted sepa, toda adicción está considerada como un trastorno de la personalidad, la adicción a las drogas, por ejemplo, desarrolla en la mayoría de los casos, una dependencia física a la sustancia, además de un trastorno conocido como: trastorno obsesivo compulsivo.

“Como todo adicto, me fui alejando de la gente que me quiere, dejé de visitar a mis padres con el pretexto de que andaba trabajando o que estaba muy ocupado, a mis hermanos solo los buscaba para pedirles dinero, pero cuando me lo negaban, me resentía con ellos, de Dios ni me acordaba. Cuando andas activo no tienes amigos, por lo menos yo, me juntaba con otros adictos igual a mí.

“Mi esposa e hijos se cambiaron de ciudad para evitar mi escenas de celos y mis arranques de furia. Así viví cinco años más, pasaba las noches en una ‘traila’ abandonada, donde nos juntábamos varios adictos. Ya para entonces escuchaba voces todo el tiempo, tenía episodios de paranoia, aseguraba que me seguían o que había cámaras vigilándome. En ese proceso fui perdiendo varias piezas dentales, físicamente era un desastre, extremadamente delgado, fumando como locomotora y alucinado todo el tiempo, la verdad, no sé cómo estoy vivo, o bueno, si sé: por la misericordia de Dios.

“Mi familia llegó a creer que estaba muerto, porque me dejaron de ver por tres años. Mi rehabilitación llegó de la mano de una desgracia. Uno de mis supuestos amigos murió de sobredosis con fentanilo, ese día yo estaba a punto de engancharme a una nueva droga, pero como no teníamos experiencia, mi ‘compa’ no supo calcular la dosis y se me adelantó, pocos minutos después de haberse inyectado, se fue, murió frente a mis ojos, sin yo poder hacer nada.

“Salí huyendo de ese lugar, lo dejé tirado sobre un colchón viejo con la jeringa aún clavada en su antebrazo. Esa fue la primera vez que me acordé de Dios, la verdad, me dio miedo.

“Temeroso de que me echaran la culpa por la muerte de mi ‘compa’, tomé una de las mejores decisiones de mi vida: me fui a internar a un centro de rehabilitación, mi idea no era dejar las drogas, yo lo que quería era esconderme, pero Dios me tenía reservada una sorpresa.

“En el centro, empecé a recuperar mi aspecto físico y poco a poco las voces se fueron alejando, aunque aún hoy, después de tantos años, de vez en cuando las vuelvo a escuchar. A veces la gente me dice: échale ganas, pero no son solo ganas, todo adicto como yo necesita ayuda, pero para mi buena suerte, caí en una casa de vida, donde volví a ser yo.

“Mi ex se volvió a casar, tiene dos hijos de su nueva relación; mis hijos me ven de vez en cuando, pero como no estuve para ellos en su infancia, soy algo así como un pariente lejano. Me tratan amablemente, pero con distancia, aunque me duele, los entiendo, les hice mucho daño.

“Actualmente tengo un trabajo, asisto todos los días a un grupo de doce pasos y estoy muy pegado a mi iglesia, tal vez te parezca aburrida mi vida, pero te aseguro que me siento tranquilo y feliz.

“Si tu andas activo, te invito a que te veas en este espejo, no te aseguro que tengas tanta suerte como yo, por lo general, la adicción solo tiene tres caminos: hospital, cárcel o muerte, y mientras eso llega, te garantizo una vida miserable. Solo por hoy”.

Quiero agradecer el testimonio y la confianza de Armando, desde aquí le envío bendiciones a él y a su nueva pareja, que Dios los llene de dicha.

Escríbame, su testimonio puede ayudar a otros. Todos los nombres han sido cambiados.

cadepbc@gmail.com


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