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Opinión: El paisaje en llamas de California es una prueba del rápido cambio climático

The Bobcat fire rages above Rincon Fire Station on Highway 39 in the San Gabriel Mountains.
El incendio de Bobcat arrasa la estación de bomberos de Rincón en la autopista 39 en las montañas de San Gabriel.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

En lo que va del año, California ha experimentado tres de los cuatro siniestros más grandes en la historia del estado y apenas estamos entrando en la temporada de incendios tradicional. Dieciséis de los 20 mayores incendios han ocurrido desde 2007, nueve de ellos solo en los últimos cinco años.

Cada vez que California sufre una temporada de incendios particularmente mala, nos hacemos las mismas preguntas: ¿Cómo podemos prevenir incendios destructivos en el futuro? ¿A dónde podríamos acudir para obtener más recursos? ¿Qué podemos hacer para ayudar a quienes perdieron sus hogares y negocios?

Una solución a corto plazo es la Ley de seguridad pública y de incendios forestales de emergencia, un proyecto de ley que presenté el mes pasado con el senador Steve Daines (R-Mont.) para llevar a cabo proyectos de mitigación de incendios forestales, mantener bosques más saludables y ayudar a las empresas y residencias a limitar sus riesgos de futuros siniestros.

Pero los pasos inmediatos para combatir los incendios forestales solo nos llevarán hasta cierto punto. Debemos reconocer que la causa fundamental de esta devastación es el cambio climático, que también ha dado como resultado sequías devastadoras y el aumento continuo del nivel del mar.

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Podemos financiar a todos los bomberos y camiones cisterna del mundo; podemos inyectar miles de millones de dólares en costosas infraestructuras de agua; podemos rodear las ciudades bajas con rompeolas, pero nunca nos adelantaremos a estas crisis hasta que hagamos las inversiones necesarias para revertir el curso del cambio climático.

California conoce muy bien la devastación de un clima cálido y ha sido un líder mundial en la transición hacia un futuro sin carbono.

En 2018, el estado promulgó la SB 100, una ley pionera que requiere que el 100% de la electricidad de California provenga de energía limpia para el año 2045. Los críticos dijeron que esto era imposible, pero California está adelantada a lo programado para cumplir con este objetivo. Más de un tercio de la electricidad del estado proviene ahora de fuentes limpias como la energía solar y eólica.

El proceso no ha sido perfecto. Un desafío persistente son los apagones continuos debido a las olas de calor y como medida de prevención de incendios forestales cuando los vientos son fuertes. Pero estos son los tipos de obstáculos que podemos superar para evitar las calamidades más grandes que enfrentaríamos de otra manera.

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Incluso con un enfoque estatal para abordar el cambio climático, California no puede alcanzar sus objetivos por sí solo. Necesitamos que el gobierno federal se asocie con California y otros estados en la adquisición y construcción de infraestructura de energía limpia, para incluir más parques solares y eólicos y la construcción de baterías de alta eficiencia para almacenar una mayor capacidad.

Como integrante demócrata del subcomité del Senado que financia tecnologías de energía limpia, he trabajado duro con el senador Lamar Alexander (republicano por Tennessee), presidente del subcomité, para ir en esa dirección.

El Congreso aumentó la financiación para programas de energía renovable en más de $400 millones este año, el nivel más alto de la historia. Nuestros laboratorios nacionales, como Lawrence Livermore y Lawrence Berkeley, recibieron $7 mil millones para investigación sobre inteligencia artificial dirigida a mejorar las tecnologías de energía y baterías para complementar la energía eólica y solar y hacer que nuestros autos sean más limpios.

El Congreso incluso financió, por primera vez en la historia, una investigación sobre cómo eliminar de forma rentable el carbono directamente del aire. Y mientras el presidente Trump trató de recortar los fondos para la Agencia de Protección Ambiental en $1.7 mil millones, el Congreso lo aumentó en $207 millones, incluso para digestores anaeróbicos que produzcan combustibles a partir de desechos.

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Por supuesto, desarrollar tecnologías más limpias no es el único paso. También necesitamos reducir la demanda de energía. Aquí los desafíos son sustanciales. ¿Cómo podemos reducir el uso de energía a través de nuevas tecnologías sin imponer nuevos costos a los trabajadores? ¿Cómo podemos instar a China e India a tomar acciones similares? ¿Y qué acciones puede tomar el Congreso para ayudar a reducir el uso de energía y las emisiones?

Un paso importante es ponerle precio al carbono. El año pasado, el senador Chris Coons (D-Del.) y yo presentamos la Ley de Reembolso por Acción Climática. Este proyecto impondría una tarifa creciente a las emisiones de gases de efecto invernadero y tiene como objetivo reducir las emisiones de carbono de EE.UU en un 55% para 2030 (desde los niveles de 2017) y alcanzar emisiones cero netas de carbono para 2050. Esto proporcionaría fondos de los ingresos de la tarifa de carbono para estadounidenses de ingresos bajos y medios como dividendo mensual. El resto de los ingresos se gastaría en infraestructura, investigación y asistencia para la transición de trabajadores y comunidades.

No existe una fórmula mágica para crear una economía de energía limpia y sostenible, pero cada acción tangible que tome el Congreso puede marcar la diferencia al desviarnos del camino calamitoso en el que estamos.

Hemos visto cierto éxito en asegurar más fondos para energía limpia bajo un Senado controlado por los republicanos. Haremos aún más si los demócratas retoman el Senado y la Casa Blanca.

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California está haciendo su parte. Necesitamos que el gobierno federal haga lo mismo.

Dianne Feinstein es senadora federal por California.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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