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Análisis de noticias: Cómo la variante Delta podría sacudir las elecciones a mitad de período de 2022

Biden holds up a note card while speaking at a podium at the White House
El presidente Biden sostiene una tarjeta con el número de muertes estadounidenses relacionadas con COVID-19 mientras habla sobre los requisitos de vacunación para los trabajadores federales el jueves pasado.
(Susan Walsh / Associated Press)

La agresividad de la variante Delta ha marcado el comienzo de una nueva fase de la pandemia, lo que provocó requisitos más estrictos de vacunaciones junto con el uso de cubrebocas, además avivó un estado de ánimo volátil entre los estadounidenses que representa un peligro para ambos partidos políticos.

Como reflejo de la urgente necesidad de proteger al país de las crecientes cifras de infección, tanto los republicanos como los demócratas han cambiado de enfoque en las últimas semanas. El Partido Republicano, consciente de las tasas de inoculación rezagadas en las comunidades conservadoras, ha comenzado a hacer llamados más a favor de los antígenos. Mientras tanto, los demócratas han adoptado los mandatos como una herramienta adicional para llegar al resto de los no inmunizados.

En la señal más clara hasta ahora de esta creciente respuesta, el presidente Biden anunció el jueves pasado una nueva lista de incentivos, incluidos $100 para quienes se inoculen, así como requisitos, ordenando a los empleados y contratistas federales que se vacunen o se sometan a pruebas regulares, el uso de cubrebocas y distanciamiento social.

“Les digo a todos los que no están inmunizados: Por favor, vacúnese”, expresó en una conferencia desde la Sala Este de la Casa Blanca. “Para el resto de Estados Unidos, este no es momento para desanimarse o bajar la guardia. Solo necesitamos terminar el trabajo con ciencia, hechos y verdad”.

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Estos movimientos se establecen en un contexto de palpable enojo en el país, ya sea por los inmunizados que hierven ante las personas que no se han inoculado o por los que están irritados por las nuevas imposiciones del uso de cubrebocas y vacunas por parte del gobierno.

Con la mayoría de los adultos estadounidenses ya inoculados, los republicanos corren el riesgo de ser vistos como responsables de la “pandemia de los no vacunados”, dadas las tasas más altas de indecisión frente a las personas inmunizadas en sus filas. Pero los demócratas, con el control tanto de la Casa Blanca como del Congreso, pueden cargar con la culpa de cualquier caída en la esperanza de la nación para detener el virus, así como posiblemente entregar al Partido Republicano un tema potente de campaña en las elecciones de mitad de período del próximo año.

Los mandatos serán denunciados por la derecha “como una forma de encender y movilizar su base contra este gran gobierno federal extralimitado”, indicó Cornell Belcher, un encuestador demócrata. “Ninguna parte de esta conversación trata sobre lo que estimulará a los votantes jóvenes, a las minorías: las mujeres con educación universitaria que fueron clave para la coalición de Biden. ¿Dónde está tu gente?”.

El resurgimiento del virus después de meses de infecciones en declive no es una buena noticia para nadie, y menos para Biden, quien hizo del regreso a la normalidad prepandémica una pieza central de sus primeros meses en la Casa Blanca. Una encuesta reciente de ABC News/Ipsos encontró que la mayoría de los estadounidenses ahora son pesimistas sobre la dirección del país, con una caída de 20 puntos en el optimismo desde hace menos de tres meses.

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Pero el presidente aún obtiene calificaciones relativamente altas por su liderazgo en la lucha contra el virus, superando significativamente la evaluación general de los votantes sobre su desempeño laboral.

“La gente tiene confianza en que el enfoque de la administración Biden es competente”, señaló Jesse Ferguson, un estratega demócrata, “y que está diciendo la verdad”.

Esa confianza ahora se está poniendo a prueba con el regreso de las medidas de mitigación. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) emitieron esta semana una nueva guía recomendando que todos usen cubrebocas en interiores en lugares del país con tasas de transmisión en aumento, solo dos meses después de que la agencia de salud pública señalara que las cubiertas faciales en espacios cerrados eran innecesarios para las personas completamente vacunadas.

Esta acción en reversa no solo fue un golpe simbólico para el país en la recuperación de la pandemia, sino que también les dio tela de donde cortar a los críticos de la administración federal. Los expertos en salud pública se preguntaron si los CDC se apresuraron demasiado al cancelar inicialmente el mandato de uso de cubrebocas. Mientras tanto, los republicanos aprovecharon la oportunidad para condenar lo que dicen que es una extralimitación burocrática y plantear el espectro de medidas más duras, como los cierres económicos.

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El representante Kevin McCarthy de Bakersfield, el líder republicano de la Cámara de Representantes, criticó la decisión como “realizada por funcionarios del gobierno liberal que quieren continuar en un estado de pandemia perpetua”.

Los republicanos han estado particularmente enfadados por los nuevos requisitos de uso de cubrebocas establecidos por el médico del Capitolio para la Cámara de Representantes, y algunos se arriesgan a recibir una multa por negarse a utilizar la mascarilla. Apuntando su ira contra la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (demócrata de San Francisco), cuestionaron por qué el Senado no tiene reglas similares. (Casi todos los senadores han declarado públicamente que están vacunados, mientras que casi la mitad de los republicanos de la Cámara de Representantes se han negado a revelar si están inoculados, según CNN).

Pelosi, a quien los periodistas le pidieron que respondiera a las quejas de McCarthy, pareció llamar a su compatriota californiano “idiota”.

Si bien el Partido Republicano se ha unido en torno a la antipatía por los mandatos de uso de cubrebocas, el mensaje sobre las vacunas ha sido más confuso. La variante Delta provocó un cambio notable en los republicanos que abogan a favor de los antígenos, aunque a menudo en términos cautelosos enfatizan la elección personal, mientras que algunos en el partido continúan desacreditando en voz alta la inmunización con una retórica incendiaria.

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La actual ola de infecciones no es solo un problema republicano. Alrededor del 60% de los adultos estadounidenses están completamente inoculados, según los CDC, pero las encuestas dicen que la gran mayoría de los más ansiosos por vacunarse ya lo han hecho. Entre la población restante no inmunizada, los estadounidenses afroamericanos, latinos y los más jóvenes, todos los grupos que tienden a inclinarse hacia los demócratas, están sobrerrepresentados, según la Kaiser Family Foundation (KFF), una organización sin fines de lucro que realiza investigaciones de salud no partidistas.

Aun así, al observar las tasas de vacunación en todo el país, la alineación partidista es marcada.

“Es 100% seguro el hecho de que los republicanos se están vacunando a un ritmo mucho más bajo que los demócratas e independientes”, comentó Ashley Kirzinger, directora asociada de encuestas y estudios de opinión pública en KFF. “En los condados que optaron de manera desproporcionada por [el presidente] Trump, tienen una menor aceptación de los antígenos”.

Si bien los adultos jóvenes no vacunados y las personas de color tienden a adoptar un enfoque de “esperar para ver”, los republicanos están más firmemente en contra de ser inoculados, encontró KFF.

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“Lo más importante es que seamos compasivos, comprensivos, que no tratemos de avergonzar, culpar o ridiculizar”, expresó la representante Mariannette Miller-Meeks, una republicana de Iowa y oftalmóloga que ha estado administrando inyecciones en su distrito durante meses. “Sabemos que la respuesta a la pandemia es vacunarse”.

En algunos casos, la persuasión suave ha sido reemplazada por un tono más agudo, como la declaración de la gobernadora republicana de Alabama, Kay Ivey, la semana pasada de que “es hora de empezar a culpar a las personas no inoculadas, no a las normales. Son los no vacunados los que nos están defraudando”.

Rob Stutzman, un consultor republicano con sede en Sacramento, indicó que el aumento de las peticiones era una señal de que los republicanos “ven el costo real. Se dan cuenta de que la gente se está muriendo”.

“Políticamente, debieron darse cuenta, de que esto tendrá consecuencias políticas a largo plazo por encontrarse del lado equivocado de la historia al no estar claramente a favor de las vacunas”, explicó. También hizo referencia al líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, una víctima infantil de la poliomielitis y un constante defensor de los antígenos contra el COVID, quien utilizó fondos de campaña para pagar anuncios de radio a fin de promover la inmunización en su estado natal de Kentucky.

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Sin embargo, algunos de los miembros más provocativos del partido, como las representantes Marjorie Taylor Greene de Georgia y Lauren Boebert de Colorado, desafían con orgullo cualquier esfuerzo de mitigación.

“Lo más vendido para la base republicana siguen siendo las conspiraciones de los antígenos impulsadas por Marjorie Taylor Greene”, señaló Ferguson.

La posibilidad de nuevos mandatos de inmunización podrían abrir un nuevo frente en las guerras culturales del COVID. Además de imponer las reglas a los empleados federales, Biden comentó el jueves que el Departamento de Justicia ha determinado que las guías de las inoculaciones son legales para que las impongan las empresas y los gobiernos locales. El Pentágono indicó más tarde que los miembros militares estarán sujetos a los mismos requisitos de vacunación o pruebas que los trabajadores federales.

Sin embargo, al menos 19 estados, todos liderados por republicanos, tienen algún tipo de prohibición de requerir prueba de vacunación, ya sea para gobiernos locales, agencias estatales o empresas privadas.

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Pero la tendencia hacia los requisitos de vacunas se ha acelerado rápidamente en los últimos días. El sistema de la Universidad de California ha dicho que exigirá las inoculaciones por parte de casi todos en el campus durante el próximo año escolar.

El gobernador Gavin Newsom y la ciudad de Los Ángeles pronto siguieron el ejemplo de los trabajadores estatales y municipales, requiriendo vacunas o pruebas frecuentes. La tendencia se ha trasladado al sector privado, con empresas importantes como Google y Morgan Stanley que exigen que los empleados sean inmunizados para regresar a la oficina.

Sin una señal clara sobre cómo responderá el público a estas nuevas reglas, los políticos harían bien en proceder con cautela, comentó David Winston, un encuestador republicano que asesora a los líderes de la Cámara y el Senado.

“Todo está en el aire después de que la gente pensó que se había llegado a una resolución [con la pandemia]. El desafío aquí es que los funcionaros deben darse cuenta de que esto no es un problema político para la persona promedio”, enfatizó. “La idea de que, de alguna manera, se puedan sumar puntos a sus aspiraciones sería un grave error”.

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