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México resiste entre el aumento de Ómicron, pero los expertos advierten contra la autocomplacencia

People wait outside a pharmacy to get tested for COVID-19.
La gente espera afuera de una farmacia para hacerse la prueba del coronavirus en la Ciudad de México, el 10 de enero.
(Marco Ugarte / Associated Press)

En México se está registrando un número récord de casos de COVID-19.

CIUDAD DE MÉXICO— Después de que le dio tos y su médico le recomendó que se realizara una prueba de detección del COVID-19, Alejandro Cruz Esteban pasó tres días formado en largas filas intentando hacérsela.

Cuando finalmente consiguió una, se sentía mucho mejor y ahora le preocupaba no tener el virus.

“Si soy negativo, ¿cómo voy a justificar faltar días al trabajo?”, se preguntó el vendedor minorista de 49 años y padre de tres hijos.

México, como gran parte del mundo, está experimentando un aumento récord en los casos de coronavirus como resultado de la variante Ómicron altamente transmisible.

Sin embargo, comparado con el incremento de contagios del mes de enero de 2021, que desbordó las unidades de cuidados intensivos, así como los cementerios, generando un mercado negro de tanques de oxígeno y que mató al padre de Cruz, esta última fase de la pandemia hasta ahora ha cobrado un precio mucho más leve en México.

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Las largas filas para realizarse las pruebas de COVID-19 han reemplazado a las salas de hospitales abarrotadas como la imagen característica de la encarnación actual del virus en México, que muchos aquí indican que se siente menos como una amenaza de muerte y más como una molestia.

Muchas personas faltan a laborar o a la escuela a medida que se propagan las infecciones y el miedo. El diario El Universal estimó que el 15% de los empleados del transporte público, la manufactura y otros sectores en la Ciudad de México podrían estar sin trabajo.

Pero las defunciones y las hospitalizaciones no están ni de cerca de sus puntos más álgidos.

“Esta variante del COVID no tiene la letalidad, el peligro de la anterior, la llamada Delta”, declaró sonriente el presidente Andrés Manuel López Obrador en un discurso en video la semana pasada después de revelar que se había recuperado de un segundo contagio de coronavirus con nada más que Vicks VapoRub y otros remedios para el resfriado de venta libre.

“Esta variante produce síntomas muy leves, el equivalente a una gripe”, comentó. “Estoy muy contento porque significa que esta pandemia está terminando”.

Los expertos subrayaron que eso es una ilusión.

Si bien atribuyen a la vacunación generalizada, con tasas comparables a las de Estados Unidos, por la reducción de enfermedades graves y muertes, advierten que es probable que la situación se vuelva mucho más difícil a medida que el país experimente el impacto total de la ola actual.

“Aquellos que consideran que la variante Ómicron es solo un pequeño resfriado están equivocados”, comentó esta semana en Twitter el doctor Alejandro Macias, un especialista en enfermedades infecciosas que lideró la respuesta de México a la pandemia de gripe porcina de 2009. “Todavía habrá más casos y muertes. Los hospitales y las [salas] de cuidados intensivos seguirán llenándose”.

El miércoles, México registró 60.552 nuevos casos de coronavirus, rompiendo el récord de 49.343 establecido un día antes.

Las hospitalizaciones se han incrementado en las últimas semanas, pero los nosocomios de todo el país solo están llenos en un 37%, muy por debajo del nivel del 61% alcanzado el año pasado. En la Ciudad de México, más del 80% de los pacientes con COVID-19 que requirieron internarse no están vacunados.

En cuanto a las defunciones, el promedio diario oficial durante la última semana es de aproximadamente 193, más que a mediados de diciembre, pero menos de una quinta parte del punto más alto por día del año pasado, cifra que llegó a más de 1.000 fallecimientos.

Aun así, las tendencias actuales son lo suficientemente inquietantes como para que los científicos hayan renovado los llamados a tomar precauciones para reducir los contagios.

A diferencia de Estados Unidos y muchos otros países, México aún no exige que los viajeros que llegan del extranjero presenten pruebas negativas de coronavirus. Los requisitos para el uso de cubrebocas son en su mayoría voluntarios. Tanto los turistas de otras naciones como los nacionales han acudido en masa a las playas y lugares nocturnos mexicanos, y el gobierno de López Obrador ha mostrado poca disposición a imponer nuevas restricciones.

La oleada de Omicron ha creado una demanda abrumadora de pruebas de coronavirus. Los laboratorios y los fabricantes han tenido dificultades para seguir el ritmo.

“Están dejando circular el virus de manera indiscriminada, nadie está pidiendo pruebas para entrar a ningún lado, nada está cerrado”, señaló Rodrigo Jácome, virólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, al diario La Razón. “Lo que esto demuestra es la ausencia de una estrategia”.

El número oficial de decesos en México por COVID-19 es un poco más de 300.000. Pero los estudios que analizan el “exceso de muertes”, la cantidad de personas que han fallecido recientemente en comparación con los años anteriores a la pandemia, sugieren que la cifra real de defunciones en territorio mexicano puede ser el doble o más de los datos gubernamentales.

Y debido a que el gobierno mexicano ha restado importancia a las pruebas durante mucho tiempo (México tiene una de las tasas de exámenes del COVID-19 más bajas del mundo), el país nunca ha tenido una cifra precisa de cuántas personas están contagiadas.

Los sitios de prueba ahora están saturados.

“Si llegas a esta fila sin COVID, seguramente te irás con coronavirus”, comentó Esther Galindo Suárez, de 32 años, una recepcionista que estaba formada entre decenas de personas en la hilera afuera de una clínica pública que ofrece pruebas gratuitas en la Ciudad de México. “Aquí no hay nada del famoso distanciamiento social. Y lo único que se escucha es gente tosiendo y sonándose la nariz”.

Agregó que no tenía síntomas, pero que su empleador la obligó a hacerse la prueba.

“Con esta pésima organización, lo único que está logrando el gobierno es asegurar más casos de COVID”, señaló Galindo. “Si tuviera el dinero, me iría de este lugar de inmediato e iría a una clínica privada”.

En cuanto a Alejandro Cruz, finalmente dio positivo y su tos ha regresado, lo que atribuye a haber tenido que esperar en el frío para hacerse la prueba.

Su hija de 16 años y su hijo de 20, ambos alumnos universitarios que estudian desde casa, también tienen síntomas. Pero Cruz los disuadió de hacerse la prueba y exponerse a las personas formadas en las filas.

“No es cierto lo que dice López Obrador, que esta variante es muy leve y desaparece en solo tres días si usas VapoRub”, indicó Cruz. “Al menos no si tiene que salir temprano en la mañana para hacer fila durante horas para hacerse la prueba”.

McDonnell es redactor de The Times. Sánchez es una corresponsal especial.

Si quiere leer este artículo en inglés,haga clic aquí.


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