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Deportes

Las grandes peleas por un título a menudo están marcadas por días de extraños y alocados eventos

TYSON HOLYFIELD

Mike Tyson bites into the ear of Evander Holyfield in the third round of their WBA Heavyweight match Saturday, June 28, 1997, at the MGM Grand in Las Vegas.

(JACK SMITH / ASSOCIATED PRESS)

El circo ambulante que ocurre durante la semana de una importante pelea de box se ha plantado de nuevo en Las Vegas, despertando los recuerdos de acontecimientos pasados que han hecho de este deporte único en su tipo.

La semana de la pelea, es una mezcla salvaje alimentada por la electricidad que proveen las convenciones nacionales - especialmente las reuniones fuera de horario – y las a veces enloquecidas personalidades y el comportamiento estimulado por la presión de lo que significa el evento.

¿El más loco? Probablemente la noche de 1993 cuando “Fan Man” dejó caer su parapente desde arriba hacia el ring del Caesars Palace donde Evander Holyfield y Riddick Bowe estaban peleando en el séptimo round por el título de peso pesado. En lugar de atender la cortada de Bowe, sus hombres de esquina comenzaron a golpear a James Miller.

¿La más trágica? Tupac Shakur fue asesinado a tiros en las afueras de MGM Grand después de una pelea de Mike Tyson en 1996.

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Muchas otras historias no pueden ser repetidas en un periódico familiar, pero están incrustadas en las mentes de las caras constantes que se encuentran cuando las grandes peleas llegan - los escritores, los promotores, los manejadores y los alocados [aficionados].

Y esas historias siempre logran encontrar un camino en las conversaciones de una semana de duración que en esta ocasión reaparecen con el mexicano Canelo Álvarez preparándose para la pelea de unificación de peso mediano del Cinco de Mayo contra Daniel Jacobs en el T-Mobile Arena.

INTENCIONES PELIGROSAS: El hombre que hizo del mejor de los fines de semana el Cinco de Mayo tuvo que navegar por serias pinceladas con enemigos.

En 2003, Óscar de la Hoya dijo que estaba en una semana de pelea de Fernando Vargas en una calle de dos carriles de Las Vegas cuando un automóvil se le acercó a toda velocidad, con la clara intención de golpearlo.

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“Literalmente tuve que salirme a un lado de la carretera - y lo he tenido que hacer muchas veces cuando los fans tratan de hacerme algo”, dijo De la Hoya, recordando una ocasión en la que un hombre “raro y bañado en sudor” comenzó a mirar a De la Hoya desde lejos y luego apareció justo a su lado en el Caesars Palace.

Mucho menos amenazador fue el momento en El Paso, Texas, cuando el entrenador de De la Hoya, Gil Clancy, notó la avalancha de fanáticas en todas las apariciones del ‘Golden Boy’. En una entrevista de televisión que De la Hoya estaba viendo, le preguntaron a Clancy qué tipo de mujeres le gustaban a De la Hoya, él respondió: “Mujeres grandes, de gran tamaño”.

“No estoy bromeando.... las siguientes dos horas habían como 100 mujeres grandes con sobrepeso que me gritaban, ‘¡Óscar, te amamos!’ Qué gracioso. Gil Clancy, que Dios lo bendiga”.

ESCRITORES PELEANDO: Todos conocemos la seriedad que hay en la rivalidad entre Nueva York y Boston, y en 2004 se extendió a la sala de prensa.

La ocasión fue la defensa del título de peso mediano por parte del campeón Bernard Hopkins contra Robert Allen, esa semana hubo controversia porque Hopkins amenazaba con abandonar Las Vegas en lugar de permitir que el árbitro puertorriqueño Joe Cortez oficiara su pelea.

En una gira promocional con su amado excampeón Félix Trinidad, Hopkins había lanzado la bandera puertorriqueña y le preocupaba que Cortez usara la pelea Allen como retribución - estos son excéntricos pensamientos que invaden la semana de la pelea.

Durante una discusión esa semana, el promotor Bob Arum criticó la postura de Hopkins y el escritor del Boston Globe, Ron Borges, apoyó a Arum, incitando al escritor del New York Times, Michael Katz, a replicar: “Esto suena como un Don King… atacando a un tipo que Don King odia”.

Borges se hartó de Katz, que llevaba un bastón y un collarín, diciéndole: “Necesitas un puñetazo en la cara”, y se abalanzó sobre Katz, haciendo volar su infame boina por los aires mientras los reporteros se apresuraban a detener la pelea y el bastón que empuñaba Katz, cuando tiraron a Arum al suelo.

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Al día siguiente, el escritor Norm Frauenheim, de Arizona Republic, dijo que buscaba calmar a Katz, mencionando que creía que Borges había servido a Estados Unidos en Vietnam.

“¡Con razón perdimos esa... guerra!” contestó Katz.

¿DE QUIÉN ES ESTE OÍDO? El ganador para la personalidad más inestable de la semana de pelea es fácilmente Mike Tyson, que se coronó en 1997 cuando se frustró al caer por segunda vez consecutiva ante Holyfield y decidió morderle la oreja.

En la fecha límite, mientras terminaban de escribir sobre el acto más asqueroso del deporte, Frauenheim y el escritor del Los Angeles Times, Tim Kawakami, fueron abordados por un nervioso empleado de MGM Grand que llevaba una servilleta, abriéndola para revelar una pieza carnosa que él identificó como parte de la oreja perdida de Holyfield.

El empleado se preguntó si había tiempo suficiente para transportar la pieza a los médicos que atendían a Holyfield en el hospital. Frauenheim y Kawakami se encogieron de hombros, Kawakami le preguntó a su compañero, “¿Te imaginas que hiciéramos eso?”.

La leyenda dice que el empleado corrió a un taxi con destino al hospital, pero aparentemente dejo la servilleta con la oreja en el taxi que se perdió para siempre en el Strip, con algo de más valor para Holyfield que su cartera o su teléfono celular.

GUSTAZO PARA LA VISTA: Solo un año después de que el héroe olímpico León Spinks sorprendiera a Muhammad Ali para ganar el título de peso pesado, los pétalos cayeron de su flor.

En la semana de la pelea que precedió a la revancha de Ali en Nueva Orleáns en 1978, Arum bajó en un ascensor a primera hora de la mañana para encontrar a Spinks caído de rodillas, obviamente embriagado de golpes.

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“¡León! ¡La pelea es en dos días!”, le dijo Arum regañándolo.

“Acabo de llegar de la calle”, contestó Spinks, provocando a Arum a rugir de furia.

Así que cuando llegó el momento de un par de peleas en 1979 que llevarían a un combate por el título de peso pesado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), Arum dijo que tenía esperanzas de que Spinks perdiera su semifinal contra el sudafricano Gerrie Coetzee para establecer un combate por el título en Sudáfrica entre Coetzee y John Tate.

Spinks no decepcionó. Con la pelea en Monte Carlo, Arum dijo que enfrentó esa semana con informes de que Spinks había destruido el minibar de su suite y necesitaba un adelanto de $50 mil para pagar la ola de gastos de su esposa.

“Así que pusimos a Spinks en una suite en San Remo, donde acababan de aprobar una ley que permite que las mujeres puedan ir topless en la playa”, dijo Arum. “León no entrenó. Pasó todo el día mirando a las mujeres que pasaban”.

Spinks se precipitó en tres golpes consecutivos por parte de Coetzee y fue derribado tres veces en el primer asalto para poner fin a la pelea, lo que llevó a Arum a organizar la revancha que buscaba, atrayendo a 86,000 aficionados a Sudáfrica, con un raro acuerdo de no permitir restricciones de la segregación racial durante el evento.

¿TODO ESTO POR MÍ? Cuando Arum intentó despertar el interés por lo que sería la épica pelea por el título de peso medio de Marvin Hagler-Thomas Hearns en 1985, en el Caesars Palace, invitó al legendario excampeón Jake LaMotta con fama de “Toro Salvaje”.

LaMotta aceptó con gusto la invitación y decidió hacer un viaje doble gratis a Las Vegas, arregló casarse por octava vez, organizando la ceremonia al otro lado de la calle, en el desaparecido casino-hotel de Barbary Coast, dijo Arum.

“Le pregunté quién era su padrino, y me dijo Sugar Ray Robinson”, el gran héroe de todos los tiempos con el que LaMotta peleó seis veces, incluyendo la famosa “Masacre de San Valentín”.

Después de la boda, LaMotta y su nueva esposa cruzaron la calle de vuelta al hotel de la pelea en el Caesars y vieron una fiesta en la piscina patrocinada por Budweiser que Arum había programado para entretener a los grandes apostadores que habían acudido en masa a Las Vegas para la pelea.

LaMotta asumió erróneamente que era la recepción de su boda, y nadie lo corrigió nunca.

“No sé cuánto tiempo duró ese matrimonio, pero le garantizo que nunca olvidó esa fiesta”, dijo Arum.

LO HE VISTO TODO: El exejecutivo de HBO y promotor veterano Lou DiBella ha estado en el boxeo durante 30 años y ha navegado por una avalancha de dramas.

Él sabe por qué el difunto campeón de los pesos pesados Tommy Morrison perdió su cinturón por nocaut en el primer asalto en 1993. “Mi habitación estaba en el mismo piso que la de Tommy. Durante toda la semana, vi entrar y salir de allí, gente rara a todas horas... pensé, ‘algo raro está pasando’“, dijo DiBella.

Tuvo que lidiar con el gran Arturo Gatti, quien desapareció y fue encontrado en un apartamento con dos strippers. “Maníaco”, resumió DiBella. Escuchó cómo el peso pesado Ike Ibeabuchi estaba sumergido en una angustia mental, diciéndole a su madre que habían espíritus malignos al acecho en la unidad del aire acondicionado del hotel.

“La policía vino en busca de la manutención infantil que aún debía, los hombres fueron arrestados bajo órdenes judiciales... Otro tipo negoció un acuerdo con la mamá del bebé el día de la pelea, y yo entré a un camerino con un peleador en un teléfono celular 30 minutos antes de su pelea porque su novia encontró fotos de otra mujer desnuda en su computadora”, dijo DiBella. “Cuando pasas 30 años en el negocio, entiendes que todo en la tierra sucede en la semana de la pelea. Somos una raza extraña”.


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