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Columna: Esta empresa paga a los usuarios por compartir sus datos, ¿pero vale la pena?

Neil Sweeney, founder and CEO of Killi
Para Neil Sweeney, fundador y director ejecutivo de Killi, ya es hora de que los consumidores tengan la oportunidad de ganar algo de dinero compartiendo datos.
(Stephen Edgar)

Ya sabe que las empresas compran y venden información personal de los individuos, algo que llena sus bolsillos pero no brinda a los consumidores -los legítimos propietarios de esos datos- una parte de las ganancias. Eso sucedió hasta ahora.

Una start-up (compañía emergente) llamada Killi, con sede en Toronto y oficinas en Los Ángeles y Nueva York, afirma que pagará a las personas todos los meses para que compartan su información con los clientes de la empresa. “Todos sus datos ya son recopilados y vendidos”, comentó Neil Sweeney, fundador y director ejecutivo de Killi.

“Estamos intentando darle (a los consumidores) un asiento en la mesa de negociación”, manifestó. “Que por primera vez obtengan un trozo del pastel”.

Bueno, al menos algo así. Sin duda, habrá personas que estén de acuerdo con Sweeney en que ya es hora de que alguien reconozca que los consumidores son los únicos que quedan fuera de la ecuación, mientras las grandes corporaciones se benefician del intercambio de datos.

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Incluso los pocos dólares al mes que ofrece Killi pueden parecer mejor que nada.

Sin embargo, lo que la compañía también hace es lograr que la gente acepte que los clientes de Killi hagan lo que quieran con toda esa información, una opción amplia que quizá desconocen al registrarse.

La cuestión es principalmente una respuesta a las amplias reglas de privacidad europeas promulgadas en 2018, que exigen que las empresas obtengan permiso de los consumidores antes de compartir sus datos con otros.

Algunas grandes multinacionales estadounidenses están adaptando sus políticas de privacidad en todo el mundo para cumplir con las normas europeas, en lugar de tener políticas diferentes en los distintos países.

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Otras quieren estar preparadas en caso de que se promulguen normas similares de este lado del charco -que Microsoft y Facebook, entre otras, están pidiendo-.

Killi reconoce el tema como una oportunidad de negocio, y facilita las opciones para compartir datos. La compañía también responde a la norma de privacidad más estricta del estado, la Ley de Privacidad del Consumidor de California, de 2018, que requiere que todas las empresas que hacen negocios en el Estado Dorado den a los clientes más control sobre cómo se utiliza su información.

Los votantes estatales están tan entusiasmados con ello que el mes pasado optaron por darle aún más fuerza a la ley.

Sweeney reconoció que proporcionar a los clientes la opción de optar por compartir datos es una parte importante del negocio de Killi. “Este concepto de consentimiento es un gran servicio que brindamos a las empresas”, afirmó. “No estamos eliminando datos del mercado”, agregó. “No se haga la ilusión de que sus datos ya no serán vendidos. Pero estamos involucrando al consumidor”.

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Aunque se negó a nombrar a los clientes de Killi, Sweeney dijo que estos incluyen “grandes empresas [del listado] Fortune 500".

La empresa tiene tres niveles de consentimiento para compartir datos, cada uno más revelador que el anterior. Como mínimo, se pide al cliente que proporcione su fecha de nacimiento, dirección de correo electrónico, sexo, ubicación, número de teléfono, código postal y país.

Más allá de eso, puede ganar más dinero viendo los videos en línea de las empresas cliente, compartiendo sus hábitos de navegación, realizando encuestas y compartiendo datos de transacciones, como dónde compra y cuánto gasta.

El Nivel 1, “Intermedio”, paga una tarifa base de $1 al mes. El nivel 2, “Pro”, abona una base de $2 mensuales. El 3, “Elite”, paga una base de $3.

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Cuantos más datos uno comparta y cuanto más participe en las iniciativas de marketing de los anunciantes, potencialmente más puede ganar. “Obtenemos unos pocos dólares aquí y allá, puede que no parezcan mucho hoy, pero si lo hacemos, podrá crecer aún más con el tiempo”, declara el sitio web de Killi. “Cuanto más activo es en Killi, más gana”.

Sweeney afirmó que los datos del consumidor promedio valen alrededor de $500 al mes en total para gigantes tecnológicos como Google y Facebook.

Además, me animó a visitar otro sitio que maneja, UAreTheProduct, para obtener más información sobre el valor de mis datos personales. Pero UAreTheProduct quería que ingresara mi dirección de correo electrónico para continuar.

Y ese es el modelo de negocio de Killi, en pocas palabras. Promete un empoderamiento para los datos del consumidor, pero el precio de ese poder es su privacidad.

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Luego está la cuestión de la opción general, que permite a los clientes de Killi compartir todos los datos recibidos para sus propios fines.

No pude encontrar ninguna mención del componente optativo en la página de inicio de Killi; tampoco en las preguntas frecuentes. De hecho, no se menciona en absoluto en el sitio.

Se lo señalé a Sweeney. Respondió que todo quedaba claro al descargar la aplicación Killi y configurar una cuenta, lo cual, sin dudas, no hice porque ya comparto suficientes datos.

En cualquier caso, algo tan significativo como una opción general para compartir información no es una condición que deba retenerse hasta el proceso de registro. Es sorprendente, como mínimo, que Killi no sea más franca al respecto.

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Sweeney dijo que la empresa ahora tiene cerca de 100 millones de cuentas en Estados Unidos. Pero no todos representan “usuarios activos”, es decir que no todos realmente utilizan el servicio. Le pregunté qué porcentaje de esos 100 millones de cuentas están activas. Según Sweeney, se trata de información registrada, que no debe compartirse. ¿Demasiada ironía?

Sweeney añadió que Killi cotiza en bolsa pero aún no obtuvo ganancias. “Ojalá ocurra el año que viene”, agregó.

No tengo opiniones sobre la compañía. Por un lado, es alentador que un empresario como Sweeney reconozca la necesidad de recompensar el papel de los consumidores en la industria de los datos.

Durante años, hemos sido poco más que un pensamiento tardío para las empresas que convirtieron nuestra información personal en una mercancía de compraventa.

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Por otro lado, no estoy seguro de que Killi sea la respuesta. Sí, un poco de efectivo es mejor que nada. ¿Pero aceptar compartir aún más datos? No me parece bien.

Y esa opción general para compartir datos que Killi le ofrece a los clientes equivale a que nos pidan que abandonemos nuestra última línea de defensa de la privacidad. Todo por unos miserables dólares.

“No se trata de los $2 o los $3 que se gana”, replicó Sweeney. “Se trata de recuperar el control de los datos”.

Bueno, en realidad no. Se trata de ganar unos pocos dólares por revelar cosas sobre uno a los especialistas en marketing.

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Pero lo que Killi parece más decidido a hacer es obtener su permiso para que sus clientes hagan lo que quieran con los datos que usted comparte (o que recopilan a sus espaldas de los corredores de datos y otras fuentes).

Eso es un gran problema, y la empresa hizo decididamente un pobre trabajo al informar a los usuarios sobre el alcance total de lo que están aceptando.

Sweeney agregó que Killi se enorgullece de su compromiso con la claridad y la transparencia. Llamémoslo, más bien, un ‘trabajo en proceso’.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí

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