Alejandra Rojas se impone a caballo en la música regional mexicana tras superar fronteras y tragedias

La cantante mexicana Alejandra Rojas en una imagen promocional.
(Cortesía MLC Media)
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La nueva sensación de las rancheras con banda es también una maestra de la monta

Pese a los problemas suscitados por la pandemia, en la actualidad, Alejandra Rojas disfruta del éxito generado por diez años de carrera como una intérprete del género regional mexicano que entona muchas veces sus temas a caballo, lo que es inusual en lo que respecta a las mujeres, sobre todo si no cuentan con el respaldo directo de una figura masculina.

Su nuevo sencillo y video musical, “Mejor voy”, ha sido muy bien recibido, y los números que ostenta en sus cuentas de las redes sociales (más de 1 millón 490 mil de seguidores en Facebook y más de 235 mil seguidores en Instagram) ratifican estos logros. Pero no todo ha sido felicidad en la vida de esta imponente dama de espectacular voz.

Cuando tenía solo 14 años, tuvo que dejar su Michoacán de origen de la mano de su madre y sus cuatro hermanos, en rumbo a la tierra prometida. “Emprendimos el viaje con muchas ilusiones; siempre me había imaginado cómo sería estar en Estados Unidos”, nos dijo Rojas durante una reciente entrevista. “Cruzamos indocumentados, como la mayoría de los latinos que residimos aquí, y fue una experiencia que cambió realmente mi vida, porque a partir de ahí empecé a ver todo de modo diferente. Veo que los sueños se cumplen, que las metas que tenemos en la vida se pueden realizar si les ponemos la fe, la perseverancia”.

“Ha sucedido lo mismo con el canto. Siempre me gustó cantar y montar a caballo; eran mis dos vicios, como decimos en México”, comentó. “Y gracias a Dios se está cristalizando ese sueño de cantar canciones rancheras y montar a la vez mis caballos, que es algo que me apasiona. Me encanta cuando la gente se divierte en los espectáculos”.

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El gran dolor

Pese a lo que provocaría años después, el cruce de frontera en esas condiciones no fue precisamente gozoso. “Fue muy difícil y hasta un poco traumático, porque toda la gente que cruzó ilegalmente ha de saber que, en el momento, no es una experiencia muy agradable”, retomó Rojas. “Sientes miedo e incertidumbre, aunque tengas toda la ilusión de venir”.

“Nos tocó cruzar en la noche y estaba lloviendo”, recordó. “Yo estaba muerta de frío, pero más de miedo, porque no sabía qué había al otro lado del río que teníamos que cruzar. Los que lo han hecho saben que, cuando lo logras, te sientes aliviado. Es algo que nunca se olvida”.

Ya en esos momentos, el padre de nuestra entrevistada se encontraba viviendo en la Unión Americana, luego de haberse separado de su esposa seis años atrás. “Una de las razones que yo tenía para venir aquí era reencontrarme con él, porque sabía que se encontraba en algún lugar de este país”, dijo Rojas. “Logré saber dónde estaba poco antes de cumplir los 17. Hablé con él [por teléfono] y coordinamos una reunión, pero justo en el día que lo íbamos a hacer, le quitaron la vida. Nunca pude volver a abrazarlo; solo pude abrazar su cadáver”.

Como ella misma lo dice, ese fue el más momento más doloroso de su existencia. “De todos modos, agradezco a Dios por cada cosa que pone en mi camino, porque todo te hace crecer como persona”, enfatizó. “Llega un momento en el que ya nada te duele”.

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Las fusiones y colaboraciones entre el urbano y el regional están creando un fenómeno que hoy se refleja con grandes números en las plataformas y redes

Tomando las riendas

Como lo dijo más arriba, Rojas empezó a montar siendo una niña, de 8 años, para ser precisos. “Teníamos un par de caballos en el ranchito donde nací, en una comunidad muy pequeña”, nos reveló. “Siempre ha sido muy extrovertida, y creo que eso me ha ayudado muchísimo, tanto en el canto como en la monta. Yo me enamoré de esto todavía en Michoacán, cuando mi madre me llevó a un espectáculo ecuestre del señor Antonio Aguilar, que es el pionero de esta clase de eventos en México y que los llevó por todo el mundo”.

Pero, más que fijarse en el padre de Pepe y abuelo de Ángela, la ahora cantante quedó fascinada con el desempeño de la esposa del mismo ídolo, Flor Silvestre. “Eso nunca se borró de mi mente ni de mi corazón”, precisó. “Me prometí a mí misma que iba a hacer lo mismo algún día”.

Al llegar a Estados Unidos, tuvo que dejar de lado ese interés por un periodo prolongado, porque lo primero que hizo fue presentarse simplemente como cantante. “Después de unos cuatro años, le presenté al equipo con el que trabajaba la idea de los caballos, inicialmente para una sesión de fotos”, manifestó. “No se espera que una mujer lo haga, aunque no puedo decir que fui la primera, porque ahí estuvo la señora Flor Silvestre, por supuesto”.

En estos días, Rojas conoce muchos ranchos y haciendas estadounidenses en los que puede practicar la disciplina de manera constante, ya sea que se encuentre en Miami (desde donde nos ofreció esta entrevista), Chicago, Seattle o Arizona. “Antes de verificar que haya un hotel, me cercioro de que tengan caballos en los lugares a donde voy a trabajar”, precisó.

La voz en movimiento

¿Qué es lo más difícil de cantar montada en un caballo? “Sostener las notas; el desgaste físico es grande”, aseguró. “Cantar y montar bien son ya difíciles por separado, y fusionar las dos artes es agotador. Tienes que tener un diafragma muy fuerte, porque el caballo sigue su rumbo, y se pone a trotar a veces donde no querías que trotara, lo que puede distorsionar tu voz. Pero con mucho entrenamiento y muchas ganas, todo se puede dominar”.

Aunque cuenta con un álbum titulado “Ando que me lleva”, Rojas se ha abocado ahora al lanzamiento de sencillos, como es el caso de “Mejor me voy”, una ranchera con banda cuyo videoclip la muestra en medio de un rancho y al lado de un hermoso corcel llamado El Sultán. “Es mi ‘baby’; desde que lo vi, me dije que tenía que ser mío, y bendito sea Dios, ya lo es”, afirmó. “Es el consentido de mi rancho”.

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“La industria ha cambiado un poquito. Ahora se manejan mucho más los ‘singles’, porque puedes promoverlos en las redes sociales, que es mayormente donde tengo mi seguimiento”, detalló. “Tengo canciones grabadas para hacer tres o cuatro álbumes, pero lo que vengo haciendo me está funcionando muy bien, así como sucede con las producciones grabadas en vivo”.

Más allá de estos logros, Rojas siente que la música regional mexicana ha sido uno de los géneros más afectados por la pandemia. “Nosotros dependemos de las congregaciones, que fueron lo primero que se prohibió”, recordó. “Estuvimos un año completito sin actividad, y los eventos no se están haciendo todavía en su capacidad total. Sin embargo, ya estamos trabajando, y vamos avanzando y recuperándonos poco a poco”.