El Cuarteto de Nos regresa con uno de los álbumes más intensos y actuales de su extensa carrera

Los integrantes de El Cuarteto de Nos en una imagen reciente.
(Gabriela Fernández)
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En el plano más cercano, no puedo dejar de sentir que El Cuarteto de Nos tiene una enorme cuenta pendiente con nosotros, los habitantes del Sur de California. Pese a ser una de las bandas activas más sobresalientes y propositivas en la historia del rock en español, de haber ganado dos Latin Grammys y de estar a punto de lanzar su decimoséptima producción inédita en estudio, el conjunto uruguayo con casi cuatro décadas de carrera no se ha presentado nunca en Los Ángeles.

De hecho, visitó únicamente este país para ofrecer presentaciones en vivo durante el 2004, cuando no había alcanzado todavía la fama en países que no fueran Uruguay y Argentina, por lo que esos conciertos -efectuados en la Costa Este- convocaron casi exclusivamente a inmigrantes procedentes de esas dos naciones.

Pero eso no quiere decir que podamos ignorar a un combo que, a estas alturas, es una verdadera institución latinoamericana de la música, forjada a través de unos arriesgados cambios de estilo y de contenido lírico que terminaron dándole una inusitada solidez a una propuesta cuya mejor muestra de madurez se encuentra en “Lámina Once”, el álbum que se lanza hoy y que promete dejar huella.

En la entrevista por Zoom con Los Angeles Times en Español que puedes encontrar a continuación tanto en su versión escrita como en la de video, Roberto Musso -vocalista, guitarrista y líder indiscutible del grupo- habló extensamente del disco de estreno, del contenido de sus letras, de su línea de pensamiento, de los cambios musicales y de mensaje que se han producido con el paso de los años y de su profunda conexión con la audiencia juvenil.

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Roberto, ¿en qué estado se encuentra la banda en términos artísticos y emotivos ante el lanzamiento de este nuevo álbum?

La historia del Cuarteto es bastante paradójica y curiosa, porque cuando se habla de una banda con tanta trayectoria, decir que estamos en nuestro momento de mayor convocatoria -como sucede- suena rarísimo. Nosotros empezamos de muy ‘pibes’, en la escuela secundaria, como una banda muy amateur, porque el mercado en Uruguay es muy chico; somos poco más de 3 millones de habitantes.

Nadie pensaba en vivir de la música; yo estudié ingeniería, por ejemplo. Después de convertirnos en una banda masiva al interior del país -lo que sucedió en los ’90-, salió el disco ‘Raro’ [2006], que nos dio a conocer internacionalmente y fue el inicio de una nueva etapa.

Siento algo muy profundo y ominoso en muchas de las canciones de “Lámina Once”. La que abre el disco, “Flan”, dice que se encuentran “esperando que cambie el mundo, que se calmen los ánimos”. En “Rorschach”, declaras: “No veo calma, no veo claridad, no veo libertad”. Y en “Ciudad sin alma”, te refieres no necesariamente a un lugar físico, pero sí a un ambiente hostil, que podría ser la sociedad contemporánea.

Estoy de acuerdo; hay una atmósfera medio claustrofóbica a lo largo del disco. No es casual que “Ciudad sin alma”, que tiene ese dejo de esperanza, sea la última canción, aunque se trata también de una esperanza nostálgica, porque no queda claro si estamos hablando de un lugar real, psicológico, virtual o de otro planeta [risas]. ¿Tenemos escapatoria como Humanidad?

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Ellos mismos se definen como "una banda de rock rara".
(Karin Topolanski)

Estas fueron las primeras canciones que hice en la post pandemia o incluso durante la pandemia, en el 2020 y el 2021. Ya habíamos planteado temas así, como el auto cuestionamiento de la sociedad; pero la pandemia los puso bajo la lupa. Pasó lo mismo con el juego de poder que está presentado en “Fiesta en lo del Dr. Hermes”; la eterna búsqueda de culpables en “Chivo Expiatorio”; y la polarización, igualmente exacerbada por el Covid y las teorías sobre su origen. Todo eso me inspiró, pero sin mencionarlo directamente, porque con el Cuarteto siempre hemos huido del lugar común.

“Rorschach” se refiere al test de las 10 láminas con manchas que permitía que te encasillaran en cierta patología con la finalidad de hablar de una sociedad que te exige constantemente que tomes partido por algo, porque si no lo haces, eres un indiferente. Pero yo tengo el derecho a ver solo manchas.

Eso es también un aspecto interesante del grupo. No he logrado encontrar si tienes filiaciones políticas o cómo te sientes, por ejemplo, con el gobierno actual de Uruguay, que es supuestamente centrista.

Nos hemos mantenido siempre como observadores y no como partícipes. Como decimos acá, nunca me gustó eso de bajar línea, sobre todo al llegar a un público tan joven. Nunca vas a encontrar en nuestras canciones una línea política determinada, sino críticas para todo el espectro.

Tampoco vas a encontrar personajes buenos del todo o malos del todo. Me gusta que sean contradictorios, con ambigüedades; y me gusta también el reto de ver lo positivo y lo negativo de cada bando, sin que eso quiera decir que sea neutral. Pasa lo mismo con nuestra música, en la que han convivido a veces una cumbia peruana con un punk inglés. Nosotros mismos nos definimos como “una banda de rock rara”.

No referirse a personajes reales específicos -más allá de lo que hicieron en “El día que Artigas se emborrachó”, un tema dedicado a un ‘Padre de la Patria’ que causó mucho revelo, pero que tiene ya tiene varios años- o a situaciones coyunturales hace también que las canciones no caduquen, que se puedan escuchar después de mucho tiempo y sigan funcionando.

Me imagino que todos los artistas están tratando que las obras que realizan no se extingan con los contextos en los que fueron creadas. Hoy por hoy, escucho canciones del Cuarteto de hace 15 años, como “Ya no sé qué hacer conmigo” y “Yendo a la casa de Damián”, y siento que podrían haber sido perfectamente escritas la semana pasada. Es algo que siempre busco, por lo que las alusiones al coronavirus en el nuevo disco son tangenciales.

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En “Ciudad sin alma”, cuestionas a los “jueces de la moralidad”, y aunque el estilo de la banda ha ido variando mucho, el grupo grabó en sus inicios muchas canciones con letras extremadamente irreverentes, como fue el caso de las que tenían “Maten a las ballenas”, “Cristo te odia” y “Eres una chica muy bonita”. Son temas que probablemente no se podrían tocar en la actualidad -de hecho, no los interpretan más en vivo- y que hasta podrían generar cancelaciones.

Esas fueron las canciones con las que el Cuarteto se hizo masivo en Uruguay; imagináte cómo han cambiado los tiempos. Las pasaban todo el tiempo por la radio y nos permitieron tocar en festivales masivos. Se trataba de una época muy particular en el Cono Sur, porque éramos una juventud que había crecido en plena dictadura militar, y cuando entramos a la universidad, había una efervescencia cultural increíble.

Durante su visita al Latin Grammy del 2017 en Las Vegas.
(Bizuayehu Tesfaye/Sipa USA via AP)

Todo era muy irreverente, porque todo lo que había sido prohibido se había convertido en válido y legal. Con el paso del tiempo y del crecimiento, yo busqué otro ángulo para escribir, sobre todo a partir del disco “Raro”, que representó un quiebre en nuestra propuesta.

¿Quieres decir que esas canciones del pasado sí caducaron, o que generarían problemas al ser interpretadas en el contexto actual?

A mí me encanta cómo fueron escritas en ese momento. No te digo que nunca [las volveré a tocar], porque las cosas pueden seguir cambiando, y después de unos años podrían ser revisadas de otro modo. Artigas estaba por todos lados, en las estatuas, los bustos, las empresas públicas, y esa canción fue muy criticada, ya en democracia, tanto por la izquierda como por la derecha. [La mención a los jueces de la moral] la veo como algo más general, y la Ciudad sin Alma puede ser de concreto, con la gente paranoica corriendo por ahí, pero también algo virtual, relacionado a las redes sociales, donde todo el mundo pretende tener la verdad sobre cualquier tema.

Otro aspecto que le brinda atemporalidad a la banda es tu manera de cantar, que se sigue escuchando muy fresca y muy fluida, incluso con toda la abundancia de palabras que existe en los momentos más ‘rapeados’. No sé si has estado menos de fiesta que otros cantantes o si tienes las cuerdas vocales muy fuertes [risas].

Cuanto más pasan los años, más me cuido. Tengo un ‘coach’ de canto con el que tomo unas clases de fortificación de los músculos que me han ayudado mucho. Nosotros tocamos constantemente en vivo; a veces tenemos 9 shows en 9 días. Hay productores que me han dicho que soy mi peor enemigo, porque le meto cada vez más palabras a las canciones, lo que complica todavía más las cosas al momento de interpretarlas en vivo. Pero yo me llevo muy bien con eso. Me gusta desafiarme en lo que tiene que ver con llegar a nuevas modalidades vocales.

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Soy muy meticuloso: paso muchas horas con cada canción en el estudio que tengo al fondo de mi casa, porque soy súper obsesivo con las letras. Quiero que cada frase encaje como quiero, y que las palabras que uso no le den pie a acepciones que no quiero que se den. En ese momento, las canto mucho, las mastico mucho, y me van quedando como un chip, aquí adentro.

Es curioso saber que a pesar de lo vigente que te mantienes, has decidido no contar con cuentas personales en las redes sociales.

Alguna vez las tuve, pero no sé casi ni manejarlas, porque no me aportaban nada ni sabía que poner en ellas. He manejado mucho las redes con el Cuarteto como organización; tenemos ‘community managers’ y todo eso, y estoy muy a favor [de esa modalidad], porque nos sirve de mucho. Pero sigo siendo muy observador. Tengo una hija de 11 años que anda metida en el Tik Tok, o sea que lo sigo bastante de cerca.

Sea como sea, es sabido que conectan increíblemente con una audiencia mucho más joven que ustedes.

La llegada del grupo a un público muy joven -estoy hablado de adolescentes y preadolescentes- es increíble. Ni siquiera quiero tratar de encontrar las razones, porque se perdería la magia. La energía en los shows, con todo el mundo cantando las canciones, es muy intensa, y me parece que se ha incrementado tras la pandemia.

Venimos de una gira por Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú y Argentina, y hemos quedado sorprendidos. Me parece que hay mucha identificación con los personajes de las canciones, que en los últimos discos de la banda son muy contemporáneos, muy poco estándar, y se insertan en un formato de canción de rock alternativo, dando como resultado algo que se sale de lo común. Son canciones que abordan situaciones diferentes, temas más filosóficos, introspectivos y psicológicos que nos diferencian de las propuestas más comerciales y que el público agradece.

La banda ha atravesado por diversos cambios musicales.
(Gabriela Fernández)

El estilo musical del disco, que puede ser por un lado bastante atemporal, pero que por el otro resulta muy actual, hace también que se sienta como el producto de un grupo nuevo.

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Los artistas de largas trayectorias pueden entrar en círculos viciosos de autocomplacencia con sus escuchas. Nosotros hemos sido sumamente disruptivos al presentar canciones nuevas que no son en principio lo que la gente espera. Es un riesgo, porque la gente de nuestra generación quiere normalmente escuchar al grupo como lo escuchó inicialmente.

Tratamos de estar conectados con lo que se escucha y no ser fundamentalistas de ningún género, porque por más que tengamos una instrumentación rockera clásica -por decirlo de algún modo-, tomamos préstamos de otros géneros que se presten para nuestras canciones.

De hecho, hemos trabajado con productores de diferentes géneros; en este disco, por ejemplo, lo hicimos con [el ex Calle 13] Eduardo Cabra y con Héctor Castillo [Gustavo Cerati, Aterciopelados], que tienen puntos fuertes muy distintos. El eclecticismo que tenemos en los arreglos musicales hace también que sea muy dinámica la propuesta.

El Gran Silencio, Buyepongo y Las Chikas rompen a su modo las barreras geográficas y musicales

El Cuarteto es un grupo absolutamente emblemático, pero no ha tocado nunca en L.A. Triste, ¿verdad?

Lo tenemos como un pendiente, y seguramente iremos en el 2023. El Grammy consolidó lo que veníamos haciendo desde “Raro”, y fue la frutilla encima de la torta que nos llevó a darnos cuenta de que esto iba en serio, sobre todo porque Uruguay tiene un peso muy chiquito [en la Academia Latina de la Grabación]. Ahora mismo vienen unos shows en Chile, en México y en Colombia que tuvimos que hacer en lugares mucho más grandes que los anteriores, y en Costa Rica terminamos haciendo tres shows cuando solo teníamos planeado uno.