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‘No vengan a EE.UU’: Las palabras de Kamala Harris a los guatemaltecos suscitan debate y reacciones

Kamala Harris gestures at a lectern in front of U.S. and Mexican flags.
La vicepresidenta Kamala Harris habla el martes en Ciudad de México.
(Kent Nishimura / Los Angeles Times)

Después de cuatro años de medidas drásticas en la frontera, interminables peleas legales y una retórica cargada racialmente por parte del presidente Trump, los defensores de la inmigración tenían la esperanza de que la nueva administración demócrata trajera un enfoque más compasivo y de brazos abiertos hacia la inmigración, particularmente hacia los solicitantes de asilo que huyen de la problemática América Central.

Pero cuando la vicepresidenta Kamala Harris dio un discurso de alto perfil el lunes en Guatemala, en el que dijo a los aspirantes a inmigrantes de Centroamérica que “no vengan” a Estados Unidos, sus palabras provocaron instantáneamente ondas de ira y preocupación entre los grupos de derechos de los inmigrantes.

Un agente de la Patrulla Fronteriza habla con una mujer y su hijo pequeño.
El agente de la Patrulla Fronteriza Jesse Moreno con Kelyn Castro de El Salvador y su hijo José Anderson Castro, de 6 años, que cruzaron ilegalmente la frontera entre Estados Unidos y México y esperan ser subidos a un autobús.
(Gary Coronado / Los Angeles Times)

Muchos usaron las redes sociales condenando la retórica de Harris como “decepcionante” y “sin tono”. Entre las críticas estaba la de la representante Alexandria Ocasio-Cortez (demócrata de Nueva York), que defendió los derechos de los solicitantes de asilo y arremetió contra décadas de política exterior de Estados Unidos por “contribuir a los cambios de regímenes y la desestabilización en América Latina”.

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Entre algunos inmigrantes centroamericanos, la reacción a la dura declaración de Harris fue de sorpresa.

Luz, una solicitante de asilo hondureña que actualmente vive en Nuevo México, dijo que la severa advertencia de Harris probablemente no hará cambiar de opinión a los esperanzados migrantes.

“No la van a escuchar”, dijo Luz, que huyó de un barrio de clase trabajadora en San Pedro Sula, una de las ciudades más violentas del hemisferio, y pidió que no se hiciera pública su identidad completa debido a las amenazas de pandillas contra su vida.

“No es que la gente quiera irse. La gente está desesperada por la pobreza o por la violencia y la corrupción de estos países”.

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Luz, quien es lesbiana, reveló que fue acosada en la escuela y violada en varias ocasiones por miembros de pandillas debido a su identidad sexual.

“Todos tenemos derecho a una vida mejor”, manifestó. “Y, créanme, en Honduras... para gente como yo, no hay posibilidad de tener una buena vida”.

Suyapa Portillo Villeda, profesora asociada de estudios transnacionales chicanos/latinos en el Pitzer College, tuiteó a Harris, calificando sus comentarios de insensibles.

Portillo Villeda dijo que decirles a los migrantes que no vengan no tiene en cuenta la participación histórica del gobierno de Estados Unidos y las corporaciones multinacionales en Centroamérica, que a veces crean dificultades que estimulan las migraciones masivas.

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“Los expertos te dirán que no hay manera de detener la migración humana”, señaló. “No se puede decir simplemente que la gente no venga. Eso no es efectivo”.

Portillo Villeda dijo que fue una elección segura que Harris hiciera los comentarios desde Guatemala. Harris podría haber enfrentado críticas más duras en El Salvador u Honduras, apuntó Portillo Villeda, cuyos presidentes no son tan amigables con la nueva administración estadounidense.

Dijo que las declaraciones de Harris le recordaron el enfoque coercitivo y paternalista de la política exterior del presidente Theodore Roosevelt hacia América Latina.

"¿Cómo te presentas en Guatemala y les dices a los centroamericanos la forma en que deben comportarse?”, destacó.

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La polémica subraya la formidable tarea diplomática que el presidente Biden encomendó a Harris cuando la nombró su máxima responsable de la política de inmigración.

Desde su llegada a la Casa Blanca, la administración Biden se ha esforzado por asegurar a sus partidarios que revisaría gradualmente, y probablemente revertiría, las medidas más duras de Trump, mientras gestionaba un aumento estacional de llegadas a la frontera a principios de este año, incluyendo un gran número de niños no acompañados.

Sin embargo, el mensaje de Harris no estaba dirigido principalmente a sus compañeros demócratas y a los activistas de izquierda, ni estaba destinado a los miles de centroamericanos desesperados que huyen de la pobreza, la violencia, la degradación ecológica y la corrupción, que probablemente lo ignorarán de todos modos, dijo Roberto Suro, un profesor de políticas públicas de la USC que ha estudiado la inmigración durante décadas.

Algunos analistas sugirieron que Harris estaba señalando a los moderados y a otros votantes estadounidenses que la administración tiene la frontera sur bajo control, y contraatacando a los republicanos y a los expertos conservadores que se han puesto a despotricar sobre una “crisis” migratoria en curso.

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“La audiencia para ese mensaje está en Estados Unidos. Gente que ve las llegadas a la frontera como una señal de caos, de pérdida de soberanía o de un sistema roto”, dijo Suro. “Para personas de todo el espectro político que no están contentas con la forma en que EE.UU ha estado manejando la frontera”.

Justo antes de que Biden asumiera el cargo, un número récord de niños migrantes solos, procedentes de Centroamérica comenzó a llegar a Texas y otros estados fronterizos. Muchos de ellos vienen buscando asilo, una modalidad de ingreso al país que ha sido drásticamente restringida en años anteriores.

El aumento de los niños migrantes puso a prueba la capacidad de detenerlos y albergarlos de forma segura, especialmente porque la administración Trump ha desmantelado gran parte de esa infraestructura. Esto llevó a informes de hacinamiento y condiciones miserables.

Esa situación ha dejado una “gran mancha” en los primeros meses de mandato, por lo demás exitosos, para la administración Biden, dijo Louis DeSipio, profesor de ciencias políticas de la UC Irvine.

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Eleanor Acer, directora de protección de refugiados de Human Rights First, calificó el mensaje de la administración como un paso en falso que resulta hipócrita.

“Cuando Estados Unidos alienta a otros países a mantener sus compromisos con los refugiados, pero envía una fuerte señal de que continuará violando sus propias obligaciones en materia de derecho internacional de los refugiados, socava la credibilidad del país”, manifestó.

La visita de Harris a Guatemala en su primer viaje al extranjero como vicepresidenta subrayó la intención declarada de la nueva administración de abordar las “causas fundamentales” de la inmigración, entre ellas la desigualdad social y étnica y el derramamiento de sangre derivado de décadas de guerras y rivalidades.

En la conferencia de prensa del lunes, tras reunirse con el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei, Harris se mostró empática al citar los desastres naturales y el hambre como factores “agudos” que impulsan la inmigración.

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Pero dijo que quería “ser clara con la gente de esta región que está pensando en hacer ese peligroso viaje a la frontera entre México y Estados Unidos. No vengan. No vengan. EE.UU seguirá aplicando nuestras leyes y asegurando nuestra frontera”.

Adoptando un enfoque diplomático diferente, Harris dijo que Estados Unidos enviaría 500.000 vacunas COVID-19 a Guatemala y aportaría 26 millones de dólares para luchar contra la pandemia en ese país.

Lorella Praeli, presidenta de Community Change Action, un grupo progresista con sede en Washington que aboga por los inmigrantes, dijo que Harris había dado la espalda a sus promesas a los inmigrantes. Se mostró decepcionada con Harris, hija de inmigrantes y defensora de la reforma migratoria como senadora por California.

Praeli dijo que le preocupa que el gobierno de Biden haya caído en “la trampa que el GOP les ha tendido”. No está de acuerdo en que Harris se haya expresado mal. Pero cree que el mensaje será contraproducente.

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“El mensaje de ‘no vengas’, en mi opinión, es un cálculo político que han hecho”, consideró. “La inversión en las causas fundamentales no cambia las obligaciones legales y morales de nuestro país con las personas que huyen de la violencia y la persecución y buscan seguridad en nuestras fronteras. No es un quid pro quo”.

En general, según algunos analistas, la postura de Harris sobre la aplicación de la ley de inmigración no difiere notablemente de la de muchas administraciones anteriores.

“No creo que esto deba ser una sorpresa”, manifestó DeSipio.

En una entrevista en marzo, Biden también dijo a los inmigrantes “no vengan”. Y algunas de sus políticas han ido más allá de esa retórica.

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Lo más significativo en términos políticos es que la administración Biden ha mantenido en vigor la medida pandémica de la era Trump conocida como Título 42, una de las estrategias de inmigración más controvertidas y restrictivas jamás implementadas en la frontera entre Estados Unidos y México.

La política, que se basa en un oscuro estatuto de salud pública de 1944, cerró la frontera a todos los viajes no esenciales y autorizó la expulsión de los solicitantes de asilo sin el debido proceso, haciendo que los niños y los padres migrantes sean presa fácil para los grupos criminales que esperan justo al otro lado.

Los defensores de la inmigración han señalado la continuación del Título 42 como prueba de que, a pesar de su lenguaje menos abrasivo, la Casa Blanca de Biden no ha roto con el enfoque punitivo de Trump.

Pero si ese fue el mensaje que sus críticos tomaron de la visita de Harris a la ciudad de Guatemala, queda por ver si sus palabras finalmente tendrán más peso que las del anterior presidente.

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“Trump dijo ‘no vengan’ de forma muy contundente ‘y si vienen los separaremos de sus hijos’, a pesar de ello, eso sigue sin detener a la gente”, dijo Suro.

“Decir no vengas, no ha funcionado hasta ahora”.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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