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Las visitas espectrales levantan el ánimo de una serie de héroes de películas

An illustration of ghostly hands reaching out from film strips.
(Ilustración por Matt Chu / Para El Times)

Este año, los muertos hacen su agosto en el cine. Los fantasmas de las películas de terror siguen proporcionando sustos por docenas, pero las almas fallecidas también sirven para fines dramáticos más matizados, profundizando en las líneas argumentales al invocar el pasado. En “Candyman”, el villano original de 1986 vuelve a destripar a sus víctimas, pero esta vez, el caos sirve como ajuste de cuentas explícito por la brutalidad racista sufrida por el espectro Daniel Robitaille (interpretado por el original “Candyman”, Tony Todd).

“I Was a Simple Man” muestra a Masao Matsuoshi (Steve Iwamoto) recibiendo tranquilamente ayuda espiritual de su esposa, fallecida hace tiempo (Constance Wu), tras haber sido diagnosticado con cáncer terminal.

Y luego está “Respect”.

La película biográfica de Aretha Franklin fija su punto de inflexión en una intervención espectral de la madre de la cantante, Bárbara (Audra McDonald), muerta hace tiempo. La progenitora fantasma se materializa cuando la Aretha adulta toca fondo en su vida personal. Deprimida, amargada, bebiendo whisky a solas en su descuidada casa, la ‘Reina del Soul’ (Jennifer Hudson) ve de repente a su mamá sonriendo y cantando al piano tal y como la recuerda de su infancia.

La coguionista de “Respect”, Tracey Scott Wilson, recuerda la lluvia de ideas sobre la secuencia de la visita con la directora Liesl Tommy. “Hay un dicho en la televisión que dice que a veces las propuestas de broma se convierten realidad, y eso es lo que ocurrió con la película”, dice. “Ella y yo sentíamos que tenía que haber un momento en el tercer acto en el que Aretha se enfrentara a la muerte de su madre y, en algún instante, Liesl dijo: ‘¿Y si regresa como un fantasma?’ Cuanto más lo pensábamos, más sentido tenía, sobre todo en el contexto de la fe de la cantante: la idea de que el cuerpo muere, pero el espíritu sigue vivo. Ese era el escenario, y empecé a pensar en cómo incorporarlo de forma que no resultara cursi”.

Wilson (“The Americans”, “Fosse/Verdon”) se basó en su propia experiencia para dotar de fuerza emocional a la escena de la visita. “Al haber perdido a mis dos padres, aproveché mi propio dolor para crear estos momentos. El día que filmamos esa escena fue particularmente intenso para mí”.

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En “Respect”, la madre fantasma no dice ni una palabra, expresándose únicamente a través del canto y de un abrazo. “Todo el ser de Aretha está basado en la música, así que para nosotras tenía sentido que su mamá se comunicara interpretando una de sus canciones favoritas”, comenta Wilson. El espectro inspira a Aretha a dejar de beber y fortalece su conexión con la iglesia, lo que la lleva a grabar el álbum “Amazing Grace”, ganador de un Grammy. Wilson dice: “Cuando obtuvo esa sanación de su madre, ella lo convirtió en el deseo de extender esa cura a otras personas que sufrían”.

“Spencer” también evoca un fantasma de apoyo emocional para su heroína de la vida real, pero en la autodenominada “fábula de una tragedia de la realeza”, éste se le aparece a la princesa Diana (Kristen Stewart) en forma del espectro de la reina Ana Bolena, de 455 años de antigüedad.

Diana, de la que se esparcen rumores de que está “enloqueciendo”, se encuentra con Bolena en una gélida finca del siglo XIX mientras soporta unas lúgubres vacaciones de Navidad con la familia real. El guionista Steven Knight (“Peaky Blinders”), que colaboró con el director Pablo Larraín unos meses después de leer “Vida y muerte de Ana Bolena”, sobre la famosa segunda esposa decapitada del rey Enrique VIII, dice que la reina “apareció” en la página una vez que empezó a escribir el guion. “Quería que todo esto se sintiera como un cuento de hadas y la mayoría de ellos suelen ser también historias de terror”, señala Knight. “Con ‘Spencer’, se trata de una princesa capturada en un castillo. Alguien deja el libro de Ana Bolena en su cama, [esencialmente] diciendo: ‘Podrías compararte con ella’ como una especie de amenaza”.

Diana lee el libro, ve un antiguo retrato de la reina del siglo XVI y, a continuación, vislumbra visiones de Ana Bolena durante momentos de gran tensión que culminan en la casa desierta donde creció la princesa, quien “fue acusada de tirarse por las escaleras para suicidarse”, dice Knight. “Esa fue una información filtrada. Quería llevar a Diana a lo alto de la escalera y que fuera la reina la que dijera: ‘¡No lo hagas! No dejes que te afecten’”. “Vemos a Diana caer, pero luego vemos que, en realidad, no se cayó porque Ana Bolena se lo impidió”.

Si la sangrienta historia de Inglaterra inflama la imaginación de Diana Spencer, la nostalgia británica prepara la bomba espectral para “Last Night in Soho”, del director y coguionista Edgar Wright. La ingenua campesina Eloise (Thomasin McKenzie), atormentada por el suicidio de su difunta madre, idealiza los años sesenta. Se traslada a Londres para asistir a una escuela de moda y alquila una habitación en una vieja y mohosa casa de huéspedes regentada por una casera (Diana Rigg) que recuerda el Soho en sus mejores tiempos.

¿Los edificios antiguos albergan viejos espíritus? A Wright le gusta la idea. “Crecí con una madre que sentía presencias o a veces veía fantasmas en ese tipo de construcciones, incluso en nuestra casa familiar”, dice. “Quería tener la misma experiencia yo mismo. Y cuando me mudé a Londres, me di cuenta de que estaba atormentada por ‘fantasmas’, no solo por la mancha de las terribles tragedias y crímenes dentro de sus edificios o en sus calles, sino también por su propio legado cultural. A menudo soñaba con volver a los años 60 como un viajero cultural en el tiempo, pero luego me preguntaba si eso era menos una huida y más un simple retiro de la vida moderna”.

Eloise comienza a soñar todas las noches con Sandie (Anya Taylor-Joy), una animada corista que le permite acompañarla en sus aventuras de viaje en el tiempo alrededor de 1965. Cuando los sueños de la campesina se vuelven tóxicos, unos fantasmales “Hombres de las Sombras” con rostros borrosos pasan al ataque. Wright dice: “El detalle clave de estos espectros es que no se pueden distinguir sus caras. Esto se basa en una investigación muy real que demuestra que las víctimas de traumas eligen borrar los perfiles de sus atacantes como mecanismo de afrontamiento. Esto se solapa con el fenómeno de la parálisis del sueño, en el que las personas son perseguidas por figuras sin rostro en sus sueños de vigilia como una forma de fragmentar los terrores reales”. 

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