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Puertorriqueños y españoles restauran el fortín que defendió a San Juan

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EFE

San Juan, 14 sep (EFEUSA). - Puertorriqueños y españoles se han unido para continuar con la restauración del Fortín San Jerónimo de Boquerón, el bastión más pequeño pero considerado el más importante, construido en el siglo XVIII, y que durante cientos de años defendió la capital de San Juan.

El arquitecto Juan Vera, del Consejo de Arqueología Subacuática -adscrito al Instituto de Cultura Puertorriqueña, el también boricua Ismael Rodríguez, y los españoles Rafael Gómez Aguilar y Manuel Minero son los restauradores.

En entrevista con Efe, Vera indicó que los trabajos de limpieza y reconstrucción de lo que él considera “El altar de la puertorriqueñidad” por los eventos que se vivieron allí, particularmente por la invasión en 1797, arrancaron en el año 2007.

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“Ahí empezamos a intervenir con la estructura”, recordó Vera, quien a diario realiza una limpieza básica al área, pero también una restauración estructural al puente de acceso al fortín debido a que las olas provocadas por el huracán María el año pasado agravaron más el paso.

Gómez, por su parte, dijo a Efe que el trabajar -todos los viernes unas cinco horas por los pasados al menos cuatro meses- en la restauración del fortín lo convierte en el “hombre más feliz del mundo”, porque se siente “privilegiado” de la labor que realiza en un bastión que usó el Ejército español como defensa militar.

Gómez, de 39 años, dijo que fue Minero quien le invitó a que se uniera al grupo de limpieza del fortín, estructura que “ni la más remota idea” de lo que era, hasta que llegó allí por primera vez y lo encontró “bien triste, pobre y lleno de basura”, pero cuya perspectiva ahora es muy diferente.

Tanto es así que cada viernes que se va del fortín hacia su casa, ya sueña con que sea el de la semana siguiente para regresar al fortín.

Diego Menéndez, gobernador de la isla entre 1582 y 1593, fortificó la primitiva construcción de Punta de Boquerón con el objetivo de emplazar allí piezas de artillería para proteger la segunda entrada de la bahía de Puerto Rico.

La construcción original defendió a San Juan de los ataques de los británicos Sir Francis Drake en 1595 y Sir George Clifford en 1598.

Sin embargo, según Vera, el fortín se reconstruyó después de que el soldado de origen irlandés al servicio de la Corona española, Alejando O’Reilly, viniera a la isla a mediados del siglo XVIII para hacer una reestructuración del ejército y estructuras defensivas.

Fue entonces que “posiblemente la estructura más importante de Puerto Rico”, según la considera Vera, se comenzó a construir por el Cuerpo de Ingenieros del ejército español en 1791 y terminada en 1796, a tiempo para la invasión británica un año después.

Vera detalló que algunos de los materiales que se usaron para levantar el fortín fueron piedra de arenisca, que es un tipo de roca porosa que ayuda a que entre y salga humedad e igual calor, ladrillo de baja cocción y argamasa de cal.

El Fortín San Jerónimo de Boquerón fue el bastión más reciente que se construyó de los cuatro más importantes del Viejo San Juan, siendo el más antiguo el Castillo San Felipe del Morro, seguido del Fortín San Cristóbal y el Fortín San Juan de la Cruz, también conocido como “El Cañuelo”.

“Muy pocos enemigos se atrevieron a retar esas fortificaciones porque eran grandes y fuertes, pero el San Jerónimo cumplía el mismo rol, pero a una escala más pequeña”, dijo Vera.

Fue después de que Inglaterra perdiera sus 13 colonias ante los Estados Unidos, que decidió concentrarse en conquistar el Caribe.

Su afán llegó al punto de que quería intercambiar Gibraltar a España a cambio de Puerto Rico, pero el Gobierno español no aceptó “por la importancia geográfica” que tiene la isla en el Caribe, prosiguió contando Vera.

Inglaterra, por su parte, no estuvo satisfecho con la decisión del Gobierno español y envió a Puerto Rico la invasión más grande, dirigida por Ralph Abercromby, con más de 14.500 tropas contra 6.411 locales.

“Esta fortificación vio más batallas que el San Cristóbal y el Morro juntos”, dijo Vera.

El fortín consta de dos niveles, teniendo en la segunda planta cinco cañones, tres de ellos de doce libras, otro de 18 y un quinto, de origen español, que podría disparar un proyecto de 80 libras a casi 3 kilómetros de distancia.

La altura de la estructura permitía que los cañonazos se lanzaran a 22 grados y provocaban que la bomba lograra un tiro de rebote sobre el agua, pegara al barco enemigo en su línea de flotación y lo hundiera.

“Si hubiésemos perdido la batalla de 1797, hubiese otra historia”, puntualizó.

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