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A pesar de un tono más suave, en el Estado de la Unión Trump utilizó los mismos argumentos que provocan gran división

A pesar de un tono más suave, en el Estado de la Unión Trump utilizó los mismos argumentos que provocan gran división
El presidente Trump pronuncia su discurso sobre el Estado de la Unión el martes por la noche. (Shawn Thew / EPA / Shutterstock) (Los Angeles Times)

El presidente Trump abrió su discurso sobre el Estado de la Unión el martes por la noche con un pedido de unidad forjado en un terreno común. Al final de su discurso, estaba claro lo poco que haría por dicha unidad.

El tono y el ritmo del presidente fueron moderados por el uso de un teleprompter, por lo que parecía más estadista que el Trump que se veía en eventos de campaña y que se expresa a través de su cuenta de Twitter, excepto cuando adoptó su hábito de aplaudirse sí mismo.

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Pero el texto preparado con el que se mantuvo dentro del guión, desafió cualquier noción de que estuviera preparado para actuar con seriedad en su retórica acerca de que ambas partes trabajen juntas. En las palabras que eligió, los invitados que llevó y el contenido que destacó, ofreció poco diferente de la división que ha sembrado en el año en que ha sido presidente.

Hizo un largo esfuerzo para convertir a los inmigrantes en delincuentes, haciendo hincapié en la muerte de dos niñas a manos de pandilleros de la MS-13, mientras mostraba a sus padres tristes de pie con evidente emoción en el balcón. Eso fue engañoso: los inmigrantes tienen muchas menos posibilidades de cometer crímenes que los estadounidenses nativos, según muestran las estadísticas.

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Solo más tarde, y en términos notablemente impersonales, mencionó a los jóvenes inmigrantes traídos aquí ilegalmente por sus padres, que han estado en el centro de las batallas migratorias y del reciente cierre del gobierno. Dijo que deberían ser parte de un acuerdo de inmigración, uno que le daría a Trump todas sus principales demandas.

El encuadre de Trump fue el mismo que hizo en su campaña en 2015, cuando inició diciendo que los inmigrantes mexicanos estaban "trayendo drogas. Están trayendo crimen. Son violadores".

Solo entonces agregó: "Y algunos, supongo, son buenas personas".

Más tarde en el discurso del martes por la noche, tratando de avanzar su propuesta para limitar la inmigración legal, Trump equiparó a otros inmigrantes legales con terroristas y exageró la capacidad que tienen los inmigrantes legales de traer a sus familias.

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Al hacerlo, el presidente ignoró la realidad de que los actos terroristas en los Estados Unidos han sido cometidos mayoritariamente por hombres nacidos en EE. UU., no por inmigrantes.

Reclamó, como lo hizo antes, que los programas de migración que quiere eliminar permiten la entrada de muchas personas indeseables.  Afirmó que "un solo inmigrante puede traer un número virtualmente ilimitado de parientes distantes" al país. Ellos no pueden seguir haciendo eso, dijo.

Trump ha afirmado repetidamente que un sospechoso de un ataque terrorista en Nueva York trajo a casi dos docenas de miembros de su familia, un argumento que nunca ha respaldado, pero al que se aludió nuevamente el martes por la noche.

Esas declaraciones inexactas adquieren un peso extra en un discurso tan cuidadosamente revisado como lo es el  Estado de la Unión. A diferencia de los comentarios que Trump solía arrojar en un mitin de campaña, estos no se pueden atribuir al hecho de que el presidente estaba buscando votos.

Trump también hizo dos  referencias a las protestas contra la violencia policial dirigidas por jugadores de fútbol afroamericanos durante el himno nacional. Las menciones de ese tema racialmente cargado provocaron un rugido de sus partidarios en el recinto de la Cámara, y muy poca reaccion del lado opuesto.

El hecho de que gran parte del discurso del presidente estuviera marcado de esa manera - un lado entusiasta y gritando "USA USA" y el otro haciendo una mueca,- subrayó tanto el partidismo desenfrenado que se vive en la capital y que tan lejana está la idea de la unidad de la que hablaba Trump. Ahora se hacen declaraciones de unidad porque se supone que los presidentes deben hacerlas, no porque esperan que ocurra.

La fuerza de Trump siempre ha sido su habilidad para dividir, no para unificar. Para sus ardientes seguidores, él representa algo más que el político típico: es un aventurero rudo, dice lo que piensa, y que, incluso si no puede hacer las cosas mejor para ellos, las empeorará para aquellos a quienes detestan. Como siempre lo ha hecho, apuntó el martes a mantener contentos a esos partidarios incluso mientras modulaba su tono con la esperanza de calmar a otros votantes.

El discurso incluyó elementos de la política convencional, como cuando Trump pidió más dinero para los militares y alabó su plan de gastos para el sector de la defensa.  Hizo una referencia fugaz para proteger la práctica de la religión, generando un rugido de aprobación desde el lado republicano, pero evitó otras cuestiones sociales como el derecho al aborto.

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Pero no había un amarre ideológico convencional al que se apegase. Para Trump, nunca lo ha habido. La expectativa, al principio de la presidencia de Trump, fue que en algún momento se cansaría de contar con el apoyo solo de una minoría del país -alrededor del 40% - y se trasladaría al centro en una búsqueda incesante para recoger votos.

Un discurso en el Congreso es un lugar tradicional para tal cambio, pero Trump no empleó ninguna energía para hacerlo, y parece evidente que no lo hará. Una parte del discurso podría haber ofrecido una oportunidad para ese tipo de transformación.

Trump habló brevemente de un plan para gastar $ 1.5 trillones para infraestructura. Pero no ofreció detalles sobre qué quería exactamente que fuera el plan, una cuestión de gran importancia cuando los republicanos en el Congreso se han mostrado reacios a abordar grandes temas sin saber exactamente la posición de Trump.

A pesar de todas las conversaciones previas sobre la infraestructura como una de las principales prioridades para el año, Trump pasó rápidamente al tema de los permisos familiares, un tema querido por su hija Ivanka; solo dijo que lo apoya, pero nada más.

Esas propuestas posiblemente podrían haber atraído a los votantes de otros sectores, pero el presidente no parecía interesado en obtenerlos.

El martes quedo claro que Trump ya no es creíble incluso cuando se desvía del estrecho carril de la división populista y utiliza un tono más moderado.

Ciertamente el populismo es su zona de confort, como lo han demostrado sus anteriores grandes discursos. El discurso de toma de posesión de Trump, por ejemplo, tuvó un tono cáustico mientras atacaba al establecimiento de Washington. "Esta carnicería estadounidense se detiene aquí y se detiene ahora mismo", dijo después de una larga lista de heridas que dijo que el país había sufrido bajo la administración anterior.

Cinco semanas más tarde, en su primer discurso a una sesión conjunta del Congreso, Trump habló más deliberadamente que eso y, como lo haría el martes, juró dejar "las triviales luchas detrás de nosotros" y unificarse.

Pero el mismo día culpaba a los demócratas por haber "perdido el control de la realidad" y calificó la investigación electoral de Rusia como una "cacería de brujas".

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Antes de que transcurriera esa semana, acusó al presidente Obama de "espiarlo" en el Trump Tower, una acusación que nunca respaldó pero  que le dio energía frente a una porción del electorado. "¡Esto es McCarthyism!" dijo el presidente, levantando sin ironía el nombre de otro político que espiaba a los  estadounidenses.

El discurso del martes se pronunció tras el reciente cierre del gobierno e inmediatamente antes de que Washington vuelva a convulsionarse por cuestiones presupuestarias y de gasto. En todos estos asuntos, Trump y sus colegas republicanos avanzaron sin consultar a los demócratas, envalentonaron a los miembros del Partido Republicano y molestaron a la oposición.

La mayoría de los asuntos pendientes pueden seguir la misma trayectoria. Pero responder al destino de los jóvenes inmigrantes protegidos bajo el programa DACA puede forzar a Trump a decidir si hay algún tema por el cual esté dispuesto a molestar a sus seguidores llegando más allá de ellos.

Como la presidencia de Donald Trump termina su primer año y se dirige a un segundo , ese es el quid de la cuestión: ¿puede crecer más allá de la minoría de estadounidenses que lo apoyan, aunque solo sea para aumentar sus probabilidades de éxito?

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

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