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EEUU

¿Qué hay detrás de todas esas órdenes ejecutivas que a Trump le encanta firmar?...  No mucho

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El presidente Trump sostiene una orden ejecutiva que firmó sobre la libertad de expresión  en los campus universitarios durante una ceremonia en la Casa Blanca la semana pasada. (Chip Somodevilla / Getty Images)

(Getty Images)

Trump, entregó bolígrafos conmemorativos a su esposa, hija y otras ocho personas que estaban alrededor de su escritorio para luego sostener teatralmente, ante las cámaras, la última orden ejecutiva con su gigantesca firma.

Según sus palabras, había hecho “algo que la gente ha querido que hagan los presidentes durante mucho tiempo”, dijo triunfante Trump a las familias de militares que aplaudían y llenaban la Sala Este de la Casa Blanca. “Ahora nos aseguraremos de que tengan un mejor acceso a empleos federales”.

Sin embargo, 11 meses después, está claro que el documento de cuatro páginas que firmó en mayo no logró tal cosa.

La orden no proporcionó dinero, no creó políticas y no agregó autoridad de contratación. Simplemente requería que los funcionarios federales publicaran avisos en sus sitios web y redactaran informes sobre una orden firmada una década antes por el presidente George W. Bush, que permitía a las agencias renunciar a los requisitos de contratación de los cónyuges de militares en algunas circunstancias.

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Sin embargo, la trascendencia importaba poco. Para un presidente que disfruta de la ostentación y el espectáculo de una acción ejecutiva, no controlados por el Congreso, las ceremonias de su firma se han convertido en un sello distintivo, una forma de transmitir logros para un hombre que afirma haber hecho más que cualquier otro presidente en la historia.

El Times revisó 101 órdenes ejecutivas que Trump ha firmado desde el día de su toma de posesión y entrevistó a expertos, activistas y funcionarios de la administración sobre sus efectos. Muchos estaban orientados hacia sectores favorecidos, incluidos los veteranos, los obreros y los cristianos evangélicos. Pocos cambiaron la política significativamente; En general, las órdenes crearon comités o grupos de trabajo, demandaron informes o presionaron para hacer cumplir las leyes existentes.

Las acciones unilaterales más audaces de Trump, las que han provocado las objeciones más enérgicas a su uso del poder presidencial, no se llevaron a cabo a través de órdenes ejecutivas.

Inicialmente firmó dos órdenes ejecutivas para cumplir su promesa de campaña de prohibir a todos los musulmanes ingresar al país, pero los tribunales la rechazaron. Una tercera versión, revisada para ser aprobada por el tribunal, fue escrita como una proclamación; pero el Tribunal Supremo se mantuvo en su decisión. El reciente esfuerzo de Trump por eludir al Congreso para pagar un muro fronterizo, que ahora es objeto de otra impugnación judicial, se basa en la declaración de emergencia nacional del 15 de febrero.

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Las órdenes ejecutivas del presidente suelen ser más modestas, aunque los estadounidenses no lo sabrían por las ceremonias que organiza la Casa Blanca.

Muchas de ellas buscan que los secretarios del gabinete se pongan en acción, algo que Trump podría lograr fácilmente con una llamada telefónica.

“Realmente no necesita una orden ejecutiva para muchas de estas cosas, pero es un buen espectáculo”, dijo Elaine Kamarck, una veterana de la administración Clinton que es directora del Centro para la Gestión Pública Efectiva en Brookings Institution.

“Incluso reparte bolígrafos, lo que es realmente ridículo”, agregó, y señaló que los presidentes anteriores reservaron esa tradición para firmar leyes trascendentales como la de Derechos Civiles.

Los funcionarios de la Casa Blanca argumentan que las órdenes de Trump enfocan a los líderes de la agencia en sus prioridades y que, en última instancia, algunos han tenido un amplio impacto, incluida la reducción de las regulaciones en todo el gobierno federal y la disponibilidad ampliada de planes de salud más económicos que no ofrecen un conjunto completo de beneficios.

La formalidad de una orden escrita, dicen, puede atraer la atención de todo el gobierno.

La pregunta no es si la pomposidad de Trump “se alinea con el lenguaje legal” en los documentos, dijo la Casa Blanca en una respuesta por escrito a las preguntas sobre ellas. Más bien, según la declaración, es lo que han logrado: "¡Y han hecho mucho!”.

La revisión del Times muestra una imagen diferente. Algunas de las órdenes de Trump han dado lugar a cambios en la política. Muchas otras, sin embargo, han demostrado ser más ceremoniales que sustanciales.

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  • Al menos 18 de las 101 órdenes crearon nuevos grupos de trabajo, consejos o comités. Entre ellos se encontraba un consejo de infraestructura que se disolvió en un mes; los miembros renunciaron en 2017 luego de que Trump criticara a los supremacistas blancos que marcharon en Charlottesville, Virginia. Él emitió dos órdenes relacionadas con sus infundados reclamos de fraude electoral generalizado: uno estableció una comisión, el otro la disolvió tras una crítica bipartidista.
  • Al menos 12 incluyeron lenguaje como “alentar” o “en la medida permitida por la ley”, lo que subraya la falta de autoridad del presidente para hacer un cambio radical sin la ayuda del Congreso.
  • Al menos 15 invirtieron o redujeron las iniciativas de Obama, en particular las órdenes que revocan las regulaciones ambientales. Los hechos para algunas de las acciones más importantes de Trump, incluso cuando demostraron un gran retroceso de las órdenes ejecutivas -un sucesor puede deshacerlas con bastante facilidad- además, los tribunales han bloqueado algunos retrocesos ambientales.
  • Al menos 43 solicitaron informes o revisiones de agencias, incluido uno sobre universidades históricamente negras y otro sobre pautas de ahorro para la jubilación. Unas pocas órdenes en esta categoría llevaron a cambios significativos, como la orden de Trump que reduce considerablemente los monumentos nacionales de Grand Staircase-Escalante y Bears Ears en Utah, que los presidentes Clinton y Obama, respectivamente, habían establecido.
  • Al menos cinco órdenes están relacionadas con miembros de las fuerzas armadas, veteranos y sus familias. Dos solicitan planes y grupos de trabajo sobre la salud mental y el suicidio entre veteranos. Uno estableció una oficina de rendición de cuentas en el Departamento de Asuntos de Veteranos.

Un cuarto pretendía crear un programa de capacitación laboral para que los veteranos ingresen en la Marina Mercante de Estados Unidos, pero duplicó un programa existente de “Military to Mariner”.
“Complementa lo que estamos haciendo”, dijo Amy Midgett, la teniente de la Guardia Costera.

En varios casos, Trump ha afirmado ampliamente el impacto de las órdenes ejecutivas que han demostrado ser falsas. En repetidas ocasiones ha afirmado que en dos de sus órdenes se ha requerido el uso de acero de fabricación estadounidense en tuberías federales. En realidad, simplemente alentaron a las agencias federales a elegir compañías estadounidenses para obtener este producto.

La orden que firmó Trump en el Día de Toma de Posesión, “para aliviar la carga económica” de la ley de salud del Presidente Obama, fue igualmente mellado. Otra más instruyó a los funcionarios federales de educación que siguieran las leyes existentes que respetan la independencia de las juntas locales y estatales.

La orden número 100 de Trump, firmada el pasado jueves en el evento de East Room con la presentación de un cuarteto de cuerdas, dio seguimiento a una promesa, que hizo a principios de mes en una conferencia, que prometió obligar a las universidades a apoyar la libertad de expresión.

Trump la llamó “histórica” e “innovadora”. Los expertos que leyeron el texto dijeron que el impacto final era incierto, dado que las universidades públicas ya deben seguir la 1ª Enmienda y simplemente instruyó a las universidades privadas para que cumplan con sus políticas existentes.

Un funcionario que informó de antemano a los periodistas se esforzó por explicar la orden y cómo la administración la haría cumplir.

Algunas de las órdenes parecían tener propósitos innecesarios. Una reemplazó al “Consejo Rural de la Casa Blanca” con el “Grupo de Trabajo Interinstitucional sobre Agricultura y Prosperidad Rural” y dos pasaron a llamarse equipo de tarea contra el fraude financiero y un consejo sobre aptitud física.

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Otra, una de las cinco relacionadas con el ejército, fue la orden de emplear a esposas de militares donde simplemente prometían un programa que ya era existente. Demostró que, para los beneficiarios, las órdenes ejecutivas pueden ser una bendición mixta: llamar la atención sobre los problemas, pero también, invitar a la complacencia de que se hayan abordado esos problemas.

“Definitivamente hubo mucho entusiasmo sobre la orden, pero lo que personalmente me preocupaba, era el entusiasmo que conducía a una mentalidad de sólo poner una palomita a la casilla de algo que se hizo”, dijo Jennifer Akin, analista de investigación aplicada de Blue Star Families, una organización militar de defensa de la familia.

Akin dijo que la orden atrajo la atención necesaria al tema, pero no abordó obstáculos más grandes, como la falta de opciones para el cuidado de niños para los cónyuges militares.

Otra de los favoritas de Trump son sus órdenes para “comprar productos estadounidenses”.

Después de firmar su primera orden, en abril de 2017, afirmó en los mítines políticos que requeriría que los oleoductos, Keystone XL y Dakota Access, se construyeran con acero estadounidense. No llegó a hacerlo, pues la orden establecía un objetivo amplio y requería que el secretario de Comercio redactara un informe.

Al firmar una segunda orden de este tipo a principios de este año, insistió en realizar una ceremonia en la Casa Blanca, donde la primera, según dijo, había sido para “tener un efecto increíble” en los empleos para los trabajadores del acero, y La segunda orden, para “alentar” a las agencias a utilizar los productos de EE.UU “en la medida en que sean compatibles con la ley”, la cual no ha tenido más impacto que la primera.

“Podría “alentar” a mis hijos a irse a la cama y eso no significa que lo harán”, dijo Scott Paul, presidente de Alliance for American Manufacturing, que representa a los trabajadores y fabricantes de acero. “Es bastante improbable que una declaración produzca empleos reales”.

Paul notó que Trump tiene asesores y funcionarios del gabinete que tienen el antecedente de oponerse a tales requisitos, incluido el jefe de personal interino, Mick Mulvaney, y la secretaria de Transporte, Elaine Chao.

Los expertos dicen que la incapacidad de Trump para abastecer a su administración con funcionarios experimentados puede disminuir el impacto de sus órdenes; se necesitan asesores leales y comprometidos para supervisar los laboriosos procesos de elaboración de normas en las agencias gubernamentales.

“Si quieres que las cosas realmente sucedan, debes tener personas en el departamento que saben lo que están haciendo”, dijo Kamarck.

Trump no es el primer presidente que usa órdenes ejecutivas para intentar pasar por alto al Congreso. Obama, frustrado por la obstrucción de un Congreso controlado por los republicanos en sus últimos años, habló de su deseo de usar una “pluma y teléfono” para evitar al Capitolio. Sin embargo, rara vez realizó ceremonias de firma o hizo los grandes reclamos que Trump ha hecho.

Trump y sus asesores hablan a menudo de su impaciencia con el proceso legislativo, aunque pasó sus primeros dos años en un Congreso dirigido por su propio partido. Después de sus primeros 100 días como presidente, se jactó de que sus órdenes firmadas eran fundamentales para sus “logros históricos”.

En la convención de la American Farm Bureau en Nashville el año pasado, Trump saludó a los “millones de trabajadores estadounidenses, completamente olvidados”, y le dijo a la multitud que había escuchado que el acceso a internet de banda ancha era “una preocupación vital”, tras esto, sacó una pluma para firmar “el primer paso para expandir el acceso a internet de banda ancha en las zonas rurales de Estados Unidos, para que pueda competir en igualdad de condiciones”.

La multitud vitoreó, aunque, una vez más, la orden fue modesta y ordenó a las agencias revisar los procedimientos para colocar torres de telefonía privadas en terrenos públicos.

Christopher Mitchell, director de Community Broadband Networks Initiative, dijo que prácticamente esta orden, no ha tenido impacto para las decenas de millones de estadounidenses que carecen de banda ancha.

“Es lo mismo a tratar de rescatar un crucero con una pinta de agua”, dijo. “Estas órdenes ejecutivas tienen que ver más con aparentar hacer algo que realmente hacerlo”.

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