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Maradona y el dolor infinito del ‘AD10S’

Hinchas de los equipos rivales River Plate y Boca Juniors se abrazan desconsolados
Hinchas de los equipos rivales River Plate y Boca Juniors se abrazan desconsolados durante el funeral de Diego Armando Maradona.
(EFE)

Si alguien no supiera que detrás de esas vallas negras, en un salón solemne de la Casa Rosada, hay un ataúd tapizado de camisetas de Boca y de Argentina, envuelto en banderas y flores y aplausos y lágrimas, donde descansa el cuerpo de quien fuera el máximo ídolo popular de este país, podría pensar desde afuera que todo esto se trata de un festejo.

Es mediodía y la marea humana que se extiende por más de 20 cuadras no para un solo segundo de cantar y gritar su nombre. Esta vez, el ‘Olé, olé, olé, olé, Diego, Diego’ retumba a la distancia; se escucha como un bramido desde las calles aledañas a la sede de gobierno, donde desde las 6 a.m. de hoy se realiza el funeral público a Maradona. Tal como ocurre en la cancha, pero ahora aquí.

Aficionados se sientan a esperar en los patios de la Casa Rosada,
Aficionados se sientan a esperar en los patios de la Casa Rosada, donde se lleva a cabo un homenaje fúnebre a Diego Armando Maradona.
(Valeria Agis)

Entre los miles y miles de seguidores que esperan, algunos desde anoche, para darle el último adiós a su ídolo, los rostros enmascarados -ese emblema inequívoco de 2020- cuentan una historia de angustia, cansancio, calor y pesadumbre. Muchos lloran, con la mirada perdida. También se preguntan si llegarán, si podrán ingresar a ver el féretro, dada la estricta orden de la familia Maradona de cerrar las puertas esta misma tarde -una decisión que, a estas horas, redunda en incidentes-.

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Nadie, en realidad, puede decir que la muerte de Diego Armando Maradona, ocurrida aquí ayer por la mañana, fue una sorpresa. El exfutbolista había sido intervenido quirúrgicamente a comienzos de mes por un hematoma subdural, y en los últimos años su estado general lucía en evidente deterioro. Pero, de alguna manera, la conmoción general parece inevitable. Hay personas en sillas de ruedas, mujeres embarazadas, niños pequeños, adultos muy mayores. Hay argentinos y hay extranjeros. Gente vestida con pantalones cortos y los colores de su escuadra preferida, y otra más elegante, como recién escapada de alguna oficina de la zona.

El homenaje popular a Diego Armando Maradona en la Casa Rosada de Buenos Aires.
(Valeria Agis)

Sobre una esquina, una bandera reza “Quien no ama a Diego, no ama a su mamá”. Y los cánticos siguen, en un continuo: “El que no salta es un inglés”, “Diego, querido, el pueblo está contigo”. Es un espectáculo, la puesta en escena de una despedida que nadie desea. Así luce este día histórico; triste, pero histórico al fin. Mientras tanto, sobre la explanada de la casa de gobierno el desfile de las ofrendas florales no cesa: del Club Barcelona, del presidente argentino, Alberto Fernández; de ‘La 12’ -tal como se conoce a la hinchada de Boca Juniors-, y hasta del cantante español Alejandro Sanz.

Bocón, altanero, tierno, a veces malhumorado, muchas divertido y casi siempre polémico, el Diego Maradona público no fue solo un gran astro del fútbol; fue un artista, un creador de mundos, un mago que enamoraba. Y en su vida personal fue, por sobre todas las cosas, tan humano como cualquiera. Para sus fans era ‘El Diego’, ‘dios’, ’Diegote’; para sus familiares seguía siendo ‘Pelusa’, ese apodo amoroso que llevaba desde su infancia en Villa Fiorito.

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El 30 de octubre pasado, con motivo de sus 60 años, le dijo al diario argentino Clarín “Me pregunto si la gente me seguirá queriendo”. Aquí está la respuesta, Diego. Es el sí más rotundo que jamás te hayas imaginado.

Los siguientes son testimonios de personas que se acercaron hoy a despedir a su ídolo:

Gonzalo Illesca, 32 años. Policía y profesor de educación física.

“Mi tristeza es gigante. No lo puedo explicar. Ayer apagué el teléfono, la televisión, y me dediqué a llorar. Esto es lo que siento por Maradona, hace muchísimos años. Diego soy yo, es mi tío, mi padre, mi hermano. Y yo hoy no podía hacer otra cosa más que estar acá”.

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Francisco Nuñez, 27 años. Estudiante, chileno.

“Diego es una persona a la cual quiero mucho. No entiendo bien qué, pero siento que le debo algo. Lo quiero mucho, mucho. Es como un familiar. Ayer, apenas me enteré, estuve en shock todo el día. No lo quiero creer. Lo único que espero es que ahora Diego sea feliz. Que esté con sus padres, y que sea feliz. Y nosotros tendremos que hacer como hacía él: gambetear este momento, y seguir para adelante”.

Cristina Ríos, 59 años. Vendedora callejera.

“Estoy acá desde las 6 de la tarde de ayer. Primero fui al Obelisco, y después me acerqué a la Casa Rosada. Estoy acá con la gente, porque Diego es de todos. Diego es un dios. Cuando mi marido me llamó, ayer, para darme la noticia, me negaba a creerlo. Escuché ‘Se murió El Diego’ y, realmente, no lo podía creer”.

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María José Herrera, 34. Antropóloga, chilena.

“Siento mucha pena. Yo nací en 1986, cuando salió campeón Argentina en el Mundial de México. Siempre me dijeron en mi familia que, si yo nacía varón, me iba a llamar Diego, en homenaje a él. Crecí en una casa muy futbolera, en la que Maradona fue siempre venerado. Esta es la muerte del ídolo no solo de Argentina, sino de Latinoamérica. Ayer llamé a mi familia apenas supe la noticia, y todos lloraban. Estamos muy conmovidos”.

Gabriela Pinarolli, 44 años. Empresaria textil.

“Me bajó la presión, no lo podía creer. Se va una parte de nosotros. Los que lo queremos recordamos las alegrías que nos dio, y valoramos solo lo bueno. Los errores se perdonan porque lo amamos tanto. Es parte de la infancia y la adolescencia. Lo vi jugar; fui a Boca a verlo, fui a sus homenajes. Era una figura. Alguien que salió de la nada y triunfó. Y ese es su legado para la gente que necesita fe para salir adelante. Estas flores que le traje no son nada en comparación con todo lo que él nos dio”.

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Charly, 57 años, vendedor ambulante.

“Yo siempre trabajo vendiendo en la calle; hace años. Ayer, cuando supe que El Diego había muerto, me fui a casa y trabajé toda la noche preparando estos barbijos (mascarillas) como un homenaje. Él se merece todo el respeto. Y hoy su gente se lo está demostrando”.

Emilio Cassola, 51 años, profesor de inglés.

“Lo primero que pensé cuando supe la noticia es que era mentira. Estaba dando una clase online a mis estudiantes. Me costó entenderlo; tardé varias horas en comprender. El partido del 86 contra Inglaterra es el mejor recuerdo de mi vida”.

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Oriana, 6 años, estudiante.

“Cuando ayer mi mamá me contó que había muerto Diego, lloré mucho. Ella también lloró. En mi casa todos lo queremos. Yo sé lo importante que era él para mucha gente, y ahora todos lo vamos a extrañar tanto”.

Noelia Solazzi, 42 años, psicóloga. Vecina del barrio de la Boca.

“La primera vez que los vi jugar en Boca a [Claudio] Caniggia y Maradona, fue lo máximo. Ver el dolor de todos hoy me conmovió mucho más todavía. La ‘República de la Boca’ perdió al más grande de todos los tiempos”.

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Germán D’Acosta. 38 años, trabajador jornalero.

“Estoy acá por él. Soy fanático de Diego desde el primer Mundial que vi. Hoy dejé todo para venir al funeral. Soy changarín [peón para tareas menores], y aunque hoy no gane el pan del día, vine a despedir a un ídolo. A pesar de todos los problemas que estamos pasando este año, Diego es Diego y por él hacemos todo. Lo amo. No se lo pude decir personalmente, pero se lo digo ahora: Diego, te amo”.

Romina Romero, 42 años, empleada.

“Me tocó la difícil tarea de llamar ayer a mi esposo para contarle esta noticia. Cuando se lo dije, se quebró en llanto, y yo también. Esto es lo peor que nos podía pasar este año, que tanto hemos sufrido ya. Diego es del pueblo”.

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Austine Ayoola, 45 años, empleado diplomático, nigeriano.

“Cuando llegué a Argentina, hace dos años, lo primero que hice fue comprar una camiseta de Maradona, porque cuando era niño y vivía en Nigeria no me perdía un solo partido si jugaba Diego. Me enamoré de Boca Juniors por Maradona. Simplemente, era un futbolista tan increíble, tan genial, que es difícil no amarlo. El partido de 1986, de cuartos de final contra Inglaterra, es mi favorito de todos los tiempos”.

Valeria Agis es periodista, especializada en artes. Vive en Buenos Aires, Argentina. En Instagram: @valeriaagis.


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