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Vida y Estilo

Las gaviotas aman la comida chatarra, pero esa dieta podría estar afectando su hábitat en las islas Channel

Anacapa Island
Una gaviota se precipita mientras una estudiante de doctorado de UC Santa Bárbara, Ana Sofía Guerra, fotografía aves en la isla de Anacapa durante la temporada de anidación, en mayo de 2019.
(Al Seib / Los Angeles Times)

¿Cambiarán la química de las Islas Channel las gaviotas que bucean en los contenedores de basura en busca de comida?

Treinta minutos después de zarpar hacia el Parque Nacional de las Islas Channel, Ana Sofía Guerra vio una gaviota blanca, elevándose majestuosamente contra el cielo gris plomo.

Los otros pasajeros en el catamarán de 64 pies estaban cautivados por un grupo de delfines que saltaban juguetonamente desde el agua, pero Guerra mantuvo sus ojos fijos en la solitaria gaviota.

La ecologista apuntó una gran cámara hacia el cielo y tomó una foto del ave marina, que se deslizaba sobre la fuerte brisa del océano. Entonces, una sonrisa cruzó su rostro.

“Probablemente regresará de un viaje a McDonald’s”, comentó.

Es difícil imaginar una evaluación más grave de lo que los humanos hemos hecho al mundo que el informe de las Naciones Unidas de 1.500 páginas, dado a conocer el pasado lunes en París, que dice, entre otras cosas, que nuestras actividades colectivas han puesto en riesgo de extinción a casi un millón de especies de plantas y animales, muchas de las cuales podrían desaparecer dentro de pocas décadas.
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Durante los últimos años, Guerra ha estudiado los hábitos alimenticios de las gaviotas occidentales que anidan en las islas Anacapa y Santa Bárbara, en el archipiélago de las islas del Canal (o Channel Islands).

Ha rastreado gaviotas desde su prístina isla hasta un In-N-Out en El Segundo, una cocina profesional en Compton y el Roadium Open Air Market en Torrance.

En un viaje, una de las aves que estudiaba voló a una fila de restaurantes vietnamitas ubicados en Anaheim, y luego visitó una panadería a unas cuadras de distancia, en busca del postre.

Según las autoridades sanitarias, un misterioso hongo que mató a millones de murciélagos en el este de los Estados Unidos y dejó cuevas llenas de diminutos cadáveres, llegó al norte de California y parece que se extenderá por todo el estado.

En su hábitat natural, las gaviotas comen principalmente calamares, anchoas, cangrejos, percebes y otras especies marinas. Pero cuando se trata de comida humana, están dispuestas a probar casi cualquier cosa. “Hubo una gaviota en la isla de Santa Bárbara que vomitó una salchicha empanizada entera, hasta con su palo”, comentó Guerra.

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Western gull
Una gaviota occidental busca alimento en empaques de comida rápida desechados, en Oxnard.
(Los Angeles Times)

Por lo general, son los humanos los responsables de contaminar los ecosistemas naturales. Pero en las islas Anacapa y Santa Bárbara, las gaviotas parecen ser las que estropean el hábitat salvaje con alimentos procesados ​​y basura vomitada.

Guerra espera que su investigación revele si los comportamientos alimenticios antinaturales de las aves están afectando a otras plantas y animales que comparten su hogar en la isla, y en caso afirmativo, cómo lo hacen.

“Sabemos lo importantes que son las islas Channel para las aves como hábitat de anidación”, expuso. “Lo que no sabemos es lo importante que son las aves para las islas”.

Guerra es alta, tiene una actitud tranquila y un tatuaje de un tiburón en la muñeca. Nacida en la ciudad de Monterrey, México, se enamoró del océano durante su infancia en San Pablo, Brasil. Es una buceadora experimentada y se ha desempeñado como naturalista en expediciones de ecoturismo a Alaska. Ahora trabaja en un doctorado en ecología marina en UC Santa Bárbara.

Su primera visita a Anacapa ocurrió en 2016, mientras era técnica en el laboratorio de la ecologista comunitaria Hillary Young, en UC Santa Bárbara. Marcando pájaros en la isla, Guerra notó dos cosas que despertaron su curiosidad.

Primero: además de regurgitar picos de calamar sin digerir y huesos de pescado, las aves escupían paquetes de salsa de tomate y aderezo ranch, hojas de plátano que alguna vez habían contenido tamales, y una variedad de huesos de pollo, todo lo cual sugería que hurgaban en restaurantes y basureros.

Y segundo: la isla, de 700 acres, estaba cubierta por una gran cantidad de excrementos blancos de ave.

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Anacapa Island
Un barco de Island Packers arriba a la isla Anacapa. En el verano, Anacapa es un mar ruidoso con unas 10.000 gaviotas.
(Al Seib / Los Angeles Times)

Estas observaciones llevaron a Guerra a preguntarse cuánta “comida de humanos” estaban ingiriendo las gaviotas, y si su dieta estaba cambiando la química de las Islas Channel. “Moví el proyecto en la dirección del excremento”, indicó.

Las aves marinas y sus excrementos juegan un papel importante en los ecosistemas de las islas, al trasladar los nutrientes del continente y el océano a las costas de lesas tierras, precisó Young, quien asesora a Guerra en su investigación. Es lógico pensar que la inclinación de las gaviotas por la comida chatarra podría extenderse por toda la cadena alimenticia. “Según lo que sabemos de otros sistemas, esto podría tener impactos transformadores a gran escala”, reconoció Young.

El trabajo anterior ha demostrado que la calidad de los nutrientes del guano de una gaviota puede variar mucho según su dieta. Por ejemplo, las gaviotas argénteas europeas que se deleitan en los vertederos pueden tener hasta ocho veces más nitrógeno en sus desechos que las aves de la misma especie que se alimentan en la naturaleza, mientras que estas últimas excretan aproximadamente el doble de fósforo.

Guerra espera determinar cuánto guano de gaviota occidental se está incorporando al suelo, tanto en Anacapa como en la isla de Santa Bárbara. También quiere saber si su huella química está apareciendo en las plantas de las islas. “La pregunta es, ¿Las plantas de la isla prosperan porque obtienen esta carga constante de nutrientes de las gaviotas?”, dijo. "¿Y la dieta de las aves las ayuda o perjudica?”.

En conjunto, las islas de Santa Bárbara y Anacapa proporcionan un hábitat de anidación para más de una cuarta parte de las aproximadamente 80.000 gaviotas occidentales del mundo (las otras seis islas en el parque nacional están habitadas por zorros isleños, lo cual impide que grandes colonias aniden en ellas).

Las gaviotas acuden a las islas cada primavera para construir sus nidos en el suelo, raspando plantas y escombros antes de ensamblar estructuras en forma de rosquilla, hechas de hierbas secas. Los nidos no son demasiado llamativos, pero sirven para bloquear el viento y proteger los huevos en su interior.

Las aves generalmente ponen dos o tres huevos moteados de color marrón cerca de mayo, y los machos y las hembras se turnan para empollar mientras sus parejas buscan comida. Los polluelos nacen aproximadamente un mes después, pequeños y suaves, con un patrón gris que se asemeja a la piel de leopardo. Los adultos cuidan a sus crías hasta por seis meses. Las aves jóvenes y sus padres abandonan su hogar en la isla para los meses de otoño e invierno, y regresan nuevamente la primavera siguiente.

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Gulls on Anacapa Island
Una gaviota occidental lleva comida a su polluelo, en la isla Anacapa.
(Al Seib / Los Angeles Times)

En los meses de verano, Anacapa es un mar ruidoso de alrededor de 10.000 gaviotas que graznan y protegen su territorio, así como de polluelos que pían ante su próxima comida. Ver tantas gaviotas en un sólo lugar les da a muchos visitantes una diferente apreciación por un pájaro que con frecuencia es considerado una molestia. “La mayoría de la gente piensa en ellas como comedores de basura y ladrones de comida, que molestan en la playa”, expuso Guerra. “Pero luego vienen a Anacapa y se dan cuenta de que son parte de la naturaleza”.

Sin embargo, no son para todo el mundo. Judy Oberlander, una naturalista voluntaria en el parque, recordó cuando una turista con fobia a las aves cometió el error de visitar la isla. “Tuvo un colapso total”, comentó.

Para rastrear de dónde obtenían su alimento las gaviotas occidentales que anidan, Guerra equipó a docenas de aves con rastreadores GPS baratos, a principios de la primavera, justo cuando llegaban a la isla para la temporada de anidación.

Trabajando con una compañera, impermeabilizó los rastreadores envolviéndolos en un condón y luego los colocó en las tres plumas del medio de la cola de los sujetos de prueba, con cinta de tela. Las aves marcadas fueron identificadas con un marcador Sharpie en sus pechos, para poder encontrarlas fácilmente cuando fuera el momento de recoger los rastreadores.

Atrapar gaviotas es más complicado de lo que se puede imaginar, aseguró An Bui, una estudiante graduada de ecología marina en UCSB, que pasó tres semanas marcando aves con Guerra en 2016. “La primera vez, puedes usar una trampa bastante obvia, que parece una red y se coloca alrededor del nido, pero la segunda vez hay que ser un poco más sutil”, dijo. “Ellas descubren los métodos que se usan para atraparlas”.

Según Guerra, el trabajo le dio más respeto por las aves.

“He sido engañada por una gaviota más veces de las que me gustaría admitir”, reconoció.

La batería de los rastreadores tenían suficiente duración para registrar los movimientos de un pájaro por hasta cinco días, o entre tres y cinco viajes de alimentación por ave. Guerra pudo recuperar 25 dispositivos de las aves de Anacapa, y 26 de las de Santa Bárbara.

Los datos revelaron que el 40% de los recorridos desde Anacapa habían llevado a las aves tan tierra adentro que era imposible que comieran allí su dieta natural de calamares, cangrejos y peces pequeños. Lo mismo ocurrió con aproximadamente el 6% de los trayectos realizados desde la isla de Santa Bárbara.

Anacapa Island
Harry Dennis y Amy Gusney, de Reino Unido, caminan por la isla Anacapa.
(Al Seib / Los Angeles Times)

Una razón de la disparidad podría ser que Anacapa está a sólo 14 millas del continente, mientras que Santa Bárbara está a 38 millas de distancia. La energía extra que las aves de Santa Bárbara tenían que usar para llegar a los restaurantes y contenedores de basura tierra adentro podría no valer la pena, indicó Guerra. Para estas aves, sería más fácil aterrizar en la superficie del océano y cazar cangrejos rojos. “Supongo que eso es así", reflexionó. “No puedo entrevistar a las aves”.

Los rastreadores registraban su ubicación una vez por minuto. Eso hizo posible que Guerra identificara los restaurantes que visitaban las aves y confirmara si frecuentaban los mismos lugares una y otra vez.

En una tarde de fines de verano en Anacapa, Guerra se arrodilló mientras las gaviotas chillaban y volaban sobre su cabeza. Recogió dos muestras del suelo con una paleta pequeña, raspando la capa superior en una bolsa Ziploc antes de cavar más profundo para recoger más tierra, de dos a cuatro pulgadas hacia abajo.

Era la segunda vez que tomaba tierra de este lugar. La primera había sido en abril, justo cuando las aves llegaban para construir sus nidos.

Guerra enviará estas y otras muestras a un laboratorio que medirá el contenido de fósforo, nitrógeno y sal. Luego comparará los resultados de Anacapa con los de Santa Bárbara, para ver cómo difiere su química, y también buscará diferencias entre las muestras recolectadas antes y después de la llegada de las aves.

En esta etapa de la investigación, no puede predecir qué se encontraría. “La composición del excremento de gaviota podría ser muy importante para las islas, o quizá nada”, comentó.

Para Alexander Waite, un ecólogo del estado de Missouri que estudia cómo el guano de aves marinas altera la química del suelo en los hábitats isleños, cuando grandes grupos de esos pájaros se reúnen en un solo lugar, sus fuertes cantidades de excremento pueden alterar la composición química del entorno.

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Los cormoranes de doble cresta se posan en las empinadas laderas de la isla de Anacapa.
(Al Seib / Los Angeles Times)

En ese sentido, el trabajo de Guerra podría resultar importante para ayudar a los conservacionistas a proteger el delicado ecosistema de las islas Channel, explicó.

“Para bien o para mal, los niveles excesivos de excremento de aves alteran absolutamente las poblaciones de especies de microbios, plantas y animales”, señaló.

Guerra todavía tiene años de trabajo por delante, antes de poder decir con certeza cómo las gaviotas y sus dietas de comida chatarra están alterando las islas. Pero ya su relación personal con esas aves ha cambiado por completo. “Nunca las volveré a ver de la misma manera”, dijo. “Realmente son pájaros salvajes”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

https://www.latimes.com/environment/story/2019-10-22/seagulls-poop-changing-channel-islands-chemistry?fbclid=IwAR3cK427Oik3W0pXE9W-YN6_IXCNpZfaR1lAhd6FYFns6K9-QoCImVKZ8JI


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