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EEUU

Una pregunta que persiste en el escándalo de las admisiones universitarias: ¿Por qué?

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Para las familias ricas, asegurar una vacante para sus hijos en una universidad de élite era el máximo símbolo de estatus (Allen J. Schaben / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

El escándalo por las admisiones universitarias vinculó a las actrices ,, así como a un diseñador de moda, abogados, altos ejecutivos y otras familias acaudaladas, con un elaborado plan para pagar altas sumas en pos de garantizar que sus hijos ingresaran a universidades de élite.

William “Rick” Singer, quien dirigía una empresa de admisión a la universidad con fines de lucro en Newport Beach, les prometía a los padres una “entrada alterna” para ingresar a algunas de las escuelas más selectivas del país, según los fiscales. Singer se declaró culpable esta semana, y admitió que fue el autor intelectual de una operación criminal que se remonta al menos a una década.

El hombre orquestó una organización benéfica falsa para canalizar las donaciones de padres ricos a supervisores de exámenes, funcionarios de admisión y entrenadores en UCLA, Yale, USC y otras instituciones principales, alimentando sus propios bolsillos en el proceso, informaron las autoridades.

Según los fiscales federales, los padres pagaban cifras que iban desde decenas de miles hasta millones de dólares para garantizar que sus hijos fueran aceptados en universidades a las que probablemente no estaban calificados para asistir.

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Una de las grandes preguntas es, ¿por qué?

“Hay tanta presión en los estudiantes y los padres sobre las admisiones universitarias”, expuso Robert Franek, editor en jefe de Princeton Review. “La gente está obsesionada por cómo es percibida y por destacar ".

Eso se aplica a todas las familias con estudiantes en edad universitaria. Pero para los ricos, en particular, enviar a un chico a una entidad de élite es “el máximo símbolo de estatus”, remarcó Greg Kaplan, autor de “Earning Admission: Real Strategies for Getting Into Highly Selective Colleges” (Admisiones: estrategias reales para ingresar en colegios altamente selectivos), así como consejero privado y estratega de admisiones, que también trabaja desde Newport Beach.

Las familias ultra ricas pueden gastar millones para poner sus nombres en bibliotecas o hacer donaciones a los jefes de departamento; el tipo de “insinuación” a las autoridades de admisiones, que señala que podría haber más dinero, si un hijo con bajo rendimiento obtuviera un lugar en primer año. El escándalo reavivó los reflectores sobre la promesa monetaria de Charles Kushner de $2.5 millones a Harvard, poco antes de que el futuro marido de la hija del presidente, Jared Kushner, fuera admitido.

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Pero para algunas familias, remarcó Kaplan, eso no es suficiente; quieren que parezca una aceptación legítima basada en el mérito, que muestre lo excelentes que ellos deben haber sido como padres. “Pero, si tu apellido está expuesto en un edificio del campus, no podrías decir que tu hijo logró ser admitido por mérito propio”, expresó.

David Reynaldo, es fundador de la empresa privada de asesoramiento universitario llamada CollegeZoom, con sede en Santa Mónica. Según su experiencia, las personas ricas pueden usar su dinero tratando de compensar las deficiencias en su crianza. “Es posible que un hijo no haya crecido con la misma ética de trabajo o los valores de los padres, que no pueda continuar con un legado como se idealiza. Entonces, lo que los lleva a pagar para que sus hijos tengan éxito es el temor”, explicó Reynaldo. “No quieren que su hijo sea un milenio que se burla de ellos, que vive en el garaje, opacado por sus padres, o que es perezoso porque proviene de una vida de riqueza y privilegios”.

Para algunos padres adinerados, expuso, la universidad es vista “más como un club social”. Quieren que sus hijos vayan a Yale o UCLA porque quieren que estén rodeados de esa gente ambiciosa e inteligente que merece estar en esas instituciones, con la esperanza de que esto contagie a su descendencia.

Hay muchas formas legales de utilizar el dinero para tratar de dar a los hijos una ventaja en el proceso de admisión a la universidad, por ejemplo, clases de preparación para exámenes y tutores. También se puede contratar consejeros de admisiones privados y entrenadores en exámenes, por cientos o miles de dólares. Hay entrenadores deportivos privados para ayudarles a ingresar a los equipos universitarios, además de la participación en deportes costosos, como el lacrosse, el golf o el remo.

Los funcionarios de admisiones examinan las calificaciones y los resultados de las pruebas, así como los ensayos y otras respuestas en las postulaciones, para tratar de descubrir cualidades intangibles: valor, perseverancia, pasión.

Al pasar por alto ese proceso, los padres les niegan a sus hijos la oportunidad de crecer, consideró Jill Margaret Shulman, entrenadora de ensayos universitarios con base en Amherst, Massachusetts, y autora del libro de próxima edición “College Admissions Cracked: Saving Your Kid (and Yourself) from the Madness” (Admisiones universitarias frustradas: cómo salvar a su hijo (y a usted mismo) de la locura). “Les quitaron a estos jóvenes la capacidad de tomar la primera gran decisión en sus jóvenes vidas”, afirmó. “Les quitaron cualquier oportunidad de sentirse bien con ellos mismos al ingresar a la universidad, o de madurar a partir de un rechazo”.

Para muchas personas, no sólo para los ricos, lograr que su hijo ingrese a una buena universidad puede parecer la más importante de las decisiones que se pueden tomar como padre. Para Shulman, algunos “piensan que si pueden lograr que sus hijos ingresen a la universidad adecuada, los catapultarán al éxito y los prepararán para que tengan una buena vida por su cuenta, sin ellos”.

Aunque empatiza con ese impulso, para Shulman el alcance de lo que estos padres hicieron es repulsivo. Más que nada, dijo, se siente mal por los jóvenes: por los que podrían haber ingresado en esas escuelas, pero no lo hicieron, y por aquellos cuyos padres fueron atrapados en este escándalo.

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Los jóvenes de padres adinerados, ahora tienen que lidiar con la vergüenza extremadamente pública de saber que no merecen estar donde están, prosiguió la experta, además de saber, que ni siquiera sus padres creían que ellos podían ingresar por su cuenta. “Los jóvenes ricos también merecen padres que crean en ellos”, remarcó Shulman.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí 


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