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Disfrutar sin compartir: Cómo fumar marihuana socialmente -de forma segura- en la era del COVID-19

The outline of two faces very close to each other inhaling smoke
El consumo colectivo de cannabis no es seguro en la era de la pandemia (especialmente si se hace como ilustra la imagen, algo que no recomendamos). Sin embargo, hay formas de hacerlo con un riesgo no mayor al de compartir una comida o una cerveza.
(Jacob Moscovitch / Los Angeles Times)

Sentado junto a la piscina en un hotel boutique en Palm Springs, en una escapada de una noche a mediados de agosto, entablé una conversación con un tipo llamado Gary. No sabía nada sobre este sujeto adorador del sol, excepto de dónde era (Huntington Beach), que había crecido en la década de 1970 (vio a Jimi Hendrix y The Doors actuar en vivo) y que estaba dispuesto a charlar sobre el cannabis. Yo, apenas unos días después de haber recorrido los cultivos de la marca de cannabis Ball Family Farms (para un perfil de su fundador y director, Chris Ball), me sentí más que dispuesto a complacerlo.

Gary y yo hablamos sobre las leyes de cultivo (en California se pueden cultivar hasta seis plantas maduras). Charlamos sobre cómo los comestibles infundidos con THC se metabolizan de manera diferente, y le conté mis recientes aventuras con las plantas de maceta (y lo reacio que soy cuando se trata de fumar a mi ‘bebé’).

Me habló de las altísimas plantas de su vecino, que se inclinaban como girasoles en busca de luz sobre la cerca compartida.

Después de charlar varias horas durante dos días bañados por el sol, sentí como si Gary y yo formáramos parte de la misma comunidad de entusiastas del cannabis (cannantusiastas, podríamos llamarnos). Aunque no estaba 100% seguro de que Gary realmente fumara hierba (o si alguna vez lo había hecho), sentí que había encontrado un espíritu afín porque nos entendíamos en todas las cuestiones relacionadas con el tema.

Antes habría respondido a este tirón casi magnético en mi pecho fumando -ya sea un cigarro preenrollado o una pipa llena- y convidando a mi interlocutor. Sin embargo, esta vez me preocupé, no por ser atrapado (sería lo suficientemente inteligente como para hacerlo a escondidas, fuera de la propiedad), sino por la transmisión del COVID-19. Después de todo, el año pasado el mundo entero se preguntaba si alguna vez volveríamos a sentir la magia de un primer beso, y ciertas noticias hasta hablaban de que un simple apretón de manos amistoso quedaría desterrado para siempre.

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Solo había salido de mi burbuja dos, o tal vez tres veces desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020, pero siempre que fumé tuve la previsión de que todos tuvieran una pieza designada de parafernalia. Sin embargo, una vez (antes de la vacuna), inesperadamente compartí algunas caladas de un porro con una famosa estrella de rock. Durante dos semanas, me horroricé pensando que me haría tristemente célebre por matar accidentalmente a un ícono de la música por COVID-19. Ese cosquilleo terrorífico de la transmisión se cernió sobre mí como una nube durante mucho tiempo, y eso es exactamente algo que le quita toda diversión a una oportunidad espontánea de expandir el círculo de fumadores. Eso me hizo sentir enojado, frustrado y socialmente aislado, en iguales proporciones.

One hand holds a lit joint, another holds an ashtray
Consejo para la pandemia: Si su salida social con extraños incluye cigarros de marihuana preenrollados, asegúrese de que todos tengan el suyo.
(Jacob Moscovitch / Los Angeles Times)

No estoy solo. Para muchos miembros de la tribu de los fumadores, al descubrir otra alma de ideas afines, el primer impulso es compartir. Pasar un porro encendido a otro ser humano, ya sea fumando junto a la piscina en Palm Springs o en su propio patio trasero con un nuevo vecino, es el tipo de apretón de manos secreto que hace que dos extraños sean amigos rápidamente y que incluso los momentos más mundanos sean memorables.

Todavía recuerdo mi primera experiencia social de fumar, ahora casi 40 años atrás, con tanta claridad como si fuera ayer.

Durante el verano de 1982, estaba trabajando -y viviendo- en una posada en la cima del monte Equinox, que, a 3.855 pies sobre el nivel del mar, es el pico más alto de la cordillera Taconic, de Vermont. En las estrechas viviendas del sótano, flanqueadas por banderas viejas y tapices de dormitorios universitarios que olían a Incienso Gonesh número 4, Perfumes of Orchards & Vines, se pasaba una pipa de vidrio alrededor de un círculo de persona a persona. “Space Oddity”, de David Bowie, sonaba en el estéreo.

Recuerdo esto claramente porque, mientras el astronauta Major Tom se sentía cada vez más aislado en su nave por encima de la Tierra, yo estaba, por primera vez, encontrando a mi gente.

¿De dónde viene este deseo de compartir marihuana, incluso con un completo extraño? El abogado con sede en Washington, D.C. Keith Stroup, quien fundó la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes de la Marihuana (NORML) en 1970, señala con el dedo la guerra del gobierno federal contra las drogas.

“Siempre me pareció irónico que al establecer la prohibición de la marihuana, que pensaron desalentaría el consumo, el gobierno creó inadvertidamente una subcultura de personas que disfrutan de fumar y pasar tiempo con otros que también lo hacen”, escribió Stroup en un correo electrónico. “Y nos iniciaron rápidamente en las prácticas culturales que implican compartir un cigarro con (a veces) extraños, parados en círculo. Todos infringíamos la ley al fumar y el hecho de que a menudo lo hacíamos con extraños nos proporcionaba un sentido de comunidad”.

“Incluso en los estados donde la marihuana había sido legalizada para todos los adultos”, escribió, “la mayoría de nosotros continuamos compartiendo nuestros porros con extraños que estaban interesados. La práctica de compartir con otros se había convertido en una costumbre social arraigada”.

Stroup mencionó que, como la pandemia puso en pausa temporalmente esa costumbre, lo que hace hoy es planear con anticipación. “Ahora, cuando salgo a cenar o a tomar algo en casa de amigos, llevo varios cigarros enrollados a mano para que, quien quiera unirse a nosotros y disfrutar de la marihuana, pueda tener el suyo”, escribió. “Puede que todavía estemos en un círculo y fumemos, pero ahora nadie comparte; cada uno tiene el suyo”.

Aparentemente, no es el único que está cambiando sus hábitos de consumo de cannabis. Cuando visité el dispensario Calma, de West Hollywood (para un artículo publicado en junio sobre los dispensarios locales que vale la pena visitar en persona), la gerente general, Mara Stusser, comentó que había notado un aumento en la popularidad de los cigarros preenrollados más pequeños llamados ‘paseadores de perros’ (apodados así porque son lo suficientemente pequeños como para consumirlos mientras se pasea al perro).

Cuando volví a consultarla, el mes pasado, los consumidores parecían seguir adaptándose. “Todavía muchos clientes compran los miniporros. Sin embargo, hemos notado un aumento en las ventas de comestibles y bebidas”, escribió en un correo electrónico. “Los productos para fumar siempre han funcionado mejor en Calma, pero recientemente advertimos que más clientes sienten curiosidad por la selección de comestibles”.

El cambio de comportamiento del consumidor también se refleja en un estudio de pronta publicación, realizado por el Instituto Humboldt para la Investigación Interdisciplinaria de Marihuana, de la Universidad Estatal de Humboldt, según anticipó la codirectora del centro, Whitney Ogle.

En una encuesta realizada entre 419 consumidores de cannabis realizada en mayo de 2020, comentó Ogle, los investigadores encontraron un aumento en el consumo de marihuana con fines de manejo del estrés (en una nota quizá relacionada, la encuesta también encontró un alza en el consumo en el trabajo). Y, aunque fumar seguía siendo el método principal, el estudio apunta a un incremento en el uso de cannabis oral (como comestibles y tinturas) y cartuchos de vapeo, así como en el uso de productos con bajo contenido de THC y alto contenido de CBD.

“Observamos estos resultados y pensamos en cómo podríamos educar al público”, expresó Ogle. “Lo primero que enfatizamos es no compartir porros y asegurarse de lavarse las manos antes y después [de fumar], prácticas tradicionales seguras, y también combinar el consumo de marihuana con una actividad positiva. El cannabis no va a ayudar a resolver la ansiedad si se le consume y luego se pasa horas en vano frente a la pantalla del móvil. Pero podría ser útil consumirlo y luego salir al jardín o hacer una caminata”.

Aunque el estudio no indagó específicamente sobre el futuro del consumo comunitario de cannabis, Ogle cree que el tema de un cigarro por persona no será duradero. “Como anécdota, no tengo ningún dato al respecto, creo que la gente comenzará a compartir porros nuevamente”, comentó, “especialmente después de que se vacunen. Eso hace que las cosas vayan volviendo a la normalidad”.

Ella lo comparó -no en términos de seguridad, claro está- con dar un apretón de manos. “En cierto momento durante la pandemia pensábamos: ‘No quiero tocar a otra persona’”, dijo. “Ahora lo hacemos y sentimos: ‘Oh, vaya, acabo de estrechar la mano de alguien’. Es normal que no se sienta normal”.

Desafortunadamente para mí (y para Gary, supongo), 18 meses de vida pandémica me hacen sentir lejos de ser normal y no estoy preparado para compartir de manera segura. No tenía paseadores de perros ni comestibles con THC; todo lo que había traído al desierto era una sola pipa confiable (está fabricada en latón macizo y es casi indestructible, nunca antes había tenido una razón para considerar empacar más de una) y un pequeño alijo de la cepa insignia de Ball Family Farms, Daniel LaRusso.

A menos que le pidiera la tarjeta de prueba de vacunación a Gary o le realizara una prueba de COVID-19 en el acto, ninguna de las cuales haría mucho para promover nuestro sentimiento de camaradería recién descubierta (y solicitarle a alguien que acabas de conocer que se meta algo en su nariz parece totalmente de los 80 de todos modos, ¿cierto?), no iba a haber ningún consumo comunitario en este viaje al desierto.

Dejé a Gary con mi información de contacto y la promesa, más para mí que para él, supongo, de que no volvería a salir desprevenido para una calada espontánea.

En el camino de regreso a Los Ángeles, apunté mentalmente las soluciones que había probado o visto en línea. Para cuando llegué a mi casa, dos horas y media más tarde, tenía un listado corto que, pensé, resolvería el problema de la cuestión social:

1 - Contar con un cigarro/pipa/vaporizador por persona.

2 - Considerar comestibles en lugar de combustibles.

3 - Utilizar una boquilla personal.

4 - Abastecerse de toallitas desinfectantes.

Post-it note that says "Consider edibles"
Nota adhesiva que dice “Considerar comestibles”.
(Micah Fluellen / Los Angeles Times; Getty Images)

Las pocas veces que había fumado con invitados exo-burbuja en mi casa, me las arreglé para buscar (y limpiar) una variedad aleatoria de pipas que se habían acumulado en cajones, contenedores y cajas de herramientas a lo largo de los años. Más allá de eso, mi única otra experiencia de consumo social a mitad de la pandemia, y la única con extraños (excepto por el músico antedicho) fue con comestibles elegantes, arquitectónicos y de dosis baja. A pesar de lo cuidadoso que pensé que estaba siendo cada vez, me sentí aliviado cuando llegué a las dos semanas sin COVID-19 ni síntomas relacionados.

Sin embargo, según la experta médica a quien le conté mis ideas, todavía tengo motivos para preocuparme. “Ninguna de las estrategias de mitigación que sugiere va a funcionar”, escribió Paula Cannon, profesora de microbiología molecular e inmunología en la Escuela de Medicina Keck, de la USC, en su respuesta inicial enviada por correo electrónico. “Porque si fuma a seis pies de alguien con COVID, bueno, el virus se reirá de ello. Es como sentarse en un diván durante el hundimiento del Titanic”.

Su opinión me dejó seriamente preocupado. No solo necesitaba saber más, debía actuar de forma responsable y obtener algunas recomendaciones aprobadas por virólogos sobre cómo fumar de manera segura y social en la era del COVID.

Al principio, Cannon se mostró reacia a profundizar, y me explicó que estaría enviando un mensaje arriesgado al afirmar que fumar marihuana socialmente podría hacerse de manera más segura cuando, en su opinión, no es seguro en absoluto. Después de que le prometí que no endulzaría la verdad, accedió a recibir una llamada de Zoom al día siguiente para hablar claramente. Fue entonces cuando las cosas se pusieron interesantes.

Casi de inmediato, Cannon me dijo que dos de mis soluciones alternativas sugeridas en particular, usar toallitas con alcohol y boquillas especiales en los cigarros, eran en realidad peligrosas porque infundían una falsa sensación de protección.

Post-it note that says "One joint per person"
Nota adhesiva que dice “Un porro por persona”.
(Micah Fluellen / Los Angeles Times; Getty Images)

“Eres una víctima de lo que la gente llama ‘teatro de la higiene’”, comentó Cannon. Me pregunté si mi rubor era tan visible desde el otro lado de la videollamada como en el mío.

“El COVID es algo que se inhala en forma de aerosoles, en gotas”, añadió. “Se podría argumentar que es inofensivo, pero no es porque la gente piense que está bien reunirse en espacios interiores con grandes grupos de personas siempre que haya desinfectante para manos. Cuando mencionas la idea de tener tu propia boquilla, pienso: pero de igual forma estarás sentado allí, en una nube de cannabis y humo de COVID, inhalando felizmente a través del mecanismo que la naturaleza ha desarrollado para que este virus se propague”.

Post-it note that says "Multiple pieces"
Nota adhesiva que dice “Piezas múltiples”.
(Micah Fluellen / Los Angeles Times; Getty Images)

En cambio, añadió la especialista, deberíamos usar las mismas pautas que hemos tenido que aprender en restaurantes, bares y otros espacios llenos de humanos. “Consumir cannabis en un entorno social no es muy diferente de todas las cosas que hacemos en un entorno social”, prosiguió. “Existe un riesgo inherente de todo, pero si se limita a un grupo pequeño de personas, que sabe que están vacunadas y/o se hacen pruebas con regularidad, entonces puede hacer una evaluación calculada de que las posibilidades de que alguno de ustedes tenga COVID son bastante bajas y, por lo tanto, sentarse juntos a la mesa de la cena en un restaurante y/o fumar marihuana juntos [estaría bien]... No es más peligroso que cenar o tomar una cerveza, pero tampoco puede ser más seguro”.

Añadió que, al igual que con el consumo de alcohol, existe la posibilidad de que una vez que esté colocado, el cuidado para evitar los gérmenes desaparezca. “Cualquier cosa que hagamos que limite nuestras inhibiciones y nos haga olvidar ser las personas obedientes que se supone que debemos ser tiene un riesgo”, dijo. Por eso sugiere planificar con anticipación y reorganizar los muebles (exteriores).

“Si alguien tiene COVID, la única forma de protegerse es si está sentado bastante lejos”, explicó. “Entonces, si hay gente en su patio trasero, configure tal vez tres pequeñas estaciones o áreas para sentarse, coloque a una pareja en una estación y a una familia en otra. Y luego, incluso si las personas se quitan las mascarillas porque están fumando, o comiendo o bebiendo, el escenario está preparado para alentar la separación, lo cual es importante” (sin embargo, dijo, lo más importante que cualquiera puede hacer es vacunarse).

Basándome en el consejo de Cannon, y en su rotundo rechazo de mi lista inicial, tomé un post-it nuevo y anoté.

La idea de un porro (o pipa o vaporizador) por persona sirve (considere comprar un paseador de perros, ya que fomentará el distanciamiento social y no desperdiciará hierba). Los comestibles con infusión de THC se mantuvieron en la lista, ya que al no irritar los pulmones tendría ventajas. Los accesorios del “teatro de la higiene” -las toallitas con alcohol y las boquillas- que podrían infundir una falsa sensación de seguridad, fueron descartados, y se agregó la opción al aire libre con asientos cómodos colocados previamente, bien espaciados. Así que, aquí está:

1 - Un cigarro/pipa /vaporizador por persona.

2 - Considerar comestibles en lugar de combustibles.

3 - Reunirse al aire libre.

4 - Separar bien los asientos cómodos.

Post-it note that says "Stay outdoors"
Nota adhesiva que dice “Permanezca en el exterior”.
(Micah Fluellen / Los Angeles Times; Getty Images)

La próxima vez que me encuentre con otro espíritu afín en el mundo -o invite a uno al mío- seré consciente de que mi consumo comunitario de cannabis no está aún totalmente libre de riesgo (¿sigo preocupado por contraer COVID? Por supuesto, solo que no tanto). Pero, gracias a mi práctica lista de verificación, también estoy seguro de que no haré que fumar socialmente sea más peligroso que comer algo o tomar una cerveza. Extraño a mi tribu, a mi gente, a mi comunidad, y no voy a dejar que el COVID me robe la alegría de hacerme amigo de extraños con ese secreto apretón de manos que es el consumo comunitario de cannabis.

Muy bien, entonces ¿dónde está Gary?

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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