Panamá apuesta ahora al Oscar con la impactante ‘Plaza Catedral’

Una escena de la cinta panameña "Plaza Catedral".
(Apertura Films)
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Si vives en Estados Unidos, e incluso si te interesa ver cine latinoamericano estando aquí, es probable que no recuerdes haber visto muchas películas procedentes de Panamá, lo que tiene sentido no solo porque nos encontramos en un país en el que se estrenan pocas producciones procedentes de esos territorios, sino porque la pequeña nación centroamericana no posee todavía una industria fílmica propiamente dicha.

Pero no se trata tampoco de un lugar ajeno a esta disciplina, sobre todo por lo sucedido en los últimos años, que han sido testigos de la realización y del lanzamiento (en salas de aquel país, por supuesto) de numerosas producciones, entre las que, según los entendidos, destacan las de Abner Benaim, quien ha intervenido de un modo u otro en una impresionante cantidad de trabajos que han sido presentados también en festivales realizados en diferentes partes del mundo.

Benaim resulta también esencial para la cinematografía panameña en el sentido de que fue no solo el creador de la primera obra presentada por su país en la categoría de Mejor Película en Idioma Extranjero (“Invasión”, de 2014), sino también el de la segunda (“Yo No Me Llamo Rubén Blades”, de 2018) y, ahora, el de la tercera, “Plaza Catedral” (2021), que apuesta por una nominación al mismo rubro, cuyo nombre fue cambiado recientemente a Mejor Película Internacional.

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Ni “Invasión” ni “Blades” (que sí se vio en EE.UU. y está todavía disponible en varias plataformas) fueron finalmente nominadas por la Academia, y habrá que ver lo que sucede con la nueva, que superó hace unos días la primera preselección y logró quedar en la ‘shortlist’ de 15 títulos, al lado de pesos tan pesados como “Drive My Car” de Japón, “A Hero” de Irán y “The Worst Person in the World” de Noruega. “Plaza Catedral” es además la única cinta latinoamericana prenominada al lado de “Noche de fuego” (“Prayers for the Stolen”), de México, y una de las tres prenominadas que están habladas en nuestro idioma (la tercera es “El buen patrón”, de España).

La película, que tiene al citado Blades como productor ejecutivo, es el proyecto más internacional de Benaim hasta la fecha (al menos en lo que se refiere a sus títulos comerciales y más conocidos), en el sentido de que coloca al frente a dos actores provenientes de latitudes distintas que podrían abrirle la puerta a un mercado más amplio que el inicial: la mexicana Ilse Salas, quien ha participado en varias series y telenovelas, así como en las cintas “Cantinflas”, “Güeros” y “Las niñas bien”; y el colombiano Manolo Cardona, ampliamente celebrado por sus roles en producciones televisivas y en filmes como “Rosario Tijeras” y “El cártel de los sapos”.

En realidad, la presencia de Cardona (quien interpreta a Diego, el esposo del personaje de Salas) es limitada, a diferencia de la de Salas, que se pone en la piel de la protagonista, Alicia, una inmigrante y arquitecta que se encuentra todavía profundamente afectada por la muerte de su hijo pequeño y que, tras divorciarse de Diego, se ha mudado a un edificio en el Casco Antiguo de la capital panameña cuyas áreas exteriores de estacionamiento se encuentran prácticamente tomadas por ‘cuidadores’ no autorizados.

Ilse Salas y Manolo Cardona en otro momento de la película.
(Apertura Films)

Uno de ellos es ‘Chief’ (Fernando Xavier de Casta), un adolescente callejero de origen popular que tilda a Alicia de ‘gringa’, y con el que la arquitecta entabla una relación tirante debido a que se niega a darle el dinero que este le exige por lo que él considera un trabajo y ella una actividad ilegal. Desde ese momento, la historia nos presenta una situación habitual en muchos países latinoamericanos, donde la falta de oportunidades en el mercado laboral ha producido la irrupción incontenible de oficios informales que responden a la necesidad y aprovechan muchas veces la falta de control por parte de las autoridades.

Eventualmente, como es de esperarse, Alicia y ‘Chief’ llegarán a un punto de encuentro emocional que los reúne de manera inesperada en el departamento de la primera, que para ella no es la gran cosa y que para él resulta algo así como una mansión; y es allí donde se producen los momentos más conmovedores de una película que, sin embargo, se aleja luego de esta conveniente ternura para seguir el cauce natural de lo que venía ya anunciando su trama, sobre todo en lo que respecta al personaje del muchachito, proveniente de un entorno pobre y violento cuyas consecuencias salen finalmente a flote.

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“Plaza Catedral”, que recurre a algunos recursos visuales especialmente ingeniosos y está muy bien filmada (la fotografía de Lorenzo Hagerman es particularmente impresionante), asume siempre la perspectiva de la ‘gringa’, lo que le da una gran oportunidad de lucimiento a Salas, quien obtiene probablemente el mejor papel de su trayectoria y hace gala de un un desempeño notable.

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Pero es indudable que, tal y como va sucediendo progresivamente con la deprimida Alicia, la curiosidad del espectador se encontrará mayormente emplazada en Xavier de Casta, el joven ‘no actor’ que interpreta a ‘Chief’ con una naturalidad extrema que tiene que deberse a su propio origen y conocimiento del entorno social que representa el personaje. El hecho de que él mismo muriera baleado en su propio barrio, meses antes del estreno del filme, le otorga al asunto entero un aura adicional de realismo y de tragedia.