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Política

El Congreso ya considera el juicio político, aunque no lo admita

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En el sentido de las agujas del reloj, desde la parte superior izquierda: representantes Maxine Waters, Eliot Engel, Jerrold Nadler y Adam B. Schiff, y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. (AFP, AP, AP, AP, EPA).

(Los Angeles Times)

No menos de seis comités de la Cámara de Representantes investigaban a principios de febrero posibles causas para destituir a Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

No usan la frase “juicio político” (impeachment); tienen instrucciones de parte de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (D-San Francisco), de describir su trabajo en términos más estrechos y menos incendiarios.

Pero la pregunta nunca está lejos: ¿El historial de violación de normas, incumplimiento de reglas y aparentes infracciones de la ley de Trump —desde conflictos de intereses hasta conexiones turbias con gobiernos extranjeros— justifica su retiro del cargo?

“Tenemos que ver cuáles son los hechos”, afirmó Pelosi recientemente. “No deberíamos recusar por una razón política, y no deberíamos evitar el juicio político por una razón política. Así que tendremos que ver cómo ocurre”.

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Podríamos considerar esta fase como “previa al juicio político”. Pelosi y sus presidentes de comité, todos demócratas, están haciendo lo que necesitan para que el impeachment a Trump sea viable.

La líder y sus aliados describen un proceso de dos pasos antes de que cualquier impugnación pueda tener éxito.

El primero es reunir evidencia concluyente de mala conducta (delitos y faltas menores), señala la Constitución, lo suficientemente grave como para justificar artículos para un juicio político. Esa podría ser la parte sencilla.

El segundo paso sería convencer al público de que la destitución está justificada, y construir un apoyo bipartidista en el Congreso, especialmente en el Senado, controlado por los republicanos. Eso es más difícil.

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Si solo hay un partido involucrado, los demócratas se arriesgan al mismo desastre que enfrentaron los republicanos cuando acusaron al presidente Clinton en 1998: fueron testigos de su absolución en el Senado y generaron el desplome de su propia popularidad.

Los demócratas de la Cámara de Representantes tienen mayoría hace poco más de un mes, por lo cual el primer paso apenas comienza, al menos en el Congreso. No obstante, no perdieron tiempo para ponerse en marcha.

Será difícil mantener las averiguaciones separadas. Un asistente de Pelosi convoca una reunión semanal solo para hacer un seguimiento de las líneas de investigación superpuestas.

El Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, liderado por el representante Adam B. Schiff (D-Burbank), investigará si Trump o su familia han sido comprometidos por Rusia, Arabia Saudita u otros actores extranjeros.

El de Asuntos Financieros, comandado por Maxine Waters (D-Los Ángeles), ayudará a Schiff a investigar el posible lavado de dinero por parte de la compañía familiar del primer mandatario.

El Comité Judicial, con el representante Jerrold Nadler (D-N.Y.) al frente, investigará posibles violaciones de las leyes de campaña. El de Supervisión, capitaneado por el representante Elijah E. Cummings (D-Maryland), examina los pagos en el extranjero a las empresas de Trump.

Asuntos Exteriores, presidido por el representante Eliot L. Engel (D-N.Y.), revisará los intentos de la Casa Blanca de suavizar las sanciones a los oligarcas rusos.

Recursos, controlado por el representante Richard E. Neal (D-Massachusetts), puede solicitar las declaraciones de impuestos de Trump, que el presidente se ha negado a revelar.

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La oleada de investigaciones llamó la atención del primer mandatario. "¡ACOSO PRESIDENCIAL!”, rugió en Twitter a principios de febrero. “Los demócratas y sus comités están locos. Los republicanos nunca le hicieron esto al presidente Obama” (en realidad, lo intentaron).

Trump cargó principalmente contra Schiff, a quien castigó por “revisar todos los aspectos de mi vida, tanto financieros como personales, aunque no haya ninguna razón para hacerlo. ¡Esto nunca sucedió antes!”, expuso.

El presidente ha argumentado durante mucho tiempo que sus tratos financieros y su imperio de negocios administrados por su familia deberían quedar al margen. El fiscal especial Robert S. Mueller III, parece haber evitado esa línea roja; Schiff afirma que el Congreso no está obligado a ello.

“Necesitamos saber que el presidente está actuando en favor de nuestro interés nacional y no en el de algún interés financiero familiar... [y] no porque Rusia o alguien más tenga influencia sobre él”, me dijo Schiff.

El representante describió su investigación como “una examinación de contrainteligencia” para determinar si los regímenes extranjeros tienen una influencia indebida sobre el presidente. “Hay muchas acusaciones inquietantes por ahí", expuso. Pero, al igual que Pelosi, argumentó que es demasiado pronto para proponer una resolución de juicio político. “Creo que deberíamos revisar todo el registro antes de tomar esa decisión”, advirtió. “Hay mucho trabajo por hacer para complementar los hechos”.

Igualmente como Pelosi, insistió en que cualquier movimiento para impugnar al presidente debe contar con el apoyo de ambos partidos, de lo contrario fracasará.

Algunos demócratas son más impacientes. El multimillonario californiano Tom Steyer prometió invertir dinero en las primarias demócratas del 2020 para castigar a los miembros del Congreso, incluidos los presidentes de los comités, que no avanzan tan rápido como él quisiera.

Sin embargo, esa opinión es miope. Una resolución de destitución ahora seguramente sería contraproducente; crearía una lucha de suma cero entre las dos tribus de la política estadounidense: haría casi imposible ganar el apoyo republicano y podría ayudar a reelegir a Trump.

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Además, como bien sabe Pelosi, desviaría la atención de todas las demás prioridades, desde las cuestiones de la salud hasta el cambio climático, la materia prima para la campaña que los demócratas esperan librar en 2020.

Para cualquiera que esté a favor del juicio político, la Cámara ya está haciendo lo que tiene que hacer: investigar. Ello está poniendo a Trump en más peligro que antes, algo que él parece entender, a juzgar por sus frenéticos tuits.

Cualquier destitución es traumática, pero una fallida puede ser peor. Steyer y quienes quieren que la historia avance más rápido deben tener cuidado con lo que desean.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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