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OPINIÓN: Trump y los republicanos tratan de neutralizar los efectos de la pandemia, el desempleo y los reveses judiciales

El presidente Trump insiste en presentar un país completamente alejado de la realidad.
(AP)

La elección presidencial de Estados Unidos, el 3 de noviembre próximo será histórica, nuevamente.

Casi 160 millones de electores acudirán a las urnas para decidir quién será el próximo presidente de esta superpotencia, ahora el país más golpeado del mundo por la pandemia, y que el gobierno del Donald Trump, obsesionado por la economía, ha sido incapaz de manejar adecuadamente.

Trump está desesperado porque su falta de comprensión trajo como consecuencia la explosión de casos en los estados de Florida, Georgia, Mississippi, Alabama, Texas y Arizona, lo que hizo caer la aprobación más alta que había logrado, del 48%, a menos del 37%, según la más reciente encuesta del Pew Center.

Al frente de un país amenazado por el fantasma de la recesión económica, el desempleo, dispendio de recursos en campañas políticas, el presidente y los republicanos tratan de evitar la caída libre en las encuestas, mediante campañas de mentiras y acusaciones falsas contra el ex vicepresidente demócrata Joe Biden.

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Mientras, el presidente Trump continúa cometiendo abusos como su intención de usar la Casa Blanca para pronunciar su “discurso de aceptación”, en un evento inédito e inconcebible, que implica la politización de la sede del poder presidencial de Estados Unidos, luego de su “nominación” secreta, -sin contendientes ni medios informativos o la convención tradicional- en un país que enfrenta una profunda división y confrontación racial.

En ese contexto el presidente Trump acusó al demócrata Joe Biden de tener “una agenda comunista y contra Dios” al tratar de suprimir la religión de Estados Unidos, suprimir la II Enmienda Constitucional, que autoriza la posesión de armas y otras, en un desesperado intento de impedir no solo su derrota en la elección del 3 de noviembre, sino también de senadores y congresistas republicanos ya bien identificados, que han permitido y hecho posibles múltiples violaciones a la Constitución.

Los republicanos y muchos funcionarios de Trump también recurren a todo lo que pueden para triunfar en los comicios, incluyendo campañas de mentiras y desinformación, insistiendo en el uso ilegal del Censo y tratando de reducir distritos Demócratas, mediante la exclusión de la población indocumentada, lo que ya rechazó una vez la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Sin tener la autoridad Constitucional para hacerlo, el presidente Trump menciona incluso, la posibilidad de posponer las elecciones, algo que solo el Congreso puede hacer.

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Trump y la Casa Blanca han demandado a entidades gobernadas por demócratas que han decidido implementar la votación a través del correo, con la intención evitar que continúe propagándose el Coronavirus.

Gobernadores republicanos implementan la exigencia de nuevas formas de identificación para el voto, depuran patrones electorales, reducen casillas e intimidan a votantes, con la presencia de fuerzas federales y de grupos paramilitares de extrema derecha, como los “Proud Boys”, “American Wolf”, “Patriot Payer” “Three Percenter” AltRight, Skin Heads, Neonazis, con lo que hacen temer actos de violencia en todo el país.

Rusia, China e Irán se unen a la elección

Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos, ni republicanos ni demócratas podrían tener la última palabra, luego que agencias de inteligencia de Estados Unidos reportaron la participación de tres potencias externas que podrían “contribuir” al desenlace de la elección, aún encima de la voluntad popular, como ocurrió en 2016, cuando la intervención rusa ayudó a Donald Trump a llegar a la Oficina Oval.

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De acuerdo con un reporte de Inteligencia de Estados Unidos, Rusia prepara una intensa campaña de denigrantes ataques contra Biden, usando personajes de Ucrania y creando falsas organizaciones estadounidenses para expresar apoyo a Trump.

El gobierno chino, encabezado por el presidente Ji Xing pin, del que Trump dice que “es su amigo”, lanzará campañas para impedir la reelección de Trump, según un reporte confidencial del Centro Nacional de Contra-Inteligencia y Seguridad, elaborado por su director, William Evanina y entregado al Comité de Inteligencia del Senado.

El reporte cita también el interés de Irán para interferir en el proceso electoral “a fin de debilitar instituciones democráticas de Estados Unidos y dividir al país”.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, el presidente Trump sigue promoviendo una visión totalmente alejada de la realidad, de un Estados Unidos profundamente dividido y debilitado por el incontenible avance del Covid-19 que mantiene a esta superpotencia a la cabeza de naciones afectadas, al rebasar los 5 millones de personas infectadas y más de 161.000 muertes.

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En su desesperación por frenar su caída libre y recuperar la confianza, Trump ha promovido dos paquetes de estímulo económico con “prestamos perdonables” que distribuyó entre las empresas de su familia, sus socios y las más grandes empresas, y de lo que se niega a informar al Congreso, dejando de lado a negocios medianos y pequeños, hospitales y escuelas que realmente requieren los recursos.

Cada vez son más los republicanos que desaprueban el manejo que el presidente Trump ha hecho de la pandemia.
(Andrew Spear/Getty Images)

Ahora, inició la negociación de un nuevo paquete de estímulo económico, de 4 billones de dólares que incluiría apoyo para escuelas, pero en las que exige mil 750 millones para construir un nuevo edificio del FBI y fondos para el posible retiro de tropas de Alemania.

El paquete incluye ayuda para millones de familias de trabajadores que solo reciben apoyo de 600 dólares a la semana y -sin protección legal alguna- enfrentan la sombra del desalojo de viviendas rentadas mientras resurge el fantasma de una recesión, a causa de la semiparalización de actividades económicas, que Trump insiste en restablecer, a pesar de un alarmante incremento de 59.692 casos de infección y más de 1.000 muertes al día.

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Ante la negativa de los demócratas a incrementar aún más el déficit, que aumentó en casi $10 trillones, incluyendo recursos para la construcción del edificio del FBI en un momento de extrema crisis de salud, crisis económica, excesivo déficit fiscal y la cada día más incontrolable deuda externa, el presidente Trump anunció que “firmará una Orden Ejecutiva para sustituir la acción del Congreso”.

Sin mérito alguno y luego de ser un obstáculo inicialmente, ahora Trump trata de colocarse, con el vicepresidente Mike Pence a la cabeza, en el esfuerzo nacional de las autoridades de Salud, en especial del Dr. Anthony Fauci, asegurando que “ha hecho un gran trabajo” y que “sus acciones han logrado reducir el número de muertes”, lo que es totalmente falso.

Lejos de elaborar una estrategia nacional de coordinación con gobiernos estatales, lanzar campañas de prevención, aumentar las pruebas de detección, escuchar las sugerencias de reconocidos científicos de este país y hablar con honestidad, el presidente los confronta sin base, con mentiras y engaños, y evitó reunirse con ellos durante 2 meses, en un esfuerzo por minimizar el fantasma de una profunda recesión, que -cree, con razón- impedirá su reelección.

El viernes pasado, el pleno de la corte federal de apelaciones del Distrito de Columbia, rechazó masivamente, por 7 a 2 votos, los argumentos de la defensa del presidente Donald Trump, contra el derecho del Congreso de Estados Unidos, para exigir el testimonio del ex asesor presidencial Don McGahn, ante el Comité Judicial.

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“La Constitución da al Congreso responsabilidades de legislar y supervisar al gobierno federal y si es necesario, juzgar al presidente o a funcionarios de la rama Ejecutiva, por lo que es importante que quien tiene información la proporcione” señaló la jueza Judith Rogers.

Ese mismo pleno de la Corte, reconoció que el Congreso tiene el derecho de demandar al presidente Trump, por la desviación de recursos asignados por el Congreso al Pentágono, para la construcción del muro en la frontera con México, violando la autoridad de los legisladores, para asignar recursos, como también establece la Constitución.

Adicionalmente, la magistrada Verna Saunders, de la Suprema Corte de Justicia de New York, rechazó argumentos de la defensa del presidente Trump y respaldó la demanda por difamación de la periodista Jean Carroll, quien acusó al presidente Trump, de haberla violado.

La magistrada allanó el camino para exigir al Presidente Trump que proporcione una prueba de ADN, que será confrontado con el que habría quedado en el vestido que la periodista usaba el día del asalto sexual, lo que podría también impulsar otras 16 demandas de asalto sexual contra el mandatario, entre ellas la de Summer Zervos, ex participante del programa “El Aprendiz”, que conducía Trump.


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