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OPINIÓN: Conversatorio sobre el papel de la comunidad en Los Ángeles: Las áreas de oportunidad

Cortesía

Hace unos días se llevo a cabo un conversatorio virtual sobre el papel de la comunidad mexicana y mexicoamericana en Los Ángeles. Dicho evento fue convocado por la Embajadora Marcela Celorio, Cónsul General de México en Los Ángeles, como parte de una serie de charlas sobre diferentes aspectos del mismo tema, en el que participaron la misma Embajadora, como moderadora, la actriz y escritora Yareli Arizmendi, el empresario y filántropo, Cisco Pinedo, y yo, como invitados a la mesa de conversación.

En los dos conversatorios previos habíamos escuchado argumentos acerca del papel y la relevancia de la comunidad mexicana y mexicoamericana en la construcción de la sociedad angelina, incluso como parte intrínseca de su DNA, a lo largo de su historia, en mayor o menor grado, y en unos ámbitos más que en otros. Se trataba ahora de discutir acerca de cómo podría crearse más comunidad y con ello acrecentar su valor y reconocimiento.

Mi argumento principal fue que el papel que le ha tocado jugar a la comunidad mexicana y mexicoamericana no se corresponde con un reconocimiento público de igual tamaño y magnitud, por parte de los otros actores sociales y la sociedad en general, por un déficit de presencia en tres áreas importantes:

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  • Participación cívica
  • Participación política
  • Narrativa más completa (o menos fragmentada), más convincente y positiva acerca de su papel histórico y actual.

Participación cívica: Quizá por un sesgo cultural a favor de la familia, o por otros factores, la comunidad mexicana o mexicoamericana mantiene un déficit de participación cívica en muchos ámbitos sociales.

En el área educativa, por ejemplo, y por diferentes factores, los padres no se involucran en las organizaciones de las escuelas de sus hijos tanto como lo hacen otros grupos étnicos o comunidades.

Fuera de los clubes de oriundos, tampoco hay mucha participación en clubes sociales tipo Rotary y otros de estilo similar. Los clubes de oriundos son muy activos y numerosos, pero me parecen muy encasillados en sus propias tribus, sin buscar colaboraciones con otras organizaciones de otros grupos. La COFEM, bajo la batuta de Miguel Ángel Pérez y Paco Moreno, creo que finalmente ha logrado hacer un buen trabajo profesional y tratando de vincular a los clubes entre si, pero aún así tienen un área de oportunidad enorme, sólo con buscar vincularse con otros grupos de mexicanos, para no hablar de otras organizaciones de otros grupos étnicos y comunidades.

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Cortesía.

En el área que yo más conozco, la participación de mexicanos o mexicoamericanos en organizaciones empresariales es relativamente reciente. El nombramiento de María Salinas, el año pasado, como directora general de la Cámara de Comercio de Área de Los Ángeles, marcó un hecho histórico. Nunca una persona de origen mexicano y además mujer, había ocupado ese puesto. Pero hay más organizaciones. Por años participe en EO (Entrepreneurs Organization), capítulo Los Ángeles, y de 120 miembros, éramos 2 o 3 latinos o mexicanos.

En otras áreas, como los think tanks o los centros culturales la situación no es muy diferente. Espacios como el Pacific Council o Zócalo Public Square necesitan más participación de mexicanos. Casi no existe, salvo en los pequeños centros culturales muy enfocados a nuestro propio grupo étnico. Y en Hollywood, la presencia de grupos mexicanos como tales es casi invisible, por más que contemos con muchos mexicanos galardonados con la máxima presea del Oscar.

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Incluyo en este apartado, la participación en organizaciones binacionales, tipo la Asociación de Empresarios Mexicanos (AEM) o Fuerza Migrante de Don Jaime Lucero, que buscan influir en las decisiones colectivas tanto de aquí como en las de México. En esta área, la participación y creación de comunidad apenas comienza, pero es necesario mantener un balance. En muchas ocasiones, las organizaciones de mexicanos en Estados Unidos se orientan más hacia los asuntos de México, en lugar de orientarse a los asuntos locales, y las organizaciones de mexicoamericanos se canalizan más hacia lo local, olvidándose de México, salvo para ir de paseo o de visita familiar. Claramente hay aquí una enorme área de oportunidad para seguir construyendo comunidad.

Participación política: En cuanto a participación política el peso demográfico de los mexicanos y mexicoamericanos en Los Ángeles, o para el caso en Estados Unidos en general, tampoco se corresponde con su presencia en órganos de gobierno, aunque va rápidamente en ascenso.

A nivel local, de los 5 miembros de la Junta de supervisores del Condado de Los Ángeles, sólo un miembro es latino o mexicano, Hilda Solís, en un condado de 10 millones de habitantes, donde el 50% es latino, con una abrumadora mayoría de mexicanos y mexicoamericanos.

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El municipio de Los Ángeles, con 4 millones de habitantes, de los cuales un tercio son mexicanos o mexicoamericanos, tiene un cabildo de 15 miembros de los cuales sólo 4 de ellos son de origen mexicano o latino. Y así con otros órganos de gobierno.

A nivel del gobierno del Estado de California, hay 80 representantes en la asamblea estatal y sólo una cuarta parte son de origen mexicano o latino, en un estado de 40 millones de personas, de las cuales el 40% es mexicano o de origen mexicano o latino. Lo mismo en el senado estatal, que, de 40 asientos, sólo el 20% es latino o mexicano.

Así que también aquí hay una enorme área de oportunidad de crear comunidad. ¿Y cómo se aprovecha? Con mayor participación electoral.

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Según el Pew Research Center, en este 2020, el voto latino representará el grupo étnico más grande de votantes elegibles, con 32 millones de votantes, más que los 30 millones de votantes elegibles de los afroamericanos. El problema es que, tradicionalmente, menos de la mitad de esos votantes elegibles votan. En 2016, sólo el 47.6 % de electores elegibles votó en la elección de ese año, comparado con el 65% de blancos, 59% de los afroamericanos y 49 de los asiáticos. Si queremos crear comunidad, empecemos por ahí también.

Narrativa: El historiador israelita Yuval Noah Harari asegura en su libro Homo Sapiens, que el gran salto civilizatorio de la humanidad se dio cuando el hombre estuvo en condiciones y fue capaz de crear “comunidades imaginarias”, con el poder de cautivar a los individuos y generar una cooperación y movilización masiva entre ellos. Las sociedades primitivas vivieron por miles de años en comunidades íntimas de muy pocos miembros, en donde todos se conocían perfectamente unos con otros. Hasta la fecha, los psicólogos sociales aseguran que la capacidad de un ser humano para conocer íntimamente a otras personas no rebasa los 150 individuos, independientemente de que se tengan mil o dos mil “amigos” en Facebook. Sin embargo, la invención de estas “comunidades imaginarias” en algún momento de la evolución humana, permitieron agrupar y movilizar a grupos humanos en gran escala, sin la necesidad de conocer íntimamente a cada uno de sus miembros.

Claro, la desintegración de las comunidades íntimas en la sociedad moderna ha generado toda una serie de nuevos problemas sociales, pero eso es otra historia. Yo ya no conozco a mis vecinos, no soy parte de la comunidad geográfica donde vivo, pero si tengo la opción de vincularme con una comunidad o serie de comunidades en función de mi profesión, mis pasatiempos, mis intereses. Aparentemente, los seres humanos no podemos florecer sin sentirnos parte de una comunidad íntima, con vínculos más estrechos y profundos. Hay que hacerlo, pero sin perder de vista el panorama más amplio de la comunidad en general.

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Aquí el tema es que esas “comunidades imaginarias” se apoyan necesariamente en una narrativa, un mito o historia fundacional, que activa la movilización de grandes grupos hacia un objetivo en común. Un ejemplo de comunidades imaginarias son los países, con todo y sus extravagantes mitos fundacionales como narrativa que da vida y forma a la comunidad imaginaria llamada México, Estados Unidos, España, o incluso las empresas, con sus cuentos de garajes en Sillicon Valley. De esa narrativa nace una identidad colectiva que llama, que jala, que incita a la acción y a la movilización.

En mi opinión, la comunidad mexicana y mexicoamericana en Los Ángeles y, para el caso, en Estados Unidos en general, carece de una narrativa coherente, convincente y positiva. Hay historias por aquí y por allá, del valor y la participación de la comunidad frente el resto de la sociedad, pero es una narrativa fragmentada, incompleta y sin el elemento movilizador. Si esa narrativa existiera, no estuviéramos llevando a cabo estos conversatorios, o los lleváramos a cabo de manera distinta.

Creo que nos encontramos todavía en el proceso de descubrir y conocer nuestra historia, articularla y comunicarla adecuada y eficientemente frente a nosotros mismos y frente al resto de la sociedad angelina y americana en general.

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No tenemos claridad sobre quiénes somos, de dónde venimos, qué hemos aportado y cómo quisiéramos integrarnos de lleno con el resto de la sociedad.

Necesitamos, como muchos lo han dicho, yo entre ellos, un museo mexicano en Los Ángeles de primer nivel mundial que gráficamente nos presente esa narrativa.

Necesitamos más cineastas que nos cuenten la historia, que nos relaten mil historias de cómo los mexicanos hemos sido “víctimas y protagonistas” simultáneamente de la historia de esta gran ciudad de Los Ángeles y de este gran país, Estados Unidos. Ahí otra gran área de oportunidad para crear comunidad.

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*El doctor Javier Martínez es presidente de la Asociación de Empresarios Mexicanos (AEM-California). Especialista en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford, Inglaterra.


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