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Deportes

Jacobs es la última de una serie de peleas difíciles para el Canelo

APphoto_Tim Dahlberg Miracle Man Boxing

FILE - In this March 1, 2019, file photo, WBC and WBA middleweight world champion Canelo Alvarez, second from left, and IBF middleweight world champion Daniel Jacobs, second from right, pose with their title belts during a press conference in Mexico City. The moment won’t be too big for Daniel Jacobs, of that he’s certain. Not after going toe-to-toe with the fearsome Gennady Golovkin before dropping a narrow decision. Not after beating cancer that doctors were sure would end his career, if not his life. Canelo Alvarez will just be another obstacle in front of him when they meet Saturday night, May 4 in a middleweight title unification fight. 

(Anthony Vazquez / AP)

A menudo se explica el cómo y el por qué los boxeadores terminaron en el ring como consecuencia de las condiciones económicas en las que nacieron. Este no es un deporte para los ricos. Así que cuando aquí se utilice la palabra “privilegiado”, lo hacemos en sentido relativo.

En el mundo del boxeo, Canelo Álvarez es un privilegiado.

Antes de firmar un contrato de $365 millones con el servicio de transmisión en línea de DAZN, antes de los dos enfrentamientos que definieron su carrera contra Gennady Golovkin, e incluso antes de ganar su primer campeonato mundial, Álvarez ya era considerado un privilegiado.

Desde que era adolescente, hubo poderosos intereses que estaban decididos a convertirlo en una superestrella, en particular el gigante mexicano Televisa, y el boxeador, ahora convertido en promotor, Óscar de la Hoya.

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Lo que distingue a Álvarez de la mayoría de los otros “elegidos” del boxeo es la forma en que aprovechó las ventajas que se le dieron.

Álvarez podría haber usado su poder adquisitivo como una excusa para evitar los peligros relacionados con su trabajo. Podría haber explotado su fama para fabricar un legado basado en la ilusión.

En cambio, Álvarez, de 28 años, no ha evitado los riesgos, muchos de ellos considerados innecesarios por la sabiduría convencional que impulsa ese deporte.

Aceptó la pelea de campeonato de peso mediano contra Daniel Jacobs de este sábado en el T-Mobile Arena.

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“Realmente respeto a Canelo”, dijo Jacobs. “No tenía por qué aceptar esta pelea”.

Jacobs es muy respetado dentro de los círculos del boxeo, pero fuera del cuadrilátero, es un personaje casi anónimo, por lo que representa un alto riesgo y una muy baja recompensa.

Jacobs, de 32 años, es una verdadera amenaza. Jacobs es astuto y cuatro pulgadas más alto que Álvarez. Perdió en una decisión controvertida ante Golovkin, a quien Álvarez derrotó por un estrecho margen en septiembre pasado, en la revancha que había terminado en empate el año anterior.

Arriesgarse de esta manera podría ser una amenaza para una tercera y lucrativa pelea contra Golovkin en septiembre. Pero las apuestas como esta son también lo que hace que los boxeadores sean admirados y Álvarez está decidido a ser admirado, no sólo ahora, sino también en la posteridad.

“Pude haber peleado con alguien más”, dijo Álvarez. “Pero lo que me motiva es hacer historia, dejar un legado”.

Álvarez no es tan versátil como Terence Crawford, tan fascinante como Vasyl Lomachenko o tan fundamentalmente sólido como Mikey García.

Aunque Álvarez no sea tan talentoso como cualquiera de sus contemporáneos mencionados anteriormente, es más exitoso que cualquiera de ellos. El campeón de peso mediano de México tiene el mejor currículum en el boxeo y ni siquiera está cerca de terminar.

Pero no siempre pareció que estaba destinado a este camino.

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Las primeras etapas de su carrera fueron como las de cualquier otra promesa célebre, ya que fue cuidadosamente enfrentado contra una procesión de oponentes que eran demasiado pequeños o demasiado viejos para presentarle una verdadera amenaza.

Su primer campeonato mundial fue un regalo del Consejo Mundial de Boxeo, ya que se le permitió reclamar un título vacante de 154 libras en una victoria sobre Matthew Hatton, el hermano de Ricky Hatton, el popular campeón de 140 libras.

Álvarez no se envolvió de gloria en el primer puñado de defensas de ese campeonato, con sus víctimas incluyendo al exconcursante de reality shows Alfonso Gómez, a un golpeado Shane Mosley y a Josecito López, de menor tamaño.

Álvarez podría haber continuado así. Tenía el respaldo de las cadenas de televisión que querían sacar provecho de sus atractivos rasgos faciales, cabello rojo y piel clara. Le pagaron generosamente.

La única desventaja que tuvo que enfrentar fueron los rumores de que podría ser un fraude.

En lugar de permanecer en un campo seguro, Álvarez desafió a otro campeón de la división de 154 libras, el zurdo Austin Trout.

El escurridizo estilo de Trout no era el adecuado para Álvarez y se mostró en más de 12 rounds, después de las cuales Álvarez salió con una cerrada victoria por decisión.

Álvarez tenía sólo 23 años cuando intentó destronar al campeón libra por libra Floyd Mayweather Jr. y fue avergonzado en una derrota muy dispareja.

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Un año después de perder contra Mayweather, Álvarez se enfrentó a otro astuto oponente de mentalidad defensiva, el zurdo de origen cubano Erislandy Lara. Álvarez obtuvo una controvertida victoria por decisión dividida, que algunos observadores interpretaron como la última señal de su estatus privilegiado dentro del deporte.

Al mismo tiempo, se había enfrentado voluntariamente a un peleador incómodo contra el que nunca nadie se había visto bien; y lo hizo sin un incentivo significativo, ya que no había ningún título en juego.

Sus peleas contra Golovkin produjeron elogios y críticas.

Álvarez fue acusado de retrasar la confrontación para que Golovkin disminuyera aún más con la edad. Algunos decían que había sido el beneficiario por los jueces, ya que se le otorgó un empate y una victoria en dos peleas que podrían haber sido ganadas por cualquiera de los dos boxeadores. Y, entre las dos peleas, reprobó una prueba de antidrogas.

Nada de esto cambió la realidad de que se había enfrentado a un poderoso golpeador como lo es Golovkin. La primera contienda fue una prueba del desarrollo de Álvarez, ya que Canelo parecía ligero de pies cuando intentaba superar a Golovkin.

Para asegurarse de que la revancha no terminara en empate, en el segundo combate Álvarez se convirtió en el agresor, obligando a Golovkin a retirarse.

Independientemente de la exactitud de las decisiones oficiales, la opinión aquí era que Álvarez ganaría la primera pelea y Golovkin la segunda, las dos mega peleas fueron un testimonio del mejoramiento, adaptabilidad y coraje de Álvarez.

Su próxima pelea con Jacobs será otra prueba.


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