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El qué y porque desde Washington: La OEA es… otro engaño americano

En esta fotografía divulgada por la Oficina de Prensa de la Presidencia de México
En esta fotografía divulgada por la Oficina de Prensa de la Presidencia de México, líderes de América Latina y el Caribe posan para una foto grupal en un patio del Palacio Nacional durante la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en la Ciudad de México, el sábado 18 de septiembre de 2021. (Oficina de Prensa Presidencial de México, vía AP)
(ASSOCIATED PRESS)

El presidente de México está convencido de que hay que cambiar la ecuación que siempre enfrenta a los Estados Unidos del Norte, con los Estados Desunidos del Sur, porque, precisamente por esa desunión, los países latinoamericanos terminan siempre perdiendo. Y por eso a mucha gente en América Latina le parece que la OEA no sirve para nada.

Andrés Manuel López Obrador convocó a Latinoamérica entera para que agrupada en una nueva organización adquiera la fuerza de la unidad, algo similar a lo que hicieron los países europeos creando su Unión Europea. La propuesta mexicana, sin embargo, va más allá, porque en ese proceso los países latinoamericanos eliminarían a la Organización de Estados Americanos y con ello se saldrían de la tutela de Estados Unidos. En el nuevo foro latinoamericano no habría lugar para una participación estadounidense.

Brasil no aceptó la invitación. Su mayor problema es que la organización que representaría al continente es la CELAC, La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y eso representa varios problemas; el primero es que fue creada por Hugo Chávez Frías, el padre del fracaso y la ruina venezolana, la segunda es que la organización le daría enorme fuerza a Cuba y a Nicaragua, en donde no hay democracia y lo único que abunda es la miseria, y el autoritarismo, dos cualidades que a cualquier gobierno latinoamericano le asustan. Por eso Uruguay y Paraguay, dijeron ahí mismo; Gracias, pero no gracias.

Solo 3 días después de esa reunión en la Ciudad de México, en su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Joe Biden describió una nueva doctrina de relaciones exteriores en la que el liderazgo cívico estadounidense, tomará el lugar del liderazgo militar estadounidense. En ese discurso ante la ONU destacó a la OEA, algo que francamente ningún presidente ha hecho nunca.

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Pero Biden se da cuenta perfectamente de lo que ocurre y por eso ante el mayor foro político del planeta el presidente de Estados Unidos dijo que su gobierno actuará como una fuerza impulsora para resolver los problemas persistentes en el mundo: como el coronavirus, el cambio climático y la guerra cibernética.

Y aunque Biden no destacó a China como la amenaza global dominante, insistió en que Estados Unidos buscaría contrarrestar el aumento de autocracias mientras evitaba “Una Nueva Guerra Fría” con los países grandes, que buscan nuevas aventuras en países más pequeños. Una clara referencia a que el invitado de honor a la reunión Latinoamericana en la Ciudad de México fue Xi Jing Ping, el jerarca “presidente” Chino.

El 17 de septiembre, Luis Almagro el Secretario General de la OEA, hablando ante el Consejo de las Américas en Washington en el vigésimo aniversario de la adopción de la Carta Democrática Interamericana, no se aguantó y afirmó que la organización es más importante y relevante que nunca.

El problema es que los países que solapan al régimen de Maduro en Venezuela, reconociéndolo como auténtico, ven en Almagro al mismo diablo, al vehículo que Estados Unidos usa para meter la nariz en toda América Latina, aunque no lo inviten.

A Almagro, esto parece motivarlo más a comunicarles la verdad. Por ejemplo a decir que, América Latina sigue siendo la región más violenta y desigual en el mundo.

Que América Latina tiene la mayor corrupción gubernamental, y que ya en el resto del mundo, esa corrupción se considera endémica.

Que en América Latina el narcotráfico y la violencia delictiva organizada, ya crearon condiciones de pesadilla, en la que los gobiernos han sido infiltrados por las organizaciones criminales.

Que en América Latina también, la gobernabilidad democrática está decayendo, además que ya es inexistente en Nicaragua, donde el régimen de Daniel Ortega, al igual que el de Maduro en Venezuela y el de Díaz Canel en Cuba son una caricatura de democracia y una muestra de totalitarismo autoritario.

Almagro ha repetido que el Triángulo Norte formado por El Salvador, Honduras y Guatemala no ha hecho nada para dejar de expulsar a su gente todos los días, que no tiene más remedio que huir despavorida a otros países para escapar del hambre, la miseria y la inseguridad.

Cuando usted lee lo anterior, se da cuenta porque el régimen venezolano de Nicolás Maduro odia a la OEA y a su dirigente, porque ahí se ha dicho en foros continentales que Venezuela ya generó más de cinco millones de refugiados que huyen de la represión política, la escasez y la criminalidad.

Y aquí, en justicia hay que incluir otro señalamiento de culpabilidad y este es a Estados Unidos, que hace años se alejó de la región poniéndola en una especie de piloto automático, y que más que acercarse a buscar soluciones reales, nuevas y creativas al dolor latinoamericano, solo envió a su vicepresidenta a decirle al continente, “No vengan a Estados Unidos”. Por todo lo anterior Biden necesita reencausar a su Departamento de Estado para que vuelva a ser un socio activo de los países latinoamericanos.

En la reunión convocada por López Obrador en la Ciudad de México, nadie propuso divorciarse de Estados Unidos, y no lo hicieron porque habría sido una necedad, las razones son varias;

Estados Unidos tiene más acuerdos de libre comercio con América Latina que cualquier otra región.

Más del cuarenta por ciento de todas las exportaciones de manufactura de EE.UU se venden a nuestros socios del hemisferio occidental.

Muchas de las drogas ilegales que ingresan a los EE.UU se originan en varios países latinoamericanos, al igual que una enorme proporción de la población migrante indocumentada, que necesita ayuda y soluciones urgentes en sus países de origen. Solo vea la tragedia haitiana.

Finalmente, Estados Unidos debería estar comprometido a tener una política distinta, dinámica, imaginativa y contemporánea. Después de todo, ya hoy es el segundo país de habla hispana más grande del mundo después de México.

La reunión de la CELAC hizo obvio que Estados Unidos necesita comprometer al continente y comprometerse con el continente-- De lo contrario, el continente seguirá alejándose y continuará diciendo que la OEA, es Otro Engaño Americano.


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