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OPINIÓN: Urge un ‘Plan Marshall Tropical’ para el Triángulo del Norte

Migrantes que forman parte de una caravana que aspira con llegar a Estados Unidos esperan en una línea
Migrantes que forman parte de una caravana que aspira con llegar a Estados Unidos esperan en una línea para que agentes de la policía revisen su documentación en Corinto, Honduras, el sábado 15 de enero de 2022.
(Delmer Martinez / Associated Press)
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En la política exterior de Estados Unidos hay muchas acciones que cambian el mundo para bien, generando aliados estratégicos y fomentando un ambiente de democracia y prosperidad sistémica. Dos ejemplos son el Plan Marshall (Programa de Recuperación Europea) después de la Segunda Guerra Mundial y su réplica en el Sudeste Asiático el Plan MacArthur.

El Plan Marshall sentó las bases de las democracias y los mercados europeos. Sus objetivos eran eliminar las barreras comerciales, modernizar la industria, mejorar la prosperidad y evitar la expansión del comunismo. Lo mismo ocurrió en el sudeste asiático con el plan MacArthur, que fue el inicio para que nacieran las economías de los llamados “Tigres Asiáticos”. Esta iniciativa americana de ayuda a Europa Occidental estuvo en funcionamiento durante cuatro años, y menos de una década en Asia.

Si Joe Biden y Antony Blinken están seriamente interesados en resolver sus problemas de inmigración, narcotráfico y lavado de dinero que sangran a través de su frontera sur, ahora más que nunca, dada la “nueva” forma de relacionarse que tiene México, es necesario un mini Programa Marshall/MacArthur en el Triángulo Norte. Este nivel de compromiso por parte de Estados Unidos es la única manera de promover la paz y contrarrestar la desesperanza en sus pequeños, pero estratégicamente relevantes, vecinos del patio trasero del sur.

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Esta vez el objetivo central no es detener el comunismo, como después de la guerra, sino despojar a los cárteles de la droga y a las bandas de su creciente poder. Las poblaciones de Centroamérica están de rodillas. Un programa Marshall/MacArthur tropical ofrece una oportunidad para que Estados Unidos construya aliados inteligentes en la región con poblaciones que construyan sus países, no que escapen de su desesperanza diaria y se dirijan al norte.

Más de 1,000 personas salieron desde San Pedro Sula, Honduras el miércoles, luego se han sumado otros grupos.
Más de 1,000 personas salieron desde San Pedro Sula, Honduras el miércoles, luego se han sumado otros grupos.
(EFE)

Por supuesto que no es fácil, hay muchos obstáculos locales, sostenidos por los títeres de los poderes oscuros locales, y hay herramientas como la Oficina de Control de Activos Extranjeros -OFAC- que ayudan a controlar la sangre -el dinero- del crimen organizado en países como el Triángulo Norte de Centroamérica, que funciona mucho mejor que los twiters o tip tocks del departamento de estado y de las embajadas estadounidenses ubicadas en estos países.

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Pero, ¿de dónde viene todo este desastre en Centroamérica que obliga a migrar a mucha gente hacia el norte?

Durante las últimas décadas, la política exterior de Estados Unidos cometió errores emblemáticos. Entre los errores más notables de la política exterior de Estados Unidos se encuentran (1) la Operación Ajax para derrocar a Mohammad Mosaddegh de Irán y fortalecer el gobierno monárquico de Mohammad Reza Pahlavi el 19 de agosto de 1953, la primera acción encubierta de Estados Unidos para derrocar a un país. (2) el derrocamiento del guatemalteco Arbenz en 1954. (3) la guerra de Vietnam, que supuso la pérdida de vidas estadounidenses y cambió la mentalidad de los norteamericanos durante el último medio siglo.

Según el PhD. Jelf Kolnick, profesor de Historia de la Universidad de Minnesota, estos tres acontecimientos representan los tres mayores errores de la política exterior estadounidense en el último siglo.

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La política exterior de Estados Unidos en los países del Triángulo Norte, Guatemala, El Salvador y Honduras, continúa la tendencia de errores estratégicos que tienen consecuencias a largo plazo. En el Triángulo Norte, el crimen y el panorama económico abruman la esperanza de la gente. Muchos consideran a Oliver North como el patrocinador original de la política fallida de Estados Unidos en el Triángulo Norte, al enseñar a las fuerzas de seguridad locales a incautar las drogas de los cárteles para financiar la guerra contra Nicaragua en la década de 1980. Los políticos locales corruptos han adoptado esta práctica y ahora dependen en gran medida de los cárteles de la droga locales para financiar sus campañas.

Sin embargo, la administración Trump apoyó a este tipo de políticos. La Administración reconoció al presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, ahora en una cárcel estadounidense por sus fuertes alianzas con los cárteles de la droga y las bandas. Fue elegido en unas elecciones fraudulentas para tomar el control de una manera que se asemeja a los años 60, el daño está hecho. A pesar de la ayuda estadounidense, San Pedro Sula, en Honduras, se ha convertido en una de las tres ciudades más violentas del mundo. Elecciones más fraudulentas se están llevando a cabo en Centroamérica, dado ese ejemplo, y no vemos más que una torpe política exterior de EE. UU. en la zona

Como nos enseña la tercera ley de Newton, toda acción tiene una reacción igual y opuesta. La fallida política exterior de Estados Unidos en el Triángulo del Norte contribuye a la inmigración y al tráfico de drogas entre otros fenómenos. La administración de Biden toma el error de Trumps, y construye una política exterior en la zona apoyada en este desastroso enfoque. Sabemos los resultados que se avecinan: Oleadas de más personas y niños que pierden la esperanza y buscan llegar a Estados Unidos.

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Parece que los miembros del equipo de Biden en el Departamento de Estado aún no se dan cuenta de que, si los gobiernos depredadores reinan, los ciudadanos tratarán de escapar, y todos los caminos van hacia el norte cuando te quitan la esperanza; el “sueño americano”, es la única salida.

La amenaza de Trump en el pasado de recortar las ayudas del gobierno hizo reír a los políticos locales. El escaso apoyo de Estados Unidos a los países del Triángulo Norte se centra en la logística y los recursos humanos para combatir el narcotráfico, un tema al que los políticos centroamericanos se resisten en silencio.

El reciente plan de la administración de Biden está mal diseñado y ofrece pocos recursos sustantivos, que se llevarán en su mayoría empresas estadounidenses de consultoría, como está diseñado el trabajo de USAID. Sencillamente, a nadie le importa. 240 millones de dólares anuales por país durante 5 años es una gota de agua, incluso en estas pequeñas naciones tropicales.

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Por otro lado, desde hace sesenta años, los académicos en desarrollo económico lanzan las teorías de que el tiempo, o las vulnerabilidades basadas en el clima, son determinantes en el crecimiento económico y el desarrollo. Taiwán, Tailandia y Singapur, son redundantemente ejemplos de ello; eso es algo que debe considerar la vicepresidenta Kamala Harris, llegando a entender los problemas económicos de la zona, que van más allá de tener un clima soleado.

Este panorama se basa en una realidad de mercados subdesarrollados, un gobierno depredador, y un crimen organizado que gobierna la zona. La única esperanza para una relación inteligente entre estos pequeños países es la implementación de un mini plan Marshall, que inicie una nueva forma de relaciones que fomente la democracia y las oportunidades para todos.

Miguel Gutiérrez, es un macroeconomista guatemalteco egresado de la Universidad Católica de Chile, con estudios de Política Fiscal en Harvard University. Consultor de la ONU, Banco Mundial, BID. Actualmente es director del Centro de Estudios de Desarrollo Económico FEDES en Guatemala.


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