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Almodóvar se confiesa ante el lanzamiento en Blu-ray de ‘Dolor y gloria’

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El director Pedro Almodóvar al lado del actor Antonio Banderas, durante una función especial de “Dolor y gloria” en el Teatro Montalbán de Hollywood.
(Ana Venegas/Para el LA Times)

“Dolor y gloria”, que se estrena hoy en formatos de Blu-ray y DVD, es una de las cintas más aclamadas de Pedro Almodóvar y una obra que tiene dos nominaciones importantes para el Oscar (como Mejor Cinta Internacional y como Mejor Actor), lo que resulta de algún modo lógico pero es de todos modos destacable debido a que, por más que se le considera un auténtico maestro del cine, este cineasta español está lejos de ser infalible.

“No estoy contento con todo lo que hecho a lo largo de los años, pero no borraría nada de mi filmografía ni de mi vida”, nos dijo enfáticamente el realizador manchego hace unos días en un hotel de Beverly Hills. “Era necesario equivocarme para ser quien soy; no soy de los que tienen remordimientos y culpas, una sensación tan católica con la que me eduqué como español pero que me quité luego de encima, porque no tiene que ver con mi carácter”.

“Estoy contento de haber cantado en un escenario disfrazado de ama de casa, por ejemplo”, agregó, aludiendo a sus ‘performances’ como parte de un grupo de punk paródico a inicios de los ’80. “Pudo ser algo muy chirriante, pero fue también liberador y divertido. Y ahora no lo hago, claro, porque no tengo la edad para eso”.

¿Pero no sería muy rebelde repetir algo así en este momento?, le insistimos. “Es que en ese momento me apetecía; ahora sería algo forzado, significaría escandalizar por escandalizar”, respondió de inmediato.

En ese sentido, “Dolor y gloria” está lejos de ser una película escandalosa o directamente provocativa, como sí lo fueron en su momento los títulos iniciales del mismo autor. Lo que se muestra ahora es un trabajo maduro y cargado de sutileza que recrea de un modo u otro el estado actual del mismo cineasta, aunque incluya algunos elementos controvertidos que no se relacionan necesariamente con la realidad de su creador.

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De ese modo, Salvador, el protagonista interpretado por Antonio Banderas -y evidente alter ego de Almodóvar-, cae en cierto momento en el uso de la heroína, lo que no concuerda con el pasado de nuestro entrevistado. “No, yo tomaba cocaína, pero conocía muy bien el mundo de la heroína, porque en los ’80, con la llegada de la democracia, las drogas se convirtieron en un símbolo de libertad”, retomó nuestro interlocutor. “La usé en este caso porque me interesaba para plantear una enorme contradicción en un personaje que acaba de escribir un monólogo sobre un romance de juventud que se acabó por la heroína, pero que empieza a tomarla a los 60 años, guiado por sus padecimientos físicos y por algún coqueteo con el suicidio”.

Los seguidores del cineasta español han hecho muchas especulaciones sobre qué sucedió y no sucedió en la vida de su ídolo real tras ver esta cinta. “En todas mis películas hay elementos autobiográficos, pero escondidos detrás de personajes que no los hacen evidentes; solo yo puedo saber a qué recuerdo me refiero”, precisó el aludido. “Gran parte de mi vida está desparramada y escondida detrás de múltiples personajes”.

“La diferencia en este caso es que el personaje principal tiene mi profesión y se enfrenta a las mismas circunstancias, pero siempre he tenido como base de mi obra la presentación de elementos de mi vida”, prosiguió. “En esta película, la parte que corresponde a mi vida está completada por la ficción, que hace que la vida sea más perfecta de lo que es”.

Dúo insuperable

Uno de los aspectos más impresionantes de “Dolor y gloria” es la colaboración entre Almodóvar y Banderas, es decir, dos artistas que trabajaron durante mucho tiempo juntos pero que se alejaron luego por varios años, sobre todo cuando el segundo se dedicó a desarrollar una carrera hollywoodense.

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El reencuentro entre los dos se dio con “La piel que habito” (2011), un inquietante ‘thriller’ que pocos consideran entre lo mejor de Almodóvar -a mí, en cambio, me gustó mucho- y que fue en todo caso anticipo de la incuestionable vena artística del presente filme, que para varios analistas contiene simple y llanamente la mejor actuación en la carrera de Banderas.

“Cada quien puede decir lo que quiera, pero lo que sí es cierto en el trabajo de Antonio es que es una renovación de sus registros, porque lo que hace aquí no lo había hecho antes, ni conmigo ni con nadie”, retomó el director. “Eso sí es nuevo; está en una tesitura distinta, en el otro extremo de lo que suele hacer, es decir, el Antonio lleno de bravura y de coraje”.

“Va exactamente por el lado contrario, y eso es lo que hace que su trabajo sea tan llamativo”, agregó. “Yo mismo me quedé muy sorprendido porque fuera capaz de hacerlo con tanta rapidez y con tanta precisión, aunque era justamente lo que estaba buscando”.

“Dolor y gloria” es el largometraje número 22 de Almodóvar, y como ya lo señalamos, él mismo es considerado como un maestro del cine; pero no estamos ante un Rey Midas del séptimo arte, como lo demostró recientemente su comedia “Los amantes pasajeros” (2013), que se encuentra entre lo menos afortunado de su filmografía.

“La incertidumbre es la palabra que mejor define a mi profesión”, nos dijo el realizador. “Nunca siento que sé lo suficiente como para que lo siguiente que haga me salga bien. Cuando tienes un nuevo proyecto, todo es nuevo; el guion, muchas de las personas con las que trabajas y hasta tú mismo, quizás por el simple paso del tiempo, por la biología”.

“Pero no es una incertidumbre que me paralice ni me limite, sino todo contrario; me hace estar muy alerta”, precisó. “La pereza no existe, porque tienes que estar 14 horas al día moviéndote de un lado a otro. Además, soy de los directores que se quitan horas de sueño para montar las tomas del día, lo que me permite ver de inmediato los resultados, saber si a un actor le va mejor o peor con algo, darme cuenta de cómo está funcionando el ritmo”.

Lo de Almodóvar es definitivamente cine de autor, lo que lo pone en teoría de manera directa al lado de Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, los legendarios cineastas estadounidenses que se han puesto en el ojo de la tormenta tras sus controvertidas opiniones sobre las producciones de superhéroes.

“Para mí, lo importante debe ser defender el buen cine, aunque el asunto que más me preocupa en la actualidad es cómo se están viendo las películas, sean del género que sean, con el surgimiento de soportes que ya no son solo la gran pantalla de un cine”, comentó el cineasta. “Sigo defendiendo la experiencia de ir a una sala oscura, de sentarse al lado de desconocidos y de ponerse ante una pantalla que sea más grande que la sala de tu casa”.

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“No he leído exactamente lo que han dicho Coppola y Scorsese ni en qué contexto se dio, por lo que no puedo opinar demasiado al respecto; pero no he visto ninguna película de superhéroes recientemente”, reconoció. “No es el tipo de películas que veo, y no es el tipo de películas que anhelo ver”.


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