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EEUU

Los anuncios de televisión para medicamentos recetados ‘son más dañinos que buenos’

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Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Yale encuentra que los anuncios de medicamentos dirigidos al consumidor a menudo violan las reglas federales y son “poco confiables y potencialmente engañosos”. (Chicago Tribune)

(Los Angeles Times)

Existen algunos ejemplos de prácticas médicas en los que ponen las ganancias de la industria por encima de los intereses del paciente, como los alegres comericiales de televisión de 60 segundos sobre prescripción de medicamentos. 

Es una formula tan infalible para la desinformación y la manipulación que casi todos los países desarrollados prohíben su práctica. Solo los Estados Unidos y Nueva Zelanda la aprueban.

Sin embargo, un nuevo estudio concluye que las autoridades estadounidenses adoptan un enfoque poco estricto de estos anuncios en los que muchos de ellos, violan las normas federales y como era de esperar, la calidad de la información presentada es alarmantemente baja.

“Los anuncios no muestran el mejor tratamiento o medicamento disponible”, dijo Joseph Ross, profesor asociado de medicina y salud pública en la Universidad de Yale e investigador principal del estudio.
La preocupación, me dijo, “es que estos anuncios están haciendo más daño que beneficios”.

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No espere que esto cambie pronto. La Administración de Drogas y Alimentos de EE.UU., en contra de las nuevas regulaciones gubernamentales emitidas por el presidente Trump, está considerando aún más opciones para que las compañías farmacéuticas anuncien más medicamentos recetados.

“Esto está permitido debido a una amplia interpretación de los derechos de libertad de expresión”, dijo Ross. “La pregunta es si esta información es precisa y útil, o si estas compañías están optando por la frase que dice ‘fuego’ en una sala de cine abarrotada”.

Casi en todo el mundo desarrollado, incluida la Organización Mundial de la Salud, se inclina por lo segundo.

El principal problema, dicen, es que se trata de problemas médicos complicados, y simplemente no se puede comunicar todo lo que un paciente necesita saber para tomar una decisión informada en menos de un minuto.

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Como resultado, según el estudio de Yale, “la información proporcionada es poco fiable y potencialmente engañosa”.

La industria de medicamentos, sin decirlo, ve las cosas de manera diferente. Se presenta como un amigo para los pacientes, esforzándose ante todo para sanar a los enfermos y salvaguardar al público.

La Pharmaceutical Research and Manufacturers of America, un grupo de esta industria, dice que los anuncios dirigidos al consumidor están “diseñados para proporcionar información científicamente precisa a los pacientes para que estén mejor informados sobre sus opciones de atención médica y tratamiento”.

Dice que dicha mercadotecnia “alienta a los pacientes a visitar las oficinas de sus médicos para conversaciones relevantes entre médicos y pacientes sobre la salud que de otro modo no podrían llevarse a cabo”.

La Asociación Médica Americana pidió la prohibición de tales anuncios en 2015, argumentando que los miles de millones de dólares que las compañías farmacéuticas gastan en mercadotecnia aumentan los precios e “inflan la demanda de medicamentos nuevos y más costosos, incluso cuando estos no son apropiados”.

El estudio de Yale analizó casi 100 anuncios de medicamentos que se transmitieron en Estados Unidos entre enero de 2015 y julio de 2016. Los investigadores encontraron que aproximadamente tres cuartas partes de ellos eran para afecciones crónicas como la artritis y la diabetes, el tipo de enfermedades que garantizan que los consumidores retornarán.

También encontraron que por el tipo de presentadores en los anuncios, la mayoría se dirige a mujeres jóvenes o de mediana edad.
“Ninguno de los comerciales contenía información cuantitativa sobre los riesgos o efectos secundarios”, dicen los autores del estudio, lo que significa que los televidentes absorben un conocimiento incompleto de los peligros potenciales de un medicamento.

No menos preocupante, “el 13% de los anuncios, que son medicamentos para la diabetes, sugerían usos no aprobados para la pérdida de peso y la reducción de la presión arterial”.

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Esto es importante. Según las normas actuales de la FDA, los medicamentos recetados solo se pueden comercializar cuando han sido aprobados, como una píldora para la diabetes que ayuda a controlar el azúcar en la sangre. Los beneficios no verificados, es decir, el uso no aprobado no puede ser parte del discurso para su venta.

Sin embargo, Ross dijo que su equipo vio anuncios de medicamentos para la diabetes tipo 2 diciendo que: “Este medicamento no está indicado para perder peso, sin embargo, hemos encontrado que algunos pacientes pierden peso”.

“Los abogados dicen que esto no promueve explícitamente un uso no aprobado”, me dijo, “pero también se podría decir que sí".

Por supuesto que lo es. La diabetes tipo 2 es la más común entre las personas obesas y con sobrepeso. ¿Como no tendrían interés si un comercial de televisión dice que una píldora podría ayudarlos a perder libras?

Stephanie Caccomo, una portavoz de la FDA, se negó a comentar sobre el estudio de Yale.

Dijo que la agencia está considerando flexibilizar sus reglas sobre los usos de medicamentos no aprobados “como parte de nuestros esfuerzos continuos para proteger y promover mejor la salud pública a la luz de los desarrollos científicos y las consideraciones de la Primera Enmienda”.

Las compañías farmacéuticas gastaron más de $ 6 mil millones en publicidad directa al consumidor en 2017, según la consultora Kantar Media.

Más de 770,000 anuncios de este tipo se emitieron en 2016, el año más reciente en donde se encuentran estadísticas disponibles. Eso representa un aumento del 65% desde 2012.

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Le pregunté a PhRMA, el grupo de esta industria, si tenían alguna reacción al estudio de Yale que señaló que los anuncios de medicamentos dirigidos al consumidor pueden ser engañosos y potencialmente violar las normas federales.

Priscilla VanderVeer, una vocera, respondió citando un estudio de 2003, financiado en parte por compañías farmacéuticas, que señalaba que “no había ningún efecto negativo generalizado como resultado de los anuncios dirigidos a los consumidores”. También citó una encuesta de 2012 realizada por una revista de salud que concluye que los anuncios de medicamentos hacen que muchos consumidores muestren “más interés en su atención médica”.

No es exactamente una refutación de los hallazgos de Yale, pero está bien.

La senadora Claire McCaskill (D-Mo.) relanzó en abril un proyecto de ley para eliminar la deducción fiscal que las compañías farmacéuticas reclaman por sus miles de millones de dólares en gastos de mercadotecnia, una medida a la que los legisladores republicanos se han opuesto sistemáticamente.

Aunque a todas las empresas se les permite deducir “gastos ordinarios y necesarios”, incluida la mercadotecnia, los críticos dicen que no hay nada de esto en los anuncios. Ni siquiera fueron un factor para la industria hasta 1997, cuando la FDA relajó sus pautas publicitarias.

En un informe reciente, la Academia Nacional de Ciencias dijo que las compañías farmacéuticas “gastan mucho más en mercadotecnia y administración que en investigación y desarrollo”. Pidió al Congreso que “rechace la publicidad directa al consumidor de estos medicamentos recetados como un gasto deducible de impuestos para reenfocar las prioridades de los fabricantes.

La mayoría de los estadounidenses cree que los medicamentos recetados no deberían publicitarse en la televisión, según una encuesta de 2016.

Por un lado, estos anuncios son rechazados por médicos, académicos, autoridades sanitarias mundiales, casi todos los demás países desarrollados y la mayoría de los estadounidenses. Por otro lado, están respaldados por compañías farmacéuticas multimillonarias. Así que supongo que estamos atrapados con ellos.

 La columna de David Lazarus aparece los martes y los viernes. También se le puede ver todos los días en KTLA-TV Channel 5 y seguirlo en Twitter @Davidlaz. Envíe sus sugerencias o comentarios a david.lazarus@latimes.com.


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