Draco Rosa cambia de frecuencias para ofrecer una experiencia trascendente

El renombrado artista boricua Draco Rosa experimenta ahora en su obra.
(Jessica Menda / Criteria Entertainment)
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El nuevo álbum de Draco Rosa es el mejor reflejo de su momento actual

Con el magistral y bullicioso “Vagabundo” (1996), Draco Rosa -nacido como Robert Edward Rosa Suárez- entró de lleno a las grandes ligas del entonces efervescente movimiento del Rock en Español, demostrándole de paso al mundo entero que podía hacer canciones mucho más complejas y propositivas que las que le tocaba interpretar como parte de la ‘boy band’ latina por excelencia, Menudo, que lo tuvo entre sus filas a mediados de los ’80.

Pero Draco -como se le llama comúnmente en estos días- no se convirtió súbitamente en un devoto incondicional del rock, porque desde entonces, ha alternado sus propuestas más guitarreras con producciones mucho más delicadas e inclinadas hacia el pop sofisticado, como ocurrió con “Mad Love” (2003), que fue relanzado en vinilo durante el 2020.

El próximo 11 de noviembre, el artista de ascendencia boricua que nació en Nueva York pero que se crio entre Ponce, Rio de Janeiro y Los Ángeles, y que vive ahora nuevamente en la Isla del Encanto (más precisamente, en su finca Monte Sagrado), presentará su nuevo trabajo en estudio, “Sound Healing 1:11”, dueño de una propuesta insólita en su discografía.

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La primera muestra del título llegó hoy al ámbito público con el estreno de “Selva”, una pieza hipnótica con sonidos de pájaros y pinceladas electrónicas que llegó de la mano de un sugerente video de animación, y que se aleja completamente de los típicos sencillos para convertirse en el preludio de una extensa obra que busca aparentemente colocar al oyente en un trance muy particular.

En la entrevista por Zoom que puedes ver también por aquí en su versión de video, Draco, que superó en los últimos años una peligrosa forma de cáncer, ofreció detalles del contenido y de las intenciones de la nueva placa bilingüe; relató el modo en que se enfrentó a la cuarentena; aludió al estado actual de su salud e hizo otros comentarios vinculados a la situación actual del mundo que interesarán sin duda a sus numerosos seguidores.

Draco, ¿eres muy de números, de cábalas? Porque este álbum, “Sound Healing 1:11”, parece tener algo de eso desde su nombre mismo.

Por esas casualidades, la grabación duró 1 hora y 11 minutos. Y Monte Sagrado, la finca, tiene como entrada principal a la 111. Entonces, lanzarlo el 11 de noviembre sonaba bien. La primera pieza [que se lanza], “Selva”, duraba 11 minutos. Para decirte la verdad, lo de la grabación lo ajustamos un poco, pero era obvio que estaba yendo por ahí. ¿Por qué negarnos a lo que teníamos enfrente?

Esta es una continuación del [álbum] “Monte Sagrado”, un capítulo más de una historia en la que todavía estamos trabajando. A mí lo que me interesa es estar en el ‘metaverse’, caminar hacia el mundo digital. La idea de hacer más trabajos virtuales me apetece, porque tengo responsabilidades con la finca, con la siembra, y la música es el ancla de toda la locura.

El cantautor puertorriqueño Draco Rosa publicó este martes una foto en sus redes sociales exhibiendo una nueva imagen, con gafas, solo bigote y con su cabellera corta, después de varios años luciéndola extensa.

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En el plano del sonido, este disco es completamente distinto a “Monte Sagrado”, que era súper rockero y guitarrero; pero eso no debería sorprender a quienes saben que te gusta cambiar drásticamente de estilo entre producción y producción.

Sí, pero no es algo planeado. Por ejemplo, la versión inicial de “Quiero vivir” tenía ese ‘flow’ de banda, con guitarra y batería, porque a mí me encanta estar rodeado de músicos; si tengo 60 alrededor, ya estoy llorando. Todo estaba planeado para hacerse en marzo, con los vuelos comprados para los ‘usual suspects”; pero cayó la pandemia.

Ese mismo año, yo había estado en NAMM [el gran evento de fama mundial organizado por la National Association of Music Merchants], y en medio de mi búsqueda de sanación -porque estaba desde octubre sin los medicamentos del año pasado, pese a que me dijeron que los iban a tener que usar para siempre-, me compré un par de ‘hand drums’, unos gongs y varios otros juguetes, con la idea de crear música para relacionarme con la comunidad del yoga, porque no tengo mucha disciplina para practicarla y había hecho un área específica para ella en la finca, donde se pudieran hacer retiros.

Pero llegó la pandemia y me encontré solo en Monte Sagrado, mirando estas cosas, por lo que, para buscar la tranquilidad, decidí meterme en el tema de los solfeggios, en donde hay un debate enorme en línea sobre cuáles son las frecuencias que realmente sanan y las que no. Decidí grabar diferentes cosas en diferentes frecuencias, experimentar; y en esa soledad creativa, encontré el bienestar. Comencé a afinar todo de ese modo, menos el piano, porque me dijeron que iba a ser muy difícil hacerlo.

También me llegó un instrumento francés rarísimo, el continuum, que pude usar en la canción “Selva”, donde hay una voz de mujer que no es real, sino completamente digital. Me dejé llevar por ahí y ya no miré para atrás. Entonces, hice una deconstrucción de “Quiero vivir”, en mi vibra de sanación, y después me llegó un mensaje de un representante de Sadhguru, el místico de la India, en el que se me decía que él quería tener una conversación conmigo.

Otra imagen reciente del cantante.
(Jessica Menda / Criteria Entertainment)

Hablamos por Zoom sobre los solfeggios y me dijo que quería colaborar conmigo. Yo pensé que lo decía por decir, pero una semana después, me envió el cántico que se convirtió en [la base del nuevo tema] “Más allá del tiempo”, y que venía ya con pájaros de fondo, lo que me lleva a decirte que todos los sonidos [de la Naturaleza] que se escuchan en el disco fueron registrados en la finca, a diferentes horas del día y de la noche.

La idea era celebrar mi propia búsqueda para mantenerme sano, porque claro, uno se aferra a veces al doctor, a los medicamentos; no quieres, pero te da miedo de que si dejas de usarlos regrese el cáncer. Ese álbum va por ahí, y lo cierro con una pieza grabada en el teléfono, “Chateau Marmont”.

Esa misma canción termina diciendo “Love will survive”, lo que es prácticamente una declaración de principios. Por ese mismo lado, este es un disco muy tranquilo, en el que no parecen haber muchos instrumentistas.

¡Es que yo toqué todo! Bueno, menos el cuatro en “Dios mío”, que lo hizo mi amigo Cristian Nieves. Quería aprovechar que nunca había hecho algo así, tan personal, y demostrar que el amor tiene que seguir, como pasa en “Fragancia de una flor”. Después de un divorcio [como el que atravesó], tienes muchas razones para sentirte hastiado; pero sigo sintiendo el amor, puedo olerlo. Después de todo el tiempo que pasó [desde la separación legal], tengo la esperanza de que amaré de nuevo, de que tengo al amor de mi lado.

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Esto dijo el boricua Draco en el Latin Grammy

Bueno, pero has mencionado también a “Dios mío”, que es una canción muy intensa, de desesperación, en la que le reclamas a la deidad por habernos desamparado.

Me encantan la ficción, el surrealismo; pero estando en la montaña, encontré la conexión entre esa canción y el pueblo, y esa realidad me pegó fuerte. Soy un hombre privilegiado que vive en una finca y que estuvo caminando por el río mientras mis amigos estaban encerrados en la ciudad; pero al encontrarme de nuevo con ellos, me enfrenté a esa situación, a la falta de trabajo que experimentaban.

¿Cuál es el dios en el que crees?

Yo creo en el Universo, man. Tú lo puedes llamar como quieras: Chichi Rodríguez, Michael Jackson, KISS, Ghost… I don’t give a f[xxx]. Para mí es lo que nadie sabe, esa energía. Es algo muy grande, sin nombre.

En vista de los problemas de salud que has tenido, ¿cómo te sentiste ante la posibilidad de contagiarte con el Covid-19, pese a estar en tu finca, y con la llegada posterior de las vacunas, debido a que lo que publicas en tus cuentas de las redes sociales demuestran que tienes conflictos con la industria farmacéutica?

Yo no soy anti-vaxxer, y eso debe quedar claro. Al haberme hecho un trasplante alogénico, tuve que ponerme de nuevo las vacunas que me había puesto ya de chico; pero, esta vez, tuve una reacción [adversa] a dos de ellas. Y cuando me pongo a investigar un poco la realidad de Pfizer, veo 2.3 billones en demandas en el año 2010. Después me dicen, “¡Confía en mí!”, y yo respondo, “Papi, eso va a ser difícil”. Todos tienen esqueletos en el closet; Johnson & Johnson igual. Ahora, el discurso no es permitido si no se sigue la narrativa del ‘mainstream’.

Yo he estado encerrado, y Héctor, que trabaja conmigo, me ayudaba con el tema de ‘groceries’. Me los dejaba en el portón, porque yo estaba paranoico. Tenía un traje [tipo astronauta]; limpiaba todo, lavaba todo. Pero estamos aquí, en la ruleta rusa.

¿Te vacunaste o no?

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¡Esas cosas no se preguntan! No me interesa promover nada; yo estoy aquí por la música. Con el tema del cáncer, si puedo hacer algún tipo de contribución, soy un libro abierto. Pero lo otro se va vuelto bien político, o sea que prefiero alejarme.

¿Qué crees que pasará entonces? Porque imagino que te gustaría presentar este disco en vivo… aunque, pensándolo bien, por el modo en que se hizo, no sé si se podría.

De aquí en adelante, va a ser bien raro que yo haga un video que no sea animado. Es un poco como un retiro de este mundo; como te dije, quiero estar en el ‘metaverse’. Por lo tanto, yo veo a este disco como una experiencia en sí mismo; para que lo escuches relajado, con tu jeva o tu jevo, con el resto de tu familia. Separa una hora y once minutos y desconéctate de todo lo demás, incluyendo tu teléfono. La idea no es tocarlo en vivo, porque es algo que tienes que escuchar prácticamente echado.

¿Qué tan arriesgado es lanzar algo así en un momento en el que todo parece ser sencillos exitosos, mayormente de reggaetón?

Es una era de memes. Antes había sabiduría, algo que resonaba sin importar lo fuerte que fuera la música. Pero cada uno tiene que hacer lo que le corresponde. El otro día estaba hablando con alguien de las contribuciones que podemos hacer, y esta puede ser una contribución hermosa, para el bienestar general. La vida es corta y solo te permite hacer un número determinado de discos; y qué bueno es poder tener uno que te sirva también como tu propia medicina.