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Mural interactivo en la frontera entre Tijuana y San Diego muestra historias de migración

Un nuevo mural fronterizo es inaugurado en Playas de Tijuana el sábado
Un nuevo mural fronterizo es inaugurado en Playas de Tijuana el sábado en Tijuana. El Proyecto Mural Playas de Tijuana comparte las historias de 15 inmigrantes indocumentados que llegaron a Estados Unidos, muchos de ellos siendo niños. Otros fueron deportados a Tijuana.
(Ana Ramírez/The San Diego Union-Tribune)

Un mural interactivo inaugurado el sábado en la valla fronteriza entre Tijuana y San Diego destaca las historias de 15 personas que fueron traídas por sus padres a Estados Unidos a una edad temprana.

Algunos de ellos fueron deportados a México, mientras que otros permanecen en Estados Unidos bajo el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).

El mural, que abarca 150 pies de ancho y alcanza 20 pies de altura, está ubicado en Playas de Tijuana, junto al lado mexicano del Parque de la Amistad, donde la valla fronteriza se encuentra con el Océano Pacífico.

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Cada retrato va acompañado de un código QR, que enlaza con un sitio web en el que se detallan sus historias de migración.

El proyecto del mural de Playas de Tijuana, que lleva tres años en marcha, forma parte de la tesis doctoral de Lizbeth de la Cruz Santana, de 30 años, estudiante de la Universidad de California Davis.

Este lugar tiene un significado especial para De la Cruz, porque fue en esta playa donde su padre cruzó la frontera indocumentado antes de que ella naciera. Más tarde, su padre obtuvo un estatus legal gracias a una ley de amnistía del ex presidente Ronald Reagan.

El proyecto recibió apoyo financiero para su primera etapa —que incluyó la pintura de las primeras cinco caras— por parte de la UC Davis Mellon Public Scholar, que concedió 7.500 dólares a De la Cruz. Para la segunda y última etapa, presentada el sábado, recibió un fondo de 10 mil dólares de la UC Hispanic Serving Institution Pre-Professoriate Fellowship.

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 Lizbeth De La Cruz Santana, directora del proyecto
Lizbeth De La Cruz Santana, directora del proyecto, inició el mural como parte de su tesis doctoral, centrada en la deportación de los niños que llegan a Estados Unidos.
(Ana Ramírez/The San Diego Union-Tribune)

De la Cruz dibujó cada rostro en un gran trozo de lienzo, y muchos de los sujetos —a veces con ayuda de familiares u otros migrantes— ayudaron a pintar los contornos.

Posteriormente, el lienzo se colocó tira por tira en los pilares que conforman el tramo de valla fronteriza. Al participar, pudieron apropiarse de su propia narrativa, explicó De la Cruz.

El proyecto pretende mostrar lo difícil que puede ser la deportación para quienes llegaron a Estados Unidos —a veces como recién nacidos— y cómo deben reconstruir sus vidas en una patria que no conocen.

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También, cómo no pierden la esperanza de volver algún día con sus familias en Estados Unidos.

Es el caso de Alex Murillo, de 43 años, un veterano de la Marina estadounidense que llegó a Estados Unidos siendo un bebé. En 2011, dos días antes de Navidad, fue deportado por un delito de posesión de marihuana.

“La lucha ahora es por volver a casa”, dijo.

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“Al igual que cuando estábamos desplegados en el extranjero en una misión, siempre queríamos volver a casa, sanos y salvos con nuestra familia”.

Recientemente, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos anunció que llevará a cabo una revisión de las políticas y prácticas para garantizar que los miembros actuales y antiguos no ciudadanos y las familias inmediatas de los miembros militares, que reúnan los requisitos, puedan permanecer en EE.UU o regresar a dicho país.

Un vendedor camina por la playa mientras se termina un nuevo mural fronterizo en Playas
Un vendedor camina por la playa mientras se termina un nuevo mural fronterizo en Playas de Tijuana el sábado pasado.
(Ana Ramírez/The San Diego Union-Tribune)

Murillo, que ahora trabaja como entrenador de futbol americano en una escuela preparatoria de Rosarito, espera poder reunirse algún día con su familia en Phoenix.

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Roberto Vivar llegó a Estados Unidos cuando tenía 6 años. Fue deportado tras meterse en problemas por un cargo de robo menor en 2003, y fue deportado de nuevo en 2013.

Ahora, con 65 años, Vivar dijo que desea que con este mural se conozcan las verdaderas historias de los migrantes indocumentados a un nivel más personal, más allá de las estadísticas.

“Todos cometemos errores, de la misma manera todos podemos reconstruir nuestras vidas”, manifestó Vivar, quien en 2014 inició un grupo en Tijuana para apoyar a los veteranos deportados en honor a su hijo y su nieto, quienes son parte del Ejército de Estados Unidos.

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De la Cruz no tiene planes de retocar el mural, que se verá afectado con el tiempo debido a su proximidad al océano. Espera, por los materiales utilizados, que el mural dure al menos cinco años.

Quiere dejar constancia de que, mientras el mural esté en pie, hay tiempo para que los legisladores de ambos países trabajen sobre la inmigración. “Es tiempo suficiente para que Estados Unidos y México hagan algo para ayudar realmente a los deportados”.


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