Desde que trabajaba en los campos agrícolas de Arizona y California Olivia Zepeda siempre soñó en grande

Olivia Zepeda conversa con un residente de San Luis, Arizona,
Olivia Zepeda conversa con un residente de San Luis, Arizona, durante un recorrido de su campaña para conseguir la superintendencia de Educación del condado de Yuma.
(Alejandro Maciel)
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Con el deseo de mejorar la calidad de la enseñanza, Zepeda podría convertirse en la primera mujer latina superintendente de Educación del condado de Yuma, Arizona

“Que tengas suerte” es la frase que con más frecuencia escucha Olivia Zepeda mientras recorre las calles del condado de Yuma, en el estado de Arizona, justo en la frontera con México. Ella es la primera mujer hispana que lanza su candidatura para el puesto de superintendente de Educación del condado y no es precisamente suerte lo que ella necesita. Lo que Zepeda requiere es movilizar a un segmento de votantes latinos que tradicionalmente votan de manera escasa en las elecciones intermedias.

“Si logro que los latinos de San Luis y Somerton voten, tengo muchas probabilidades de ganar”, dice convencida en una reunión de apoyo hasta donde acudieron simpatizantes y un pequeño pero eficaz ejército de promotores del voto, que van de casa en casa invitando a que la gente vote y que conozca a la candidata.

Olivia Zepeda prepara el material de campaña que entregaran durante su recorrido por las calles de San Luis, Arizona.
(Alejandro Maciel)

En realidad, Zepeda no necesita muchas presentaciones. A lo largo de 45 años ha ejercido su vocación de maestra en las aulas, y ha conocido de primera mano a generaciones de residentes de ese condado. En una semana reciente de septiembre a una temperatura de 95 grados con una humedad cercana al 60 por ciento, Zepeda no se desanima por el calor. Junto a sus promotores del voto toca puertas, deja información y habla con los vecinos.
“Su cara me parece conocida”, le dice un hombre que le abre la puerta. “¿No trabajaba usted en la escuela Rio Colorado Elementary School?, creo que le dio clases a mi hija”. Ambos se ríen y entonces Zepeda le explica la importancia de que vaya a las urnas en el próximo mes de noviembre. “Cuente con mi voto”, le dice.

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Pero no sólo los salones de clase es lo que conoce Zepeda. Alrededor de 10 años de su carrera como educadora la ejerció fuera de las aulas, como superintendente asociada del condado. Ahí conoció los laberintos administrativos de las escuelas, los presupuestos y las necesidades más apremiantes de los maestros. Pero también conoció la problemática que enfrentan muchos de los 203.881 habitantes de este condado, donde el 65.5 %, de acuerdo con el Censo 2020 son latinos y el ingreso familiar promedio es de $48,790 anuales.
“Nada de esto me es desconocido”, dice con una sonrisa amable esta mujer de 66 años, cuya niñez fue muy parecida a la de muchos de los niños que estudian en esta región.

Siempre hacia adelante

Para alguien que empezó a trabajar a los 4 años, la necesidad es la madre de todos los recursos. Zepeda recuerda el día en que su orgullo le hizo resolver un grave problema. “Tenía 8 años y el maestro me maltrataba mucho y me decía que tenía que llevar un diccionario al día siguiente o no me dejaría entrar al salón. Le pedí a mi mama y me dijo que no tenía dinero, que no podía comprarme el diccionario que costaba 4 pesos”, recuerda Zepeda y se entusiasma. “Entonces le dije a mi mamá que me ayudara a vender palomitas de maíz. Pero sólo teníamos un peso. Entonces mi mamá me compró 10 bolsitas y me hizo las palomitas. Véndelas a 1 peso, me dijo”.

Para su sorpresa las vendió todas, y de ahí dio inicio una actividad que duró un año. “Mi papá me contaba después que, durante ese tiempo, gracias a las palomitas, toda la familia salió adelante”, dice con una profunda satisfacción.

Ese es quizá uno de los mayores talentos que se le han reconocido a esta mujer originaria de San Luis Rio Colorado y madre de 2 hijas: Su capacidad para encontrar soluciones cuando parece que todos los caminos están cerrados.

Olivia Zepeda y Juana Toledo conversan con un vecino de la ciudad de San Luis.
(Alejandro Maciel)
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Como superintendente asociada era requerida para resolver problemas que el propio titular no quería enfrentar. Tiene muchas anécdotas de ese tiempo, como cuando las trabajadoras de la cafetería de una escuela estaban dispuestas a demandar al Distrito por malos tratos y abusos. “Pero las trabajadoras, como me conocían, querían hablar conmigo y con nadie más… al final logré una solución y el distrito evitó una demanda millonaria”.

“Pasan los republicanos en sus camionetas, con las banderas y nos andan siguiendo y grabando, tratan de asustarnos, pero no van a poder. Les da miedo perder, pero no nos asustan”.

— Juana Toledo, promotora voluntaria del voto

Pero tal vez su reto más duro fue cuando un estudiante falleció dentro de una de las escuelas a causa de una portería mal anclada que cayó sobre el niño y murió. “Es lo peor que me ha tocado vivir, porque conozco de primera mano el sufrimiento de los padres e igual que en muchas otras ocasiones, fui yo la encargada de enfrentar las cosas”.

En ese momento de crisis, mostró de qué estaba hecha y porque confiaban en ella. Movilizó los recursos, dispuso salones para auxiliar a padres, alumnos y maestros, llamó a consejeros, organizó juntas y logró negociar con los padres de familia que se encontraban enfurecidos por lo que ocurrió. “Al final pude decirles que, en su situación, estaría tan molestos como ellos, pero les reafirmó que las escuelas eran seguras y que harían todo lo necesario para mejorar la seguridad de los estudiantes”.

En las calles del condado de Yuma, Arizona, hay una gran efervescencia electoral
En las calles del condado de Yuma, Arizona, hay una gran efervescencia electoral, donde los candidatos latinos dominan el panorama.
(Alejandro Maciel)

¿Por qué nunca ocupó el puesto de superintendente escolar del condado, le pregunto?

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“Porque siempre me pusieron obstáculos, y preferí retirarme del puesto para tomar la dirección de una escuela”, me responde.

Pero para una persona como Zepeda, que está acostumbrada a enfrentar los retos y superarse, la idea de ser superintendente escolar del condado nunca desapareció del todo.

“El condado de Yuma ha sido mi hogar durante más de 50 años. Mi experiencia es en el desarrollo del currículo, instrucción, gestión de presupuesto, relaciones humanas y liderazgo educativo. Las cualidades que voy a aportar al condado como superintendente escolar serán la consistencia, la dedicación, la fiabilidad y la innovación”, dice convencida. “Me he preparado toda mi vida para este momento”.

Forjada en el campo

Olivia Zepeda, (primera de la derecha) en su adolescencia, en una jornada de trabajo en California.
(Archivo Olivia Zepeda)

Zepeda vive junto a su esposo en Yuma. Su casa está rodeada de extensas zonas agrícolas. Mientras conduce su esposo, ella va identificado los sembradíos. “Ese que está ahí es lechuga, aquellos árboles pronto van a estar dando naranjas y limones”. Zepeda se entusiasma cuando habla de la forma en que se cultivan los dátiles. “Es una máquina que tiene una rueda que gira en la que se colocan varios trabajadores que van cortando los dátiles que ya se encuentran en las bolsas”. Su esposo, Manuel Zepeda asiente con la cabeza.

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En realidad, ella siempre ha estado rodeada de los campos de cultivo. Y cuando ha tenido necesidad, ha vuelto a ellos.

Manuel Zepeda repara uno de los carteles de su esposa Olivia.
(Alejandro Maciel)

“Mi papá era bracero y viajábamos con él siguiendo las cosechas. Nos íbamos cerca de Modesto, California y cuando teníamos suerte, dormíamos en una casita que nos proporcionaba el mayordomo, pero cuando no había suerte, nos instalábamos bajo los árboles”.

De esos años difíciles viene una fuerza interior que es imposible no ver. A pesar de su rostro dulce, tiene una energía y una voluntad inquebrantable para que sucedan las cosas.

“Recuerdo mucho a mi madre que a pesar de las carencias y de no tener nada, nunca perdía el optimismo. La recuerdo acomodando la casita de madera que nos daban en algunos campos. La recuerdo cocinando, y los olores de los platillos que elaboraba con toda dedicación para que mi papá, mi hermana y yo comiéramos”.

Y digo que recuerda los olores, porque ella perdió el olfato a la edad de 11 años, cuando un día, mientras trabajaba en la cosecha de higo en Planada, California, pasó una avioneta y los roció con insecticida. “Desde entonces no tengo el sentido del olfato, pero tengo los recuerdos de cómo huelen las cosas”.

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“Mi papá me contaba después que, durante ese tiempo, gracias a las palomitas, toda la familia salió adelante”

— Olivia Zepeda

Para una niña migrante que iba y venía entre California y Arizona, las perspectivas de una educación formal eran prácticamente nulas, y lo que se esperaba de ella era que terminara sus estudios de secundaria y de ahí fuera a trabajar a una tienda. Esa era la aspiración de su padre, que lo veía como una forma de salir de la pobreza y escapar del extenuante trabajo agrícola.

Pero eso no estaba en sus planes.

A lo largo de su infancia, Zepeda recuerda que todos los días libres que tenía, días festivos, fines de semana o vacaciones, los utilizaba para trabajar junto a su papá. “No me duelen esos recuerdos, al contrario, los valoro mucho porque sé que eso me formó como la mujer fuerte que ahora soy”.

Y sin duda para esta competencia electoral, va a necesitar toda su fuerza. Su oponente, el republicano Tom Hurt le ganó por poco más de 3.000 votos en las elecciones primarias del pasado mes de agosto.

“No son tantos votos”, le digo optimista.

“Aquí si son muchos votos, pero eso no me detiene. Sabemos que si logramos que los latinos voten, podemos ganar”.

Tácticas intimidatorias

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Este es el "ejército" de promotores del voto que apoyan la campana de Olivia Zepeda.

Pero convencer a los latinos que voten no es su único reto. En las últimas semanas, su ejército de promotores del voto ha sentido el acoso de grupos de republicanos que los persiguen y los graban con cámaras de video. “Me da mucho miedo, es gente que se muestra muy enojada”, dice Eloísa (pidió que no se utilizara su nombre por razones de seguridad). “Quieren que la gente no salga, que no vote, quieren que nada cambie”, dice mientras se acomoda la mascarilla para que no se vea su cara.

Juana Toledo tiene 77 años. Y desde 1985 trabaja como voluntaria convenciendo a la gente para que se inscriba y salga a votar. “Yo se dónde están los votos”, dice mientras camina acalorada por una de las calles de San Luis. “Si, nos persiguen, nos graban, nos dicen groserías, pero no nos detienen. Lo que pasa es que les da mucho miedo perder, porque saben que nosotros podemos transformar completamente este condado”, dice mientras camina apresurada de una casa a otra.

Junto a Zepeda se encuentra Zahid Plantillas, un joven de 23 años que se encuentra compitiendo para la Mesa Directiva del Distrito Escolar de Gadsden. “Necesitamos empezar a tomar posiciones políticas, ir avanzando desde abajo, para poder resolver los graves problemas académicos de nuestras escuelas”, dice en un impecable español y con una personalidad que demuestra un enorme potencial político.

Tony Reyes, exalcalde de San Luis expresó su apoyo a Olivia Zepeda
Tony Reyes, exalcalde de San Luis expresó su apoyo a Olivia Zepeda y pidió a los promotores del voto que sigan adelante en su labor. “Ustedes serán los que ayuden a cambiar el rostro político del condado”, dijo.

Ellos y otros candidatos que apoyan a Zepeda, forman parte de esa nueva generación de jóvenes latinos, que están convencidos de que es tiempo de participar y hacer que las cosas cambien en este condado que durante la elección del pasado 2 de agosto votó en un 39.56 % en favor de los republicanos contra un 25.29% de los demócratas.

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“Es el tiempo de Olivia”, dice Tony Reyes, expresidente municipal de San Luis, Arizona. “Ella es un lujo de candidato. Ojalá tuviéramos tanta gente así para apoyar”.