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Columna de Adictos y adicciones: Mi experiencia en un grupo de doce pasos

Foto tomada el 15 de agosto de 2019 de una planta de marihuana en Gardena, California. (ASSOCIATED PRESS)

José Antonio accedió a platicar su experiencia en un grupo de Narcóticos Anónimos; antes de eso hizo un breve recuento de su vida de adicto, como tantos otros llegó a perderlo todo, no solo cosas materiales, perdió varias parejas, también la dignidad, la vergüenza y el rumbo de su vida.

“A mi primera reunión llegué dos horas antes, di varias vueltas pensando que no aguantaría, para mi dos horas sin drogarme eran una eternidad, así era mi nivel de consumo. La verdad no recuerdo qué hice durante ese tiempo, hasta que se abrieron las puertas del grupo entré con miedo y desconfianza, no sé qué me imaginaba. Al entrar me dijeron que era bienvenido, eso me descolocó, porque yo no era bienvenido en ningún lado, al contrario, en todas partes esperaban que mi visita fuera breve; luego de esa extraña bienvenida me dieron una taza de café, y me la pasé pensando casi toda la reunión que no tenía dinero para pagarlo; por último me dieron un abrazo, a mí no me gustó, pero alguien me dijo: te vamos a querer hasta que aprendas a quererte tú”.

“Con el paso de los años he aprendido varias cosas sobre la adicción, hoy quiero compartir con sus lectores algunas características de esta enfermedad”.

“En primer lugar, la adicción es una enfermedad crónica, no tiene cura, pero se puede detener o controlar, es igual a otras enfermedades crónicas, como la diabetes o la hipertensión arterial, si sigues tu tratamiento no tendrás ningún problema, lo mismo pasa con las drogas”.

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“En segundo lugar, la adicción es una enfermedad progresiva, cuesta mucho darse cuenta, porque no todos los que consumen drogas son adictos, ni todos los que consumen alcohol son alcohólicos. No te haces adicto por consumir una vez, en mi caso empecé con alcohol, solo los fines de semana, progresivamente fui aumentando mi consumo y luego fui integrando otras drogas, no me di cuenta el momento en que ya estaba consumiendo todo el día, todos los días”.

“Yo empecé tomando alcohol, el día que me inicié en mis adicciones iba muy bien vestido, tenía un reloj muy fino, que me habían regalado mis padres, zapatos nuevos y un auto viejo, viejo, pero mío.

“La adicción es también una enfermedad mortal, si no se detiene a tiempo termina con tu vida; la mayoría de las personas piensan que a un adicto lo mata una sobredosis, pero no es solo eso, desatiendes tu salud, pones en riesgo tu vida de muchas maneras, compartes jeringas, comes mal, jamás vas al médico o simplemente te relacionas con individuos peligrosos o te pones en situaciones de riesgo”.

“Es una enfermedad obsesivo compulsiva, esto condiciona nuestra vida, yo por ejemplo, trabajaba temprano y cuando se me iba pasando el efecto, solo pensaba en volver a consumir, eso ocupaba todo mi pensamiento, hacía planes de solo consumir cierta cantidad, para estar listo para el día siguiente, pero nunca era suficiente, de ahí viene esa frase tan famosa: Una es demasiado y mil no son suficientes”.

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“Es una enfermedad de pérdida, yo perdí la referencia de la realidad, en mi cabeza hacía miles de planes y pensaba que con solo imaginar las cosas ya estaban hechas; perdí el respeto por mí mismo, relaciones, trabajos, cosas materiales y en más de una ocasión estuve a punto de perder la vida”.

“La adicción es una enfermedad que te aísla del mundo. Es común ver grupos de adictos, pero ellos se reúnen solo para consumir, jamás conviven, ni les importa un comino tu vida, cada cual está solo con su enfermedad y no quiere que nadie lo moleste. En mi caso, no dejaba que nadie opinara sobre mi vida, me decía a mí mismo: ‘ellos no son adictos ¿qué van a saber?’, por eso solo me relacionaba con aquellos que vivían igual que yo, separé al mundo entre los que pensaban igual a mí y los que no. A aquellos que realmente se preocupaban por mí los excluí de mi vida. En los últimos años de adicto activo, consumía solo, era como un fantasma, un verdadero muerto viviente”.

“Mucha gente le llama a los grupos de doce pasos: Grupos de autoayuda, pero yo no creo que eso sea cierto, si así fuera, no sería necesario acudir a un grupo, cada cual se recuperaría en su casa. La recuperación está precisamente en encontrarte con gente que ha vivido experiencias similares a las tuyas y tiene el mismo deseo que tú de recuperarse, el grupo es tu sostén”.

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“A lo largo de mi vida he roto muchas promesas, prometí no volver a consumir cuando nació mi primer hijo, tres años más tarde hice la misma promesa cuando murió mi padre; a la que fue mi esposa le prometí no sé cuántas veces que dejaría la droga, en realidad lo hacía de dientes para afuera, muy dentro de mí no quería; romper todas esas promesas me llevaba a la depresión y volvía a consumir, era un círculo de muerte, ni más, ni menos”.

“A través del tiempo en mi grupo de NA, me di cuenta que espiritualidad y religión son cosas diferentes, yo pensaba que en un grupo de doce pasos me la pasaría rezando, nada más lejos de la realidad”.

“Para mí, el mundo de la espiritualidad se abrió el día que entendí que la honestidad es un valor espiritual, por eso siempre digo que el primer acto de honestidad de mi vida fue reconocer que necesitaba ayuda. Antes de eso, yo confundía soberbia con autoestima, el pedir ayuda era un acto de cobardía, eso era para gente débil, pensaba. Además de soberbio, era tremendamente ignorante”.

“En los grupos de NA, pude expresarme libremente, nadie te dice qué hacer, relatan qué hicieron ellos para vencer la tentación o mantenerse limpios en los tiempos difíciles. Si le dijera a mi familia que a veces siento ganas de volver a drogarme, entrarían en pánico, en cambio en mi grupo me entienden y me dicen lo que hicieron ellos”.

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“Quiero compartir mi experiencia: Actualmente tengo 28 años de edad, vivo con mis padres y nunca he tenido un trabajo de verdad; tal vez por ser mujer y la menor de cinco hermanos varones, siempre he vivido bajo la tutela de mi familia”.

“Ahora tengo muchos recursos y verdaderos amigos; antes mi recurso era consumir, si tenía problemas consumía, si tenía una novia consumía, si me dejaba la novia consumía, si me despedían de un trabajo consumía, si encontraba otro empleo consumía, aún antes de que me pagaran; ese era mi único recurso. Un día me detectaron cáncer, lo primero que se me vino a la mente fue consumir, pero en vez de eso, tomé el teléfono y llamé a dos compañeros, en menos de media hora estaban en mi casa; ese día entendí lo que es el amor desinteresado, pero sobre todo, pude comprender el significado de que me iban a querer hasta que aprendiera a quererme solo”.

“Yo pensaba que pedir ayuda era síntoma de debilidad, hace falta ser muy valiente para pedirla y dejarse ayudar, pero eso me salvó la vida. Cualquier adicto puede dejar de drogarse y cambiar su vida, solo necesita querer y pedir ayuda”.

Quiero agradecer a José Antonio el que haya compartido su historia; que Dios lo bendiga a él y a sus compañeros de grupo.

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cadepbc@gmail.com


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