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El qué y porque desde Washington: Donald Trump, ya nos volvió a dividir

Esta fotografía muestra el recibo de los documentos incautados durante una redada del FBI
Esta fotografía del viernes 12 de agosto de 2022 muestra el recibo de los documentos incautados durante una redada del FBI en la finca Mar-a-Lago del expresidente Donald Trump en Palm Beach, Florida.
(Jon Elswick / Associated Press)

El cateo en casa de Donald Trump en Florida resultó en un resurgimiento inmediato de amenazas de violencia por parte de quienes dicen ser sus seguidores. El gobierno de Estados Unidos las toma todas en serio, porque ya en el pasado demostraron ser ciertas.

Para los seguidores de Trump, las acusaciones y los supuestos posibles cargos por espionaje, obstrucción al proceso judicial y manejo criminal de documentos y récords del gobierno, son cargos inventados. El senador republicano por Kentucky, Rand Paul, acusó al FBI de plantar documentos para crearle a Trump pretextos suficientes, para impedirle ser candidato presidencial en el o2024.

A mucha gente en el país, dividida otra vez por las posturas de los políticos, les parece mentira escuchar que se hable de que el expresidente podría ser acusado de “violaciones a las leyes contra el espionaje”.

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“Aja”, parece ser una reacción común de los no seguidores de Trump. “¿Qué tal si quería venderle secretos a Putin?”

“Aja”, parece ser la reacción de los Trumpistas. “Es el gobierno abusivo otra vez, ¿intentando bloquear a Trump?”

Muchos en los dos bandos se sorprenderían al saber que, esa vieja ley con más de 100 años de existencia puede ser violada con solo retener información del gobierno de manera inapropiada, o, con no devolver esa información al gobierno de los Estados Unidos en forma expedita cuando una acción así es requerida.

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Muchos abogados esperan que Trump intente sacudirse la culpabilidad resultante de mantener esos documentos más allá del tiempo prudente, diciendo que él no sabía que el material clasificado permanecía en Mar-a-Lago, y que la culpa es de los abogados y los empleados a quienes él ordenó devolverlos. Y que, evidentemente, esos empleados le mintieron diciéndole que ya lo habían hecho. No solo eso, en junio, uno de los abogados de Trump firmó una carta en la que manifestaba que no quedaba ya documentación del gobierno en ningún sitio propiedad de Trump, algo que obviamente era mentira.

No sería la primera vez que los empleados de Trump se ven forzados a dar la cara por él. Ni sería tampoco, la primera vez que esos empleados terminan enfrentando la responsabilidad legal de las acciones del expresidente.

Solo pregúnteles a sus exabogados Michael Cohen, John Eastman y Barbara Underwood. Esta última menos conocida que los otros dos, es quien terminó pagando con su reputación, los alegatos surgidos contra Trump sobre varios posibles fraudes de que se acusó a su fundación por las festividades de su toma de posesión.

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Algo más que es importante es que las leyes y estatutos que el Departamento de Justicia nos ha dicho que podrían haber sido violados, necesitan que los fiscales demuestren que hubo una intención de violar esas leyes. En la jurisprudencia de Estados Unidos la intención de violar una ley puede ser la diferencia entre la culpabilidad y la inocencia y eso se aplica a los 3 posibles cargos: espionaje, obstrucción del proceso judicial y manejo ilegal y descuidado de propiedad del gobierno.

La verdad, pregúntele a cualquier abogado, que el gobierno pruebe que Donald Trump tuvo la intención de violar la ley, no solo va a estar complicado, sino totalmente peliagudo, ¿sabe usted por qué?

Porque para eso es necesario que existan testigos de cargo en contra de Trump que puedan probar que el expresidente ordenó no regresar esa documentación al gobierno.

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La mayor prueba en contra del expresidente podría ser si los investigadores y los representantes de los archivos nacionales, que en dos ocasiones se entrevistaron con Trump, sus empleados y abogados en Mar A Lago, tuvieran pruebas de que claramente les advirtieron a todos, incluido el expresidente, que mantener esos materiales constituía una seria violación a las leyes federales, y a las leyes de espionaje.

Algo más que debemos tener en cuenta es que no tenemos aun una imagen muy clara de todos los cargos que el gobierno puede imponer en este caso.

Por eso el congresista, Adam Schiff, demócrata de California y presidente del Comité Selecto de Inteligencia de la Cámara de Representantes, demanda que se haga una evaluación de daños por parte de la comunidad de inteligencia, y se realice una sesión informativa sobre todos los hechos ante el congreso entero”.

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Los republicanos en el mismo comité de inteligencia son más enérgicos y están exigiendo que los investigadores entreguen un informe detallando de las razones para el cateo. El congresista Mike Turner, republicano de Ohio, dice, “una petición bipartidista, en el congreso demanda ya, que le sean mostradas las razones que originaron el cateo y la posterior enumeración de posibles delitos por parte de Trump”.

“…Queremos saber, dice Turner, ¿qué le dijo el Departamento de Justicia al juez que el FBI iba a encontrar; y qué es lo que los agentes encontraron?

Al mismo tiempo, en una demostración pacifica durante el fin de semana, gente local armada se paseó frente a las oficinas del FBI en Phoenix, Arizona – el mismo FBI, sabe que hay gente queriendo subir las cosas a un tono impensable.

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La razón es que los agentes y las corporaciones policiacas del gobierno están recibiendo un número sin precedente de amenazas. Buscando, por ejemplo, la información personal de los empleados del FBI– que participaron en el cateo a Trump.

Obviamente, la imposición de más violaciones a la ley contra Donald Trump será una decisión política y no una decisión jurídica. Las cosas tienen que hacerse con mucho cuidado porque hay seguidores y fanáticos dispuestos a dar la vida por Trump. Y cuidado, porque es así como empiezan las guerras civiles.

Por eso las amenazas de violencia y el aumento de conversaciones en línea, “chatter’ tienen a tanta gente preocupada por todo el país. Hay que considerar que ir más allá con toda esta investigación ciertamente, en este momento parece ser un riesgo innecesario. Los documentos ya fueron devueltos al gobierno.

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La gran pregunta es, ¿que se ganaría y que se perdería con esto último? Póngalo usted en una balanza y se dará cuenta que las pérdidas tienen un peso mayor. Es cierto que Trump se llevó esos documentos sin seguir el proceso debido. Pero ¿es eso tan grave como para arriesgar al país a más divisiones?.

La otra gran pregunta que existe es si Trump se declarara candidato a presidencia otra vez y si lo hará pronto. Me sorprendí de saber que el partido republicano no quiere que lo haga. La razón es que hay 6 distintas investigaciones directamente relacionadas con el y que, si fuera el candidato republicano, el partido tendría que cargar con las enormes cuentas legales que seguramente resultarán por su defensa.

Quienes conocen a Trump de cerca dicen que esa es la motivación más grande que él tiene para buscar la presidencia otra vez. Encontrar quien pague por su defensa legal que seguramente será de muchos millones de dólares.

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¿Se desencantarán los latinos de Trump?

Es difícil anticipar si los millones de latinos que se volvieron fans y seguidores de Donald Trump van a ver lo que ocurre como una manifestación más de que Trump no tomó en serio su presidencia, o si, como sus otros seguidores, lo disculparan por ser en su óptica, víctima de un gobierno demócrata abusivo.

La gente no lleva la cuenta, pero instintivamente sabe que las veintiséis acusaciones de conducta sexual inapropiada, los cientos de demandas civiles y las 6 investigaciones que hay en el país en su contra actualmente, no lo han doblado.

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La gran duda que le queda a mucha gente es porque el Departamento de Justicia espero tanto tiempo para recuperar el material en poder de Trump. Y si, fue esta una decisión basada en la seguridad nacional, o en la política electoral.

Parece mentira, Donald Trump ya nos volvió a dividir.

* Por casi tres décadas el periodista Armando Guzmán se ha ganado el reconocimiento en México y Estados Unidos por su cobertura en Washington. Puede seguirlo en los diferentes medios y plataformas, como radio, televisión, prensa escrita e internet.


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