La vibrante apuesta argentina por el Oscar es la primera película que se hace sobre un juicio histórico

El actor Ricardo Darín en una escena de "Argentina, 1985".
(Amazon Studios)
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No es la primera vez que Ricardo Darín participa en una obra cinematográfica cuya trama se desarrolla durante la época de la dictadura cívico-militar que azotó a su país entre 1976 y 1983, y en la que se calcula que hubo entre 6 mil y 30 mil muertos y desaparecidos, dependiendo de la fuente consultada.

Sucedió ya en “El secreto de sus ojos” (2009) -probablemente su filme más conocido en Estados Unidos debido a que ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera, y en el que aparecía como un agente judicial-; en “Kóblik” (2016) -donde interpretaba a un piloto de la Armada- y en “Kamchatka” (2002) -que lo mostraba como el padre de una familia que huía del asedio militar-.

Pero lo que hace ahora en “Argentina, 1985”, que se estrena este viernes en Prime Video y es la producción presentada por el mismo país para ser considerada en la categoría de Mejor Película Internacional de los Premios de la Academia, es especialmente significativo, porque lo encuentra interpretando por primera vez de manera directa a un ser humano que existió realmente, y que ocupa además un lugar de incuestionable prestigio entre los defensores de la democracia latinoamericana, ya que se trata del fiscal federal encargado del juicio contra los integrantes de las juntas militares que fueron responsables de crímenes masivos contra los derechos humanos.

“Me siento especialmente honrado de haber interpretado a este gran hombre -que fue llamado de manera incorrecta ‘común’ o ‘simple’- dentro de un contexto en el que tanto él como su equipo tuvieron que dejar de lado todos los miedos e incertidumbres que los embargaban en beneficio de cuestiones que no eran personales, sino de todo un país, como parte de una tarea titánica en la que había que demostrar la interacción que existió entre las fuerzas que compusieron las cupulas militares, lo que era extremadamente complicado porque no existían pruebas tangibles de ello”, fue lo primero que nos dijo Darín a través de una conexión telefónica, refiriéndose al trabajo coordinado entre las ramas de las Fuerzas Armadas para la perpetración de asesinatos, torturas, violaciones, apropiación de menores y exilios forzosos.

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La sentencia dictada condenó a condena perpetua a varios de los mandos principales -incluyendo a Jorge Rafael Videla, quien fue indultado luego por el presidente Carlos Menem, detenido nuevamente y encarcelado finalmente hasta su muerte en el 2013-.

“Creo que todo eso se consiguió debido al esfuerzo de muchas personas que, en algunos casos, respondieron con dolor al llamado de la fiscalía para dar ante la corte testimonios de lo que sabían y lo que imaginaban, y que, en lo que corresponde a los sobrevivientes, tuvieron que narrar los horrores que habían atravesado, pese a que se encontraban amenazados”, nos dijo el hombre que es ampliamente considerado como uno de los mejores actores latinoamericanos de todos los tiempos. “Se acababa de recuperar la democracia, y mucha gente no creía realmente que este juicio se fuera a llevar a cabo, incluso después de que fue anunciado”.

Más allá de la imaginación

“Argentina, 1985” es la segunda colaboración entre Darín y el director y guionista Santiago Mitre después de “La Cordillera” (2017), una cinta en la que el primero se ponía en la piel de un presidente argentino de moral ambigua que algunos compararon con Mauricio Macri (quien estuvo en el poder entre el 2015 y el 2019), pero que era supuestamente ficticio.

“Cuando hice esa película con Ricardo, descubrí que, además de ser un actor talentoso, sutil y sumamente preciso en la manera de trabajar y de utilizar sus recursos dramáticos, él es un cineasta, una persona que piensa el cine en todos sus aspectos”, nos dijo Mitre en una entrevista separada. “Fue el primero en quien pensé para contar esta historia, y él me dijo de inmediato que interpretaría a Strassera”.

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“Para mí, este era también el primer proyecto sobre una persona real, por lo que los dos teníamos el desafío de representar del mejor modo posible este episodio esencial para la transición democrática en Argentina luego no solo de la terrible dictadura que se vivió desde mediados de los ’70 hasta inicios de los ‘80, sino también de un periodo de 100 años en el que nuestros gobiernos democráticos fueron constantemente destituidos por golpes militares”, prosiguió el realizador.

Peter Lanzani (izq.) interpreta al fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo.
(Amazon Studios)

Cuando se abrió la primera audiencia del llamado Juicio a las Juntas, Darín se encontraba en la plenitud de su juventud y gozaba ya de cierta fama como actor debido a los roles que había obtenido en el cine, el teatro y televisión. Lo que había hecho hasta entonces tenía poco o nada que ver con temas políticos, pero eso no quiere decir que fuera ajeno al asunto, aunque no llegó nunca a conocer a Strassera, quien falleció en el 2015, es decir, unos cuantos años antes de que Mitre tomara la decisión de llevar la etapa más apasionante de su vida a la pantalla.

Darín tampoco pudo ver ni escuchar el elocuente y conmovedor discurso con el que el fiscal cerró su intervención ante el tribunal, y que se reproduce en una de las escenas más impactantes de la película. “Esto pasó hace casi cuarenta años, cuando el mundo de las comunicaciones era completamente distinto”, precisó el actor. “En la televisión se pasaron únicamente algunos fragmentos del juicio, solo con imágenes que no tenían audio, y todos los testimonios fueron presentados desde atrás, sin mostrar los rostros de quienes hablaban, para proteger a las víctimas y a los sobrevivientes”.

Hay un registro de audio del discurso que se difundió posteriormente, y los creadores de “Argentina, 1985” tuvieron acceso a numerosas fuentes de información; pero Darín -que tiene un aspecto físico muy distinto al que lucía Strassera, incluso cuando está caracterizado- no se centró en eso, porque no le interesaba imitar al aludido. “Lo que tratamos de hacer es capturar lo que pensaban y lo que hacían estas personas en ese momento”, nos dijo. “Tratamos de imaginar todo eso, y de la mano de un guion tan bien escrito como el que se empleó, conformamos un equipo en el que nos íbamos nutriendo cada día de un poco más de información; pero siempre tuvimos como objetivo no copiar y reservar un pequeño espacio de libertad en cuanto a la imaginación, porque tenemos que recordar que esta es una película que recrea el juicio, pero que también apela a la ficción al mostrar situaciones que no se dieron exactamente de ese modo”.

Por otro lado, Mitre y su coguionista Mariano Llinás tuvieron varias entrevistas con el fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo y se reunieron con el hijo de Strassera, Julián -que era entonces un niño-, su viuda Marissa y la mayoría de los miembros del equipo de la fiscalía. Todos los nombrados aparecen en la cinta representados por actores. “Muchas de las escenas que mostramos están inspiradas directamente por lo que nos dijeron estas personas, y pasar tiempo con estas mismas personas hizo que yo estableciera un vínculo con ellas”, contó el realizador. “Cuando han visto la película, se han sentido bien con la manera en que se representa lo que pasó y el papel que jugaron para que el juicio tuviera el resultado que tuvo”.

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“Claro que, fuera de cualquier discusión política, lo que queríamos hacer era una buena película, que pudiera dialogar con las audiencias de esta época y con los espectadores que no sabían nada del proceso que se dio en aquellos tiempos”, agregó.

Por ese lado, Mitre apeló a influencias narrativas y visuales con las que logra que el filme sea particularmente accesible y, de paso, se conecte de un modo u otro con los gustos del público estadounidense. “Hay toda una tradición de cine de juicios, sobre todo en el periodo clásico de Hollywood, que a mí me gusta mucho”, precisó. “Al hacer esto, estaba pensando en John Ford, en [Frank] Capra, en [Howard] Hawks, en Billy Wilder. Y aunque puede sonar pretencioso, a veces, tus referencias tienen que ver también con el mundo del arte”.

“En Strassera estaba el tópico del ‘héroe a su pesar’, que tiene que ver mucho con ese cine clásico, aunque buscábamos también la tensión del cine contemporáneo, y en ese sentido, pensamos en ‘All the President’s Men’ y ‘The Post’ de [Steven] Spielberg, donde hay un concepto de trabajo de grupo muy energético”, añadió. “Tampoco hay que olvidarse del cine latinoamericano; el ‘No’ de [Pablo] Larraín es un gran filme que narra igualmente una transición democrática, aunque se trata de la chilena, que fue muy diferente a la argentina”.

Buenos muchachos

En “Argentina 1985”, Darín, de 65 años, interpreta a una persona que tenía 52 años cuando se inició el Juicio a las Juntas; pero Ocampo tenía 33 años, y lo más interesante es que el equipo de investigación que ambos se vieron obligados a formar -ante la falta de compromiso de individuos mayores que se negaron a participar en el proceso por motivos políticos o temores- estuvo integrado por un gran número de jóvenes tan idealistas como inexperimentados, los mismos que aparecen igualmente retratados en el filme.

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Este simple hecho tiende un puente de interés hacia un sector de la población que, según la perspectiva con que se lo mire, y dependiendo de las circunstancias, es considerado como muy apático o muy participativo en los territorios latinoamericanos.

Como se muestra en la cinta, Strassera tuvo un equipo de apoyo muy juvenil.
(Amazon Studios)

“Cuando emprendimos este proyecto, nos dimos cuenta de que la gente recordaba muy poco este juicio, lo que nos demostró lo importante que era contarle esta historia no solo a los jóvenes de nuestro país, sino también a los de distintas partes del mundo”, dijo Mitre.

“Había que probar que la búsqueda de justicia es necesaria para consolidar un ideal democrático que en los últimos tiempos ha sido cuestionado por el crecimiento de discursos ajenos a sus propuestas que cuentan a veces con un preocupante respaldo de los jóvenes, porque algunos de ellos minimizan los horrores de la dictadura y le quitan valor al concepto de la democracia”, lamentó. “Lo pueden hacer desde la ignorancia y como una forma de provocación, por lo que me parecía importante hacer una película en donde se escucha el testimonio real de una persona que fue secuestrada y torturada, como sucede aquí. Después de ver algo así, no sé si alguien puede justificar a la dictadura”.

La conexión que busca la cinta con los jóvenes no pasa tampoco desapercibida para Darín. “Es casi una metáfora que Strassera y Ocampo no hayan tenido más remedio que convocar a la gente más joven porque los más encumbrados no quisieron formar parte del equipo de la fiscalía, y que justamente ahora, el destino más importante para nosotros -si es que existe la posibilidad de que esta película tenga un mensaje- se encuentre precisamente en los más jóvenes, porque es comprensible que la gente que nació en democracia no se dé cuenta de la dimensión de lo que ocurrió, de todo el sufrimiento y los obstáculos que tuvieron que atravesar quienes recuperaron esa misma democracia”, dijo.

“Vivimos una era en la que [los jóvenes] están pegados a los teléfonos todo el tiempo, completamente atentos a lo que pasa con su grupo de pertenencia, y sometidos además a información que llega de todas partes del mundo”, añadió. “Hay gente que no reconoce las cosas que ocurrieron”.

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“Yo entiendo que esto se debe a que forman parte de un grupo especifico o a que defienden a una corporación determinada; hay una infinidad de explicaciones posibles”, razonó. “Pero la realidad es la realidad: existieron las torturas, existieron los desaparecidos, existieron acciones atroces contra personas que no tenían absolutamente nada que ver con las acusaciones que se les hacían, y que se dieron simplemente porque estas figuraban en la agenda de un detenido o porque alguien las señalaba con un dedo”.

En sus palabras, y alejándose ya de cuestiones ideológicas, “Argentina, 1985” habla de lo que se puede y de lo que no se puede hacer. “Después de eso, puedes tener la posición política que quieras; pero no podés dejar de reconocer que hay una ética, unos valores y una moral que hay que respetar”, concluyó.