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Presidente de México critica política de ayuda de Estados Unidos horas antes de reunirse con Kamala Harris

Vice President Kamala Harris and Mexican President Andrés Manuel López Obrador hold a virtual meeting together.
La vicepresidenta Kamala Harris habla durante una reunión virtual con el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador el viernes.
(Kent Nishimura / Los Angeles Times)

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, criticó duramente la ayuda de Estados Unidos a un grupo en su país, horas antes de reunirse virtualmente el viernes con la vicepresidenta Kamala Harris, subrayando la dificultad de su misión para obtener su asistencia con asuntos migratorios.

López Obrador destacó el financiamiento de Estados Unidos para un grupo no gubernamental en México que lucha contra la corrupción y critica con frecuencia a su administración, reflejando su campaña más amplia contra las voces de la oposición, incluidos los disidentes políticos y los periodistas.

Sin embargo, el gobierno de Biden confía en grupos humanitarios y anticorrupción independientes, como parte de una estrategia más amplia en México y América Central para reconstruir la sociedad civil y abordar la pobreza y la violencia, que se cree que ayudará a disuadir a los niños y las familias de emprender el peligroso viaje hacia el norte, a través de México y hasta Estados Unidos.

Al criticar la ayuda estadounidense antes de su reunión con Harris, López Obrador se arriesgó a avergonzarla en un momento de alto perfil: su primera reunión, aunque fuera virtual, en su papel de emisaria diplomática del presidente Biden en el tema migratorio, interrumpiendo la estrategia de la administración federal apenas un mes antes de su primer viaje a América Latina, específicamente a México y Guatemala.

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La oficina de Harris no comentó sobre la declaración y si cambiaría su estrategia. Los dos líderes sonrieron e intercambiaron comentarios cordiales durante la apertura de su reunión, y Harris enfatizó los valores compartidos de dignidad, respeto y lazos familiares de sus naciones.

“Esta asociación, creo, no podría ser más importante hoy. Nuestras naciones enfrentan serios desafíos”, indicó Harris, citando la pandemia de COVID-19, sus repercusiones económicas y el reciente aumento de migrantes centroamericanos en la frontera entre Estados Unidos y México.

“Debemos luchar contra la violencia, contra la corrupción y la impunidad”, señaló. Harris explicó que es de mutuo interés para los dos países mejorar las condiciones en Centroamérica y hacer que otras naciones más allá de las Américas se unan al esfuerzo, para que la gente no quiera dejar sus países de origen.

López Obrador fue conciliador en sus declaraciones públicas a Harris. “Tenemos tantas cosas en común”, indicó, “y estamos de acuerdo en cuanto a las políticas que están adoptando en lo que respecta a la migración, y ayudaremos”.

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Señaló que las relaciones entre los dos países habían mejorado mucho desde su reunión más reciente con Biden, cuando era vicepresidente. López Obrador dijo que tenía propuestas específicas pero que “dejaría eso para más tarde”, insinuando quizá que podría hacer comentarios más provocativos cuando los periodistas salieran de la sala.

En un comunicado posterior a la reunión, Harris comentó que los dos países acordaron compartir información para combatir el tráfico de migrantes y la trata de personas, y “reunir a las fuerzas del orden de ambas naciones para desmantelar las redes criminales” mientras se protegen los derechos humanos.

En esa declaración, la vicepresidenta señaló que Estados Unidos está comprometido con proyectos de desarrollo económico en la región que protegen el derecho de los trabajadores a organizar sindicatos, lo que refleja el cambio de énfasis de la administración Trump, que rara vez influyó en los derechos humanos y los problemas laborales en las relaciones diplomáticas.

En un tuit, López Obrador indicó que los dos líderes hablaron “en términos amistosos”. Escribió: “Estamos comprometidos a trabajar juntos para encontrar acciones eficientes, humanas y justas [para enfrentar] el fenómeno de la migración”.

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Anteriormente, en su conferencia de prensa diaria, López Obrador anunció que su gobierno había enviado una nota diplomática de protesta al gobierno de Estados Unidos “pidiendo una explicación” de la ayuda estadounidense que se destina a Mexicanos Contra la Corrupción, un grupo anticorrupción.

“Es lamentable que un grupo opuesto a nuestro gobierno, que se dedicaba a bloquear todas las obras públicas que estábamos realizando, reciba este financiamiento de un gobierno extranjero”, dijo López Obrador.

Trató de retratar la contribución de Estados Unidos como deshonesta. Sin embargo, dicho financiamiento a grupos de la sociedad civil es un aspecto típico del trabajo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

El grupo anticorrupción ha denunciado numerosos proyectos y dificultades en México, incluido el manejo problemático del gobierno de la pandemia de COVID-19 y la construcción, supuestamente de mala calidad, de una línea de metro que colapsó el lunes y mató a más de 20 personas.

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Andrew Selee, presidente del no partidista Instituto de Política Migratoria en Washington, señaló que el líder de México estaba “tratando de distraerse de una crisis doméstica del metro que colapsó, así como de tener algo de influencia en las negociaciones” con Harris.

El desdén de López Obrador por los grupos anticorrupción hace eco de las quejas de los líderes antidemocráticos en Turquía, India y otros lugares, indicó Selee, y agregó: “Es una especie de jugada de los líderes que se sienten incómodos con la sociedad civil”.

La junta de Harris con López Obrador fue la segunda, en dos semanas, con el jefe de un país latinoamericano. Se reunió la semana pasada con el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei, prometiendo $310 millones en ayuda adicional al país, como parte de un esfuerzo mayor para aumentar la asistencia humanitaria y a fin de reconstruir la sociedad civil en los llamados países del Triángulo Norte, que incluyen a Honduras y El Salvador.

Harris anunció el miércoles que visitaría México y Guatemala el 7 y 8 de junio, su primer viaje al extranjero como vicepresidenta y su gesto más significativo desde que Biden la llamó en marzo para supervisar la respuesta diplomática a la afluencia de migrantes centroamericanos en la frontera sur. También habló por teléfono con López Obrador el mes pasado.

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Su tarea, que la administración define como abordar las causas fundamentales de la migración en la región, como la pobreza, la violencia y la corrupción, es su trabajo en solitario de más alto perfil y tiene importantes implicaciones políticas nacionales.

Los republicanos han estado golpeando a la administración por la inmigración, un tema por el cual las cifras en las encuestas sobre Biden son significativamente más débiles que por su manejo de la pandemia y la economía. Cuando Harris visitó Wisconsin el martes para promover la agenda legislativa de la administración, los líderes republicanos en el estado dijeron que debería haber ido a la frontera. Los funcionarios, sin embargo, señalan que eso no es parte del ámbito de la vicepresidenta.

La administración ve la corrupción gubernamental, las pandillas y los cárteles de la droga como los principales obstáculos para reconstruir la sociedad civil, desalentar la migración hacia el norte y distribuir dólares de ayuda humanitaria en Centroamérica, especialmente en El Salvador y Honduras. Cabe destacar que Harris no tiene planes conocidos de reunirse con los líderes de esos dos países.

En un discurso el martes, la vicepresidenta denunció al gobierno de El Salvador, que actuó durante el fin de semana para destituir a cinco jueces de la Corte Constitucional de la nación, una votación vista por los críticos estadounidenses y extranjeros como una muestra de poder por parte del presidente Nayib Bukele.

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“Un poder judicial independiente es fundamental para una democracia sana y una economía fuerte”, señaló Harris en el discurso de la Casa Blanca durante la Conferencia Virtual de Washington sobre las Américas. “En este frente, en todos los frentes, debemos responder”.

Cuando se le preguntó el miércoles sobre esos comentarios, Harris dijo que está “tomando en cuenta los desafíos que han existido durante mucho tiempo, y continúan existiendo, en torno a la corrupción en la región, así como los retos que eso genera en términos de retorno de la inversión”.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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