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El qué y porque desde Washington: La Corte Suprema debe tener límites de mandato

El presidente estadounidense Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris aplauden a la jueza Ketanji Brown en un evento
El presidente estadounidense Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris aplauden a la jueza Ketanji Brown en un evento en los jardines de la Casa Blanca para celebrar la confirmación de Jackson como la primera mujer negra en ser nombrada a la Corte Suprema. (AP Foto/Andrew Harnik)
(Andrew Harnik / Associated Press)

La arrogancia judicial es producto de una borrachera de poder absoluto. Nuestros magistrados de la Corte Suprema en Estados Unidos han consumido tanto poder durante tantos años, que hoy tienen la arrogancia de decirnos a los ciudadanos que sus sabias palabras y sus decisiones, son el límite hasta dónde llega cualquier debate.

Es precisamente por esto que hace mucho tiempo más y más gente en este país se está preguntando porque debemos tolerar que en la corte existan ideólogos activistas cuya imparcialidad está a todas luces—ausente.

Porque tolerar que una Corte Suprema con magistrados que actúan más como jueces activistas, decidan parcialmente, sin que haya un solo cuestionamiento a sus decisiones, los aspectos más importantes de nuestras vidas.

Y porque tenerlos sirviendo de por vida interpretando a la Constitución de acuerdo a su muy personal ideología.

El juez Clarence Thomas, recientemente declaró que el poder judicial se ve amenazado si las personas no están dispuestas a "… Vivir con los resultados con los que no estamos de acuerdo”.

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Pero el señor juez Thomas no mencionó que su esposa, Ginny Thomas, una reconocida activista de la derecha estadounidense, no estuvo de acuerdo con el resultado de las últimas elecciones presidenciales. Por lo que abiertamente conspiró para anular los resultados y darle la victoria a Donald Trump, en lugar de al presidente Joe Biden, reconocido por el Colegio Electoral como el presidente legítimo.

Clarence Thomas también declaró recientemente que la corte “… No debería ni estar politizada, ni tampoco ser presionada.” como si toda la composición de la Corte Suprema no hubiera politizado ya el proceso de sucesión de jueces.

Ahora le toca juzgar a usted;

Desde que el Juez Thomas fue juramentado en la Corte Suprema en 1991, hasta el final del periodo en el 2019, ha escrito 693 opiniones. De ellas, 223 han sido de la mayoría conservadora. El juez ha participado en 226 decisiones concurrentes, en 214 disidencias y en 30 opiniones “divididas”. Y, ¿sabe usted cuantas de estas decisiones han sido imparciales? Cero.

En 28 años en la Corte Suprema Clarence Thomas, nunca ha querido ver la vida contemporánea de los estadounidenses desde un punto de vista que no sea el conservador de la derecha.

El Juez Samuel Alito, durante sus 16 años en la Corte Suprema de los EE. UU., se forjó ya una reputación de ser un acérrimo conservador en todo tipo de temas y disputas legales. Alito se opone abiertamente al aborto, pero también a los derechos de personas incluidas en las categorías LGBTQ. El juez apoya la libertad religiosa y el derecho a portar armas, y no se compromete con fallos imparciales en esos temas.

Los escépticos y los opositores expresan su preocupación de que con jueces como Alito, se limiten los derechos de los acusados penalmente con desventajas sociales, y que además se perjudique a los grupos históricamente desfavorecidos, como las mujeres y las minorías raciales. Acomodando indebidamente a quienes ideológicamente concuerdan con el pensamiento conservador. Sin embargo hay que reconocer que a diferencia de Thomas, es más fácil encontrar en la carrera jurídica del Juez Alito, posiciones imparciales.

Eso es importante, porque desafortunadamente en la Corte Suprema de hoy, sabemos de antemano el tipo de decisión que emitirán cada uno de los nueve jueces. Esto se debe a que fueron puestos en estas posiciones a las que servirán de por vida, tomando en cuenta su falta de imparcialidad.

¿Se da usted cuenta del absurdo legal que esto representa?

Todos los nueve magistrados fueron llevado a interpretar los preceptos constitucionales, por su prudencia e imparcialidad jurídica. Sin embargo eso no ocurre, porque cada uno interpreta la Constitución con el prejuicio que le da su inclinación política.

En la costumbre de elegir a los miembros de la Corte Suprema, los presidentes de Estados Unidos a quienes les ha tocado esta tarea han hecho exactamente lo que los padres fundadores de esta nación rechazaban. Han usado estos nombramientos para servirse políticamente complaciendo a las facciones políticas del país que están de acuerdo con esas selecciones. En lugar de nominar a juristas, cuya experiencia y probidad jurídica, garanticen veredictos no parcializados sino justos y de estricta interpretación constitucional

Estamos hoy ante nueve jueces confirmados para ejercer por el resto de sus vidas, con la parcialidad con la que fueron nominados a ese cargo. Por eso, no es ya prudente dejarlos servir de por vida. La Corte Suprema de Estados Unidos necesita tener un límite de tiempo en el servicio de sus jueces, ese periodo no puede ya seguir siendo vitalicio.

Si no hay cambios, seguiremos en el futuro como en este 2022, con una Corte Suprema altamente politizada y polarizada también por líneas partidistas. Esto es altamente peligroso, porque pone todas nuestras libertades al filo de la navaja.

Con una división de 6 contra 3, hemos puesto a las decisiones jurídicas más importantes de la sociedad estadounidense en la dependencia de uno o dos jueces. Sabiendo que la decisión de todos los asuntos importantes de la vida diaria, desde las decisiones médicas personales, y los derechos reproductivos, hasta el respeto al voto, los derechos civiles, la libertad religiosa, el calentamiento global y mil y un temas más.

El problema de los nombramientos vitalicios es que eso pone a los jueces en total libertad de impulsar sus agendas ideológicas personales, y eso se extiende a que lo hagan por décadas. Además, como los jueces Thomas y Alito nos lo recordaron recientemente, los magistrados de la Corte Suprema creen que los ciudadanos, no podemos pedirles cuentas por sus veredictos y sus acciones legales. Aunque estas, estén matizadas con la ideología política individual de cada uno.

La gran cuestión es, ¿cómo crear una corte imparcial para todos los casos que son ventilados ante ella?

La mejor respuesta está, no en obligarlos a ser imparciales, sino en ponerle límites de servicio en la corte. Ese límite no debería ser mayor de diez años.

Los gobiernos contemporáneos ya imponen límites a los miembros de sus máximos tribunales;

· En Australia los jueces de la Corte Alta sirven hasta los 70 años.

· En Canadá los jueces de su Corte Suprema sirven hasta los 75 años

· En Francia los jueces del Consejo Constitucional sirven 9 años

· En Alemania los jueces de La Corte Federal Constitucional sirven 12 años.

Hoy día, los jueces de la Corte Suprema en Estados Unidos sirven en promedio más tiempo que en cualquier otro momento de la historia. Veintiocho años, cada uno puede quedarse en el tribunal hasta que ellos mismos deciden retirarse o mueran.

Otro problema de la tenencia vitalicia actual es que ya pervirtió la forma de cubrir vacantes en el tribunal. Ese proceso es cada vez un circo político.

Las audiencias de confirmación que fueron diseñadas originalmente para medir la probidad y la imparcialidad jurídica de los nominados, es ahora un espectáculo para la televisión, con audiencias públicas ante el comité jurídico del senado, en las que los nominados responden no con honestidad, sino con evasivas y aun con falsedades.

Los partidos políticos lo hacen para obtener el número necesario de votos para que sus jueces sean confirmados por el senado. Ya después en los juicios ante ellos, los magistrados interpretan a la Constitución con veredictos parciales que satisfacen a sus bandos políticos, no al país entero.

Eso a su vez, degenera en que ya no se busque reemplazar a los magistrados que mueren o se retiran con jueces cuya experiencia garantice fallos justos e imparciales, sino con jueces jóvenes activistas y parcializados, que por su edad influirán en nuestra vida diaria durante décadas.

Nada en la constitución dice que los jueces de la Corte Suprema deben servir de por vida. Por todo lo anterior, es tiempo de ponerles límites de mandato.

* Por casi tres décadas el periodista Armando Guzmán se ha ganado el reconocimiento en México y Estados Unidos por su cobertura en Washington. Puede seguirlo en los diferentes medios y plataformas, como radio, televisión, prensa escrita e internet.


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