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Intensificada por el cambio climático, la megasequía del oeste es la peor en 1.200 años, según un estudio

A row of tree stumps sticks out of parched earth.
Los tocones de árboles se elevan de la tierra reseca en la ciudad fantasma de St. Thomas, Nevada, que quedó sumergida después de la construcción de la presa Hoover en la década de 1930, pero resurgió cuando el nivel del agua en el lago Mead cayó a su punto más bajo en la historia en medio de una megasequía en curso.
(Luis Sinco / Los Angeles Times)

Intensificada por el cambio climático, la megasequía del oeste es la peor en 1.200 años, según un estudio

La sequía extrema que ha asolado el oeste americano durante más de dos décadas ahora se ubica como el período de 22 años más árido en al menos 1.200 años, y los científicos han descubierto que la carencia de humedad se está intensificando debido al calentamiento del planeta por parte de la humanidad.

Los investigadores examinaron las principales sequías en el suroeste de América del Norte desde el año 800 y determinaron que la desecación de la región en lo que va del siglo superó la gravedad de una megasequía a finales del siglo XVI, lo que lo convierte en el lapso de 22 años más seco que se haya registrado. Los autores del estudio también concluyeron que las condiciones áridas probablemente continuarán durante este año y, a juzgar por el pasado, pueden persistir durante años.

Encontraron que la falta de humedad actual no sería tan severa sin el calentamiento global. Estimaron que en 42% es atribuible a las temperaturas más altas causadas por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera. “Los resultados son realmente preocupantes, porque muestran que las condiciones de sequía que enfrentamos ahora son sustancialmente peores debido al cambio climático”, remarcó Park Williams, científico meteorológico de la UCLA y autor principal del estudio. “Pero también hay bastante espacio para que las circunstancias de desecamiento empeoren”.

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Williams y sus colegas compararon la sequía actual con otras siete importantes entre los años 800 y 1500, que duraron entre dos y tres décadas. Para ello utilizaron registros antiguos de estos desecamientos capturados en los anillos de crecimiento de los árboles.

Los núcleos de madera extraídos de miles de árboles permitieron a los científicos reconstruir la humedad del suelo hace siglos. Utilizaron datos de vegetación en alrededor de 1.600 sitios en toda la región, desde Montana hasta California y el norte de México.

El estudio, que se publicó el lunes en la revista Nature Climate Change, se suma a un creciente cuerpo de investigación que muestra que el oeste de Estados Unidos enfrenta grandes desafíos a medida que la quema de combustibles fósiles continúa elevando las temperaturas, lo cual intensifica la tendencia a la sequía.

Williams formó parte de un equipo que publicó un análisis similar en 2020. En ese momento, encontraron que la sequía desde 2000 era la segunda peor después de una muy importante de finales del siglo XVI. Con el calor y la desecación generalizados durante los últimos dos años, la condición actual ha superado esa marca extrema.

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Algunos científicos describen la tendencia en el oeste como “aridificación” y sostienen que la región debe prepararse para que la sequía continúe a medida que las temperaturas siguen subiendo.

Williams remarcó que el oeste es propenso a una variabilidad extrema de períodos secos a lapsos húmedos, como un efecto de sube y baja, pero estos cambios ahora están “superpuestos a una tendencia de sequía grave” con el cambio climático.

“Los dados se inclinaron demasiado hacia lo seco”, afirmó.

La temperatura promedio en el suroeste de América del Norte desde el año 2000 ha sido de 1.6 grados Fahrenheit más cálida que la media durante las cinco décadas anteriores, comentaron los investigadores. Las condiciones climáticas más altas agravaron la sequía al aumentar la evaporación, secar los suelos y dejar que fluya menos agua en los arroyos y ríos.

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Los climas más elevados hacen que la atmósfera tenga más sed, desecando el suelo y la vegetación de la misma manera que “las plantas de nuestra casa se secan cuando encendemos el calentador”, explicó Williams.

Asimismo, el caudal del río Colorado durante los años hidrográficos de 2020 y 2021 se redujo al promedio más bajo para un bienio en más de un siglo de historial.

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El río suministra agua en siete estados, desde Wyoming hasta California y el norte de México, pero se ha usado en exceso de forma crónica, y la carencia de humedad agravó los problemas. Durante el año pasado, sus dos embalses más grandes, los lagos Mead y Powell, descendieron a sus niveles más bajos registrados.

“Necesitamos entender que la cantidad de agua del oeste está cambiando rápidamente bajo nuestros pies”, comentó Williams. “Debemos estar preparados para un futuro mucho más seco y no depender tanto de la esperanza de que cuando vuelva la humedad, podamos regresar a la gestión del líquido habitual”.

Los años cálidos y secos cobraron un precio importante en los suministros de agua y los paisajes de California y el oeste. Los embalses del estado se redujeron durante los últimos dos años. En Utah, el Gran Lago Salado decreció a niveles récord. El calor extremo contribuyó con incendios forestales explosivos. Y en el desierto de Mojave, los científicos atribuyeron las principales disminuciones en las poblaciones de aves a las temperaturas más altas y áridas provocadas por el cambio climático.

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Incluso sin el cambio climático, las últimas dos décadas habrían sido un “período de mala suerte” naturalmente para la región, dijo Williams. Pero fuera de la influencia del aumento de la temperatura, explicó, “esta condición ni siquiera se acercaría a igualar la peor de las megasequías”.

Algunas de las largas sequías incluyeron las de los años 1213 a 1237, y de 1271 a 1300. Durante ese siglo, se cree que los indígenas que vivían y cultivaban en las aldeas de la región de Four Corners abandonaron sus hogares en los acantilados debido a ello.

Los científicos estudiaron datos recopilados durante décadas por cientos de otros investigadores, que extrajeron núcleos de madera perforando árboles de larga vida como abetos de Douglas, pinos piñones, pinos ponderosa y robles azules.

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Descubrieron que la carencia de humedad actual ha incluido dos años, 2002 y 2021, que se encuentran entre los más secos de los últimos 1.200. Y con el aumento en la desecación durante el año pasado, comentó Williams, estos 22 años ya han sido más áridos en promedio que la mayoría de las megasequías más largas.

La sequía de finales de 1500 terminó abruptamente después de 23 años cuando las condiciones húmedas barrieron la región. Pero la desecación actual no muestra signos de disminuir.

Según el sitio web de U.S. Drought Monitor, el 96% del oeste de EE.UU ahora está anormalmente seco o peor, y el 88% de la región está árido.

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Los científicos proyectaron que es muy probable que la sequedad continúe al menos durante este año. Consideraron un escenario futuro hipotético basado en la humedad del suelo durante todos los períodos de 40 años en los últimos 1.200 años y luego superpusieron la misma cantidad de desecación impulsada por el cambio climático que se ha producido en los años recientes. Descubrieron que en el 94% de sus simulaciones, la sequía continuó durante al menos 23 años. Y en el 75% de sus modelos climáticos, duró 30 años.

“Cuando es muy extremo, lleva mucho tiempo volver a llenar el recipiente”, comentó Williams. “Haría falta una suerte excepcional para poner fin a esta desecación en los próximos años. Solo ha habido un par de ejemplos de ese buen augurio en los últimos 1.200 años, según los datos que tenemos”.

Williams fue coautor del estudio con los investigadores Benjamin Cook y Jason Smerdon del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia. Utilizaron 29 modelos climáticos para estimar la influencia de las temperaturas más altas desencadenadas por el cambio climático.

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Cuando analizaron cómo habría evolucionado la sequía sin el cambio climático, descubrieron que la región habría salido de ella durante los años húmedos de 2005 y 2006, y luego habría vuelto a aparecer en 2007, indicó Williams.

Utilizaron un promedio móvil de 10 años para evaluar las tendencias a largo plazo, por lo que un solo año húmedo, como 2019, no fue suficiente para poner fin a la serie de años en su mayoría secos.

En el peor escenario de emisiones, la mitad de los ocho condados del valle tendrán temperaturas máximas medias anuales superiores a los 80 grados en 2100.

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El análisis se centró en toda la región, pero hubo diferencias según la zona. Si bien la falta de agua ha sido más extrema en áreas desde Arizona hasta las Montañas Rocosas, el estudio mostró que gran parte de California experimentó uno de los períodos de 22 años más secos, aunque no el peor.

Williams remarcó que la investigación debería servir como advertencia de que la condición podría empeorar mucho en los próximos años y décadas.

“Las grandes megasequías que ocurrieron el último milenio se presentaron en ausencia del cambio climático”, afirmó Williams. Cuando regresen, ocurrirán “en un mundo donde la atmósfera también es artificialmente más cálida debido las altas temperaturas causadas por la humanidad, lo que sería absolutamente catastrófico”.

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Isla Simpson, científica climática del Centro Nacional de Investigación Atmosférica que no participó en el estudio, cree que los métodos son sólidos y que los hallazgos hacen una contribución importante a la ciencia anterior. “Es realmente útil tener esta actualización, dada la gravedad de los últimos dos años”, expuso.

Según ella, la sequía actual se generó en parte debido a la baja precipitación, pero en realidad es el efecto de las temperaturas más altas lo que la ha empeorado, y es una “señal muy clara del cambio climático”.

“Hemos salido del clima del siglo XX en términos de temperatura, lo cual tendrá un impacto en la evaporación y la humedad del suelo”, destacó Simpson. Todavía habrá cambios naturales de seco a húmedo, agregó, “pero ahora estamos experimentando esta variabilidad dentro de esta aridificación a largo plazo debido al cambio climático antropogénico, que hará que los eventos sean más severos”.

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Williams añadió que la investigación apunta a problemas reales en el uso excesivo crónico de fuentes de agua como el río Colorado, que impulsó el crecimiento de ciudades desde Los Ángeles hasta Phoenix durante el siglo pasado. El agotamiento generalizado de las aguas subterráneas es otro síntoma de la sobreexplotación de las reservas críticas del líquido de la región.

Muchas personas en el oeste pueden no sentir que están viviendo una megasequía, comentó, porque “ahora tenemos todos estos amortiguadores en nuestro sistema, como agua subterránea y grandes embalses, sin embargo, estamos utilizando esos respaldos tan rápidamente en este momento que corremos un riesgo real de que no estén allí para nosotros en 10 o 20 años”, remarcó, “cuando este evento aún no haya terminado, o cuando la próxima aridificación extrema ya ha comenzado”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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