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Enfermos de riñón enfrentan retos cuando tienen otras comorbilidades

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EFE

A los 11 años Paola Edith Jaguey Vázquez fue diagnosticada con diabetes tipo 1, insulinodependiente, con hipotiroidismo. Cuando tenía 19 y luego de perder a un bebé le detectaron insuficiencia renal.

En el marco del Día Mundial del Riñón, Paola relata a Efe que acudió a todos los remedios de herbolaria para tratarse pero no le sirvieron de nada, así que llegó al hospital para comenzar con su hemodiálisis desde los 24 años.

Prácticamente perdió la vista y la audición por la presión alta, tenía anemia y no podía hacer nada, estaba en sillas de ruedas porque no podía ni caminar.

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“Me dijeron que no iba a durar mucho porque como soy paciente con diabetes, todo se complica”, narra y confiesa que durante su adolescencia nunca tuvo los cuidados necesarios para su diabetes.

Cuando fue atendida en el Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) le dijeron que debía comenzar el protocolo de donación de riñón.

Sin embargo sus padres no pudieron ser los donadores ya que uno “es gordito” y la mamá es también diabética.

Su exesposo se convirtió en el donante; tras siete meses de varios estudios, Paola fue sometida a una cirugía y recibió el riñón que necesitaba.

Todo iba bien. Paola dejó atrás el cansancio extremo, recuperó la vista y la audición que había perdido a causa del daño renal, así que planeó tener un bebé.

Al quinto mes de embarazo comenzó a tener mucho vómito, los doctores le dijeron que era normal pero sus niveles de creatinina indicaron que su riñón ya no estaba funcionando.

“Ya no me dejaron salir del hospital porque era muy peligroso para el bebé que las toxinas le llegaran, me hemodializaban a diario, estuve internada durante dos meses y mi hijo nació a las 30 semanas porque además tuve preeclampsia”, recuerda.

El nuevo riñón de Paola solo duró tres años y tres meses, se inflamó y los doctores le suministraron medicamentos para intentar salvarlo pero el embarazo provocó que su cuerpo rechazara el órgano que había recibido, “porque hacía el doble de trabajo por el bebé”, señala.

Su hijo ya tiene 10 meses, padece displasia pulmonar debido a que nació prematuro y no alcanzó a desarrollar bien sus pulmones, mientras que Paola regresó a las hemodiálisis.

Aunque su cuerpo rechazó el trasplante, no le han retirado el riñón y continuará dentro de su cuerpo a menos que tuviera un tumor o un quiste.

Cuenta que por ahora, cada tercer día recibe hemodiálisis para limpiar su sangre porque incluso “ya no orino nada, todo me lo quitan a través de la diálisis. Las toxinas son las que me afectan porque me siento muy mal”.

Y aunque debido al embarazo el proceso de rechazo se aceleró, asegura que es lo mejor que le ha pasado y su sueño de ser madre se hizo realidad.

Antes de ser trasplantada Paola creó el grupo de ayuda “Héroes y Guerreros”, donde pacientes con daño renal, diabéticos, hipertensos, y con lupus reciben ayuda.

En México se detectan anualmente 40.000 nuevos casos de insuficiencia renal crónica, de acuerdo con el Sistema de Datos de la Enfermedad Renal de Estados Unidos, lo que coloca al país como uno de los de mayor incidencia a nivel mundial.

En la actualidad existen 14.000 pacientes en lista de espera para recibir un riñón y cada año apenas se realizan cerca de 3.000 trasplantes.

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