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El nacionalismo asoma mientras Europa lucha contra el coronavirus con controles fronterizos

A woman wearing a face mask walks past a closed department store in Berlin on March 18, 2020.
Una mujer con una máscara facial pasa frente a una tienda por departamentos cerrada, en Berlín, el 18 de marzo de 2020.
(Tobias Schwarz / AFP / Getty Images)

Una Unión Europea ya desgastada, enfrentada a la pandemia del coronavirus, se ve sometida a nuevas presiones por parte del nacionalismo mientras los estados afirman sus propios poderes.

Hace muchos días, antes de que el nuevo coronavirus arrasara en Europa -la semana pasada, el mes pasado- el contagio que muchos líderes de la región temían era una cepa virulenta del populismo nacionalista.

En los últimos años, líderes de estilo autoritario, como Viktor Orban, de Hungría, se han atrincherado en el corazón del viejo Continente, buscando sofocar instituciones como los medios libres y un poder judicial independiente, mientras culpan a los migrantes por una serie de males sociales.

El Brexit y la discordia interna ya habían puesto a prueba la Unión Europea. Ahora, mientras grandes bulevares y enormes catedrales permanecen vacías y las escasas camas de hospitales se llenan inexorablemente, esos mismos líderes se preguntan si el coronavirus generará una aguda brecha nacionalista entre los miembros del bloque de 27 naciones.

A medida que se propaga la infección, más de una docena de países europeos, junto con el bloque en su conjunto, impusieron restricciones de viaje y controles fronterizos, actuando como ciudades-estado medievales que cierran sus puertas ante los enemigos invasores, en lugar de como una fuerza unida, tal como ellos se habían imaginado a sí mismos.

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Tanto el asesoramiento científico como los imperativos políticos impulsan el autoaislamiento nacional actual. Pero una vez que pase esa necesidad médica, algunos cuestionan si los estados europeos emergerán de la pandemia transformados: más insulares, más tribales, más egoístas.

“En un mundo dividido y sin líderes... todos sufrimos de una tendencia al individualismo”, escribió el ex primer ministro británico Gordon Brown en un artículo de opinión publicado en The Guardian.

El gran experimento de la UE, y el apuntalamiento de su existencia, fue el acto de abrir las fronteras a la libre circulación de bienes y personas dentro del bloque. Pero la marcha del virus puede ser un golpe mortal para las aspiraciones de larga data de una integración aún más fuerte.

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Algunos europeos ya están aplaudiendo. “La necesidad de fronteras está siendo reivindicada por la pandemia”, afirmó en una entrevista Laura Huhtasaari, miembro del Parlamento Europeo por el partido nacionalista-populista de Finlandia. “El globalismo se está derrumbando”.

El martes, la UE acordó cerrar sus fronteras externas a todos los viajes “no esenciales” fuera del bloque. Sus líderes enfatizaron que la medida es temporal y que la decisión se tomó en consulta con aliados como Estados Unidos.

Pero la mano colectiva de los líderes europeos se vio forzada, al menos en parte, por restricciones fronterizas unilaterales ya declaradas de una manera bastante caótica por cada nación en sí misma dentro de lo que anteriormente había sido una zona sin fronteras.

Antes de la votación, al menos 15 de los 26 países que conforman la llamada Área Schengen, una zona libre de pasaportes, ya habían reincorporado algún tipo de controles fronterizos.

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Quienes buscaron fortalecer sus fronteras son los vecinos de la Italia devastada por el coronavirus, que ven un peligro inmediato a sus puertas.

Pero también surgió otro patrón: algunos de los que cerraron sus puertas fueron países que tomaron una línea antiimigrante más dura en 2015, cuando más de un millón de personas que huían de la guerra y la pobreza cruzaron el Mar Mediterráneo para buscar refugio en Europa. Orban cerró las fronteras de Hungría el lunes, restringiendo drásticamente el flujo del tráfico intercontinental; Polonia y la República Checa tomaron medidas similares.

El enfoque gradual de los controles fronterizos reflejó una variedad de respuestas a nivel nacional dentro de Europa, a medida que la región se convertía en una zona caliente de transmisión del coronavirus en el planeta.

Países como Italia y España, donde las tasas de infección son más altas, pasaron rápidamente al bloqueo completo con cuarentenas estrictas, en comparación con un control mucho más laxo en Gran Bretaña y los Países Bajos, que aún no han experimentado la peor parte de la pandemia.

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La creciente crisis de salud en Europa provocó algunas disputas después de que Alemania y otros países inicialmente restringieron las exportaciones de suministros médicos de protección a otras partes de la UE. Eso creó una apertura para China, que, en lo que pudo haber sido tanto un gesto humanitario como una demostración de indulgencia, envió equipamiento médico a Italia y Francia.

Incluso antes de que la UE votara para cerrar sus fronteras externas a los viajeros, la canciller alemana, Angela Merkel, señaló que esperaba que las medidas no duraran más que la pandemia. Sin embargo, reconoció que las cosas no habían salido bien dentro del bloque. “La coordinación no funcionó tan bien como uno hubiera esperado”, manifestó.

El Presidente Trump, que una vez esperó un segundo mandato con una economía fuerte, ahora se enfrenta a un caos económico y a un mercado de valores que se remonta a cuando asumió el cargo por primera vez. ¿La crisis del coronavirus hundirá su oferta de reelección? O le permitirá presentarse como un “presidente en tiempo de guerra”, como declaró el miércoles.

La canciller, que tiene una reputación de imperturbabilidad y subestimación práctica, pronunció un discurso nacional el miércoles por la noche en el que describió los desafíos de la pandemia como la prueba más grave desde la Segunda Guerra Mundial.

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“Permítanme decirles que esto es grave”, aseveró, advirtiendo que incluso el elogiado servicio de salud de Alemania se vería abrumado si el virus se propagara sin control.

Una consecuencia del coronavirus podría ser el concepto de solidaridad social, lo que los alemanes llaman solidargemeinschaft, un sentido de comunidad basado en principios mutuamente sostenidos. Algunos analistas cuestionaron si el bloque ejemplificaba esos valores a medida que el coronavirus se propaga.

“Estamos viendo una enorme deslegitimación de la autoridad del gobierno de la UE en esta crisis”, señaló Thomas Jaeger, un politólogo de la Universidad de Colonia. “Mientras más dure la emergencia, más nacionalismo volverá".

Los políticos de extrema derecha y los grupos antiinmigrantes en todo el continente, advirtieron él y otros analistas, podrían sentirse envalentonados por la facilidad con que algunos gobiernos decidieron abruptamente reintroducir los controles fronterizos. “Durante la crisis migratoria, todos los líderes [de la UE] dijeron: “No, no podemos restablecer las fronteras nacionales”, expuso Jaeger en una entrevista. “Pero de repente, ahora hay controles limítrofes. Eso no se olvidará en el corto plazo”.

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En Gran Bretaña, algunos predijeron un nuevo fervor por el sentimiento nacionalista que impulsó la votación de 2016 para abandonar la UE. Esa decisión entró en vigor formalmente sólo a fines de enero pasado, con una transición durante el resto de 2020.

El líder del Partido Brexit, Nigel Farage, quien encabezó la campaña para que el Reino Unido se separara de la región, consideró que la respuesta al brote era una prueba de que el sueño de una Europa unida había terminado. “Todos están cuidando al número uno”, escribió en el Telegraph. “Incluso si es comprensible que las naciones individuales se centren en su propia gente, la idea de que un bloque como la UE esté dispuesto o sea capaz de garantizar la seguridad de todos sus miembros seguramente se ha visto afectada”. El escrito concluye triunfalmente con la frase: “Todos somos nacionalistas ahora”.

Pero un miembro alemán del Parlamento Europeo, Peter Liese, de los Demócratas Cristianos, consideró que los británicos eventualmente podrían mirar a Europa y darse cuenta de que la unión hace la fuerza cuando se trata de enfrentar un desafío de esta magnitud. “Si Reino Unido tuviera una gran dificultad en tres meses, y Europa ya hubiera manejado bien la crisis y pudiese ayudarlo, imaginemos qué tipo de reacción para los ciudadanos británicos esto creará", dijo en una entrevista. “No se puede subestimar la fuerza de tal señal”.

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Otro miembro del Parlamento Europeo, Ibán García, calificó la crisis del coronavirus como un punto de inflexión, una especie de reparación después de una respuesta dura y fragmentada a la recesión económica europea de hace una década. “La gente en muchos países decidió [entonces] que era el momento de encerrarse, que no era un tiempo para ser solidarios”, consideró García, un socialista de España. “Hemos sufrido por eso, y ha sido difícil para Europa. Ahora tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien”.

La corresponsal especial Christina Boyle, en Londres, contribuyó con este artículo. El corresponsal especial Kirschbaum reportó desde Berlín. King, reportera de planta, reportó desde Washington y la corresponsal especial Bernhard desde Bruselas.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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