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El qué y porque desde Washington: ¿Seguirán torturando a los jóvenes soñadores?

El programa DACA cumplió ya 10 años y no se ve para cuando terminará el suplicio de los jóvenes.
El programa DACA cumplió ya 10 años y no se ve para cuando terminará el suplicio de los jóvenes.
(AP)

Esta semana se cumplieron diez años de la existencia del programa federal que le dio vida al movimiento de los dreamers o soñadores.

El 15 de junio del 2012, el presidente Barack Obama creó por orden ejecutiva lo que entonces llamó “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia”. La idea no podía ser más noble, el llamado, “Deferred Action for Childhood Arrivals” (DACA) fue para ayudar directamente a cientos de miles de jóvenes inmigrantes indocumentados, traídos por sus padres a Estados Unidos sin papeles migratorios. La mayoría de ellos creció en Estados Unidos, muchos, sin saber que eran indocumentados.

Imagínese usted la sorpresa de estos niños cuando llegaron a la adolescencia y de repente, se enteraron de que no tenían autorización legal para vivir, crecer, estudiar y trabajar en el país que ellos creían suyo.

Miles de ellos nacieron en México, pero nunca aprendieron español, y México era para ellos tan ajeno como Francia o Australia. Imagínese el golpe de saberse indocumentado y ver la imposibilidad de continuar estudiando, a pesar de sus buenas calificaciones, más allá de High School. Imagínese el golpe de enterarse que, a diferencia de sus jóvenes amigos, ellos no podían obtener licencias de conducir, ni tener acceso a educación universitaria, mucho menos trabajar legalmente.

Por eso en el congreso los empezaron a llamar “Dreamers”, porque su sueño era ser como todos los otros jóvenes. Usted fue joven también… ¿ya se imagina lo que sintieron?

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El 15 de junio del 2022, no fue una ocasión feliz. El senador, Dick Durbin, conversando fuera del capitolio ese día nos dijo… “Este décimo aniversario es una fecha agridulce”. Durbin que fue el principal promotor de los “Dreamers” en el congreso, lo dijo porque aun cuando en estos años cientos de miles de jóvenes han avanzado, el programa aún tiene enormes desafíos legales y muy pocas posibilidades de obtener del congreso una legislación permanente, que termine con el calvario innecesario que viven diariamente, casi dos millones de jóvenes de origen latino.

Cuando el presidente Obama creo DACA estaba tratando de encontrar una solución, después de que la “Ley de Desarrollo, Alivio y Educación para Menores Extranjeros” (DREAM), por sus siglas en inglés fracasara varias veces en el congreso.

Cada caso, una historia distinta y similar a la vez.

Gonzalo González Pérez llegó de Nicaragua cuando era un niño de brazos. Sus padres lo trajeron a Estados Unidos con la intención de quedarse en este país y buscar una nueva vida. Llegaron con visa y se quedaron después de que la visa expiró. Gonzalo creció en Miami, identificado con otros niños de su edad, hijos de inmigrantes, pero identificados ellos mismos como estadounidenses. Esto ocurrió hace 23 años. Mientras marchaba frente al capitolio con otros jóvenes soñadores, el día del aniversario, Gonzalo me dijo, “El dolor de ver como avanzamos tan lentamente, está presente en mi corazón, es algo con lo que tengo que vivir”. Y me lo dijo la mitad en inglés, la otra mitad en un español con un acento ingles muy pronunciado.

Cuando usted ve esto de cerca obviamente uno se pregunta…

¿Que gana el congreso ignorando el dolor de estos jóvenes?

Liliana Bolaños es otra joven soñadora que nació en Michoacán y que vive hoy en el estado de Utah. Liliana quiere ser abogada de inmigración y algún día seguro que lo va a lograr. Esta jovencita es una de las que más abogan por que el congreso de Estados Unidos, no solo le dé a ella la facilidad de regularizar su calidad migratoria, sino que ese beneficio sea para sus padres también. Pero ese programa llamado DAPA, “Deferred Action for Parents of Americans and Lawful Permanent Residents” que era una especie de alivio migratorio para los padres de los “dreamers”, murió hace años.

Y la verdad que es muy difícil que alguien lo reviva, pero los dreamers, soñadores al fin, tienen aún esperanzas de verlo ser algún día realidad.

Liliana me dijo, “Nos llaman soñadores, pero yo creo que los primeros soñadores fueron nuestros padres, y claro que ellos deben recibir la misma consideración que nosotros, ellos lo merecen también”.

Durante estos diez años ha habido portavoces muy importantes de “United we Dream”, la organización creada por los mismos jóvenes soñadores. Lorella Praelii, una de las fundadoras del movimiento me dijo una vez, que “ellos como muchos niños que se ven a sí mismos y a sus familias con todo tipo de desventajas sociales y económicas… aprendieron por sus propias carencias a ser estratégicos. A ver el bosque pero sin perder detalle de los árboles”.

Lorella sobrepasó la edad para permanecer en el programa, que empieza para los jóvenes con 15 años y termina una vez que cumplen 31.

Esos límites de edad han hecho que el programa de DACA se reduzca todos los días, a pesar de los esfuerzos de muchos que tratan de preservarlo.

En el 2017, los números se redujeron de más de 703,000 participantes entonces, a solo 611,270 este año. La razón es que los solicitantes elegibles deben haber residido en los Estados Unidos desde el 15 de junio de 2007, haber llegado antes de cumplir los 16 años y haber pasado las verificaciones de antecedentes. Entre más días pasan, más el tiempo trabaja contra nuestros jóvenes.

Obviamente esto forzó a que miles abandonaran el programa. Felizmente la mayoría logró convertirse en residentes permanentes o ciudadanos naturalizados, debido a matrimonios con estadounidenses.

Los vaivenes políticos de Washington han puesto a los jóvenes que quedan en el programa en un frágil limbo legal. Emanuel González que vive en Miami me dijo, mientras cabildeaba en el congreso con otros jóvenes el 15 de junio, “… Nos han prometido mucho y en diez años, nos han cumplido muy poco”.

Vayamos hacia atrás

En estos diez años, DACA les dio a más de 825.000 sonadores, jóvenes hombres y mujeres, la oportunidad de cambiar sus vidas. Lo hicieron cumpliendo con los requisitos de elegibilidad que les permitían solicitar permisos de trabajo renovables cada dos años, tarjetas de Seguro Social y licencias de conducir.

Pero esto ha sido a tropezones.

El peor ocurrió el 5 de septiembre de 2017, cuando el entonces presidente Donald Trump ordenó el fin de DACA. Eso parecía irreal porque para esta causa había una enorme simpatía nacional incluso de la gente identificada con el partido republicano. La mayoría de los estadounidenses estuvo entonces y está de acuerdo hoy, en que estos jóvenes inmigrantes que no han conocido otro país y otra cultura que Estados Unidos, reciban una legalización.

En el 2017, para el presidente Trump, y para su base más radical, esa legalización representaba una amnistía y esa idea para él y para los ideólogos de la derecha representaba una abominación. Además como conceder en el tema que los republicanos aún hoy, quieren identificar como un tema fallido y antipatriótico de los demócratas.

Cuando en el 2017, el entonces Fiscal General Jeff Sessions anunció que la Administración Trump estaba poniendo fin al programa DACA, afirmó que “el poder ejecutivo, a través de DACA, había buscado deliberadamente hacer algo que el poder legislativo se había negado específicamente a autorizar en múltiples ocasiones. Esa acción, dijo el Fiscal General Sessions, “fue un ejercicio de autoridad inconstitucional por parte del Poder Ejecutivo”.

Estas palabras a la distancia se convertirían en una calamidad constante y justificaría varias demandas legales buscando la eliminación de DACA.

Por eso en enero de 2021, el presidente Biden emitió una orden ejecutiva ordenando a las agencias federales que, “preservaran y fortalecieran el programa”.

Ese mismo año, en julio de 2021, el juez federal de distrito Andrew Hanen en Texas, dictaminó que DACA había sido “implementada ilegalmente” y con eso impidió que pudieran inscribirse nuevos participantes en el programa.

El presidente Biden prometió, en respuesta, que el Departamento de Justicia apelaría la decisión y le pidió al Congreso que garantizara un camino a la ciudadanía estadounidense para los soñadores.

Dos tribunales federales de apelaciones fallaron contra el gobierno de Trump y eso fue lo que permitió que los beneficiarios anteriores de DACA fueran capaces de renovar su acción diferida. Los juicios de apelaciones también consiguieron elevar el caso ante la Corte Suprema que en una decisión inesperada acordó revisar los desafíos legales.

El 18 de junio de 2020, la Corte Suprema basado en una razón técnica legal, bloqueó por 5 contra 4 el intento de la administración Trump de poner fin a DACA en un fallo de 5-4.

Pero “ojo”. la terminación debido a un fallo legal, o incluso a la acción legal de otro presidente continúa siendo una posibilidad.

Hoy mismo mientras llegamos y nos alejamos del décimo aniversario de DACA, la peor amenaza existencial es una demanda federal presentada por los procuradores de varios estados republicanos, que liderados por Texas, siguen argumentando que el presidente Obama, no tenía la autoridad para crear el programa.

La Corte Federal de Apelaciones del Quinto Circuito en Nueva Orleans tiene programada una audiencia para el 6 de julio. Los jueces que revisen este caso deben saber que con todo y tropiezos, de acuerdo con varios juristas, este es el proyecto de inmigración más exitoso en la historia de Estados Unidos.

La pregunta es otra vez… ¿porque seguimos torturando a estos jóvenes?

* Por casi tres décadas el periodista Armando Guzmán se ha ganado el reconocimiento en México y Estados Unidos por su cobertura en Washington. Puede seguirlo en los diferentes medios y plataformas, como radio, televisión, prensa escrita e internet.


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