Los sueños hechos realidad de Rocío Camacho, ‘la Diosa de los moles’

Rocio Camacho, mejor conocida como "la Diosa de los moles", muestra su reconocimiento en la guía Michelin 2021.
Rocio Camacho, mejor conocida como “la Diosa de los moles”, muestra su reconocimiento en la guía Michelin 2021.
(Branding is Social, Inc.)
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De sus manos se desprende el olor a cacao, huitlacoche, cecina. Son manos mágicas de las que surgen como por arte de magia todo tipo de sabores que me traen recuerdos de un México y un tiempo escondido en mi memoria.

Ella es Rocío Camacho. Muchos la conocen como la Diosa de los moles.

Tuve la oportunidad de conversar con ella en su restaurante Rocio’s Mexican Kitchen. Es un lugar modesto enclavado en un vecindario de clase trabajadora. Pero en cuanto se atraviesa el umbral de la puerta, uno puede darse cuenta de que ahí hay un verdadero tesoro gastronómico.

A lo largo de los años me habían hablado de Rocío. De hecho, nos hemos encontrado en muchos eventos y siempre nos saludamos con la promesa de que pronto hablaremos.

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En esta tarde calurosa de septiembre me siento frente a ella. Y veo entonces un rostro de sonrisa amable y unos ojos que brillan intensamente al recordar los años duros que ha pasado hasta llegar a este sitio, en donde sirve los platillos más exquisitos de la rica y compleja gastronomía oaxaqueña.

“El mejor halago es que mi madre me haya dicho que mi mole ya estaba tan bueno como el de ella”.

— Rocío Camacho, la Diosa de los moles

Nos preparamos para comer y conversar largamente, así que le digo que ella sugiera, después de todo, Camacho es la autora de cada uno de los platillos que aquí se sirven.

-Mira, me dice, prueba este mahi mahi en salsa de huitlacoche.

-¿Pescado con huitlacoche?, pregunto un poco extrañado por la combinación.

-Pruébalo, me dice con una sonrisa confiada.

Pero el menú es amplio y todos los que estamos en la mesa acordamos compartir para probar varios platillos. Entonces ordenamos un mole ‘manchamanteles’, una cazuela oaxaqueña con cecina, queso, nopal y chorizo.

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-Trae también unas enchiladas, para que las prueben, y un guacamole, le dice a la mesera que nos atiende.

Y de tomar pedimos agua de pepino, jamaica y tamarindo.

“Les va a gustar”, nos dice con toda seguridad.

Mientras llegan los platos seguimos desgranando la vida de Camacho y sus vivencias al lado de su madre y su abuela. “Me decían que no me acercara al fuego, aunque de vez en cuando me dejaban voltear las tortillas ahí frente al fogón”.

Hace una pausa y se remonta en el tiempo a esa cocina, a esa estufa de leña. A esos olores y a esos momentos en los que aprendió a preparar todo tipo de platillos.

“Desde muy chiquita aprendí a hacer el mole. Aprendí que había que escoger cuidadosamente los ingredientes. Que había que tocarlos, olerlos, sentir las texturas, entender las combinaciones y las hierbas”.

“Era como jugar”, confiesa con una sonrisa que la ilumina.

“Yo misma compro los ingredientes, son más de 30 y los voy mezclando como lo hacíamos allá”, dice mientras describe los diferentes tipos de mole que ella ha aprendido a preparar, entre los que se encuentran el manchamanteles, el negro, de pistache, de hierbas, de hierbas aromáticas, de mango, de maracuyá, de frutas de la estación, de café, el blanco. En total tiene más de 20 recetas de mole.

Rocio’s Mexican Kitchen
Rocío Camacho junto al personal de su restaurante Rocio’s Mexican Kitchen.
(Branding is Social, Inc.)
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A los 15 años, ya conocía la mayoría de los secretos culinarios que las mujeres de su familia han trasmitido de generación en generación. “Somos cinco hermanas pero yo fui la única a quien le gusto cocinar y de mis hijos, solo mi hijo ha querido ser chef así que con él va la herencia del sabor”, dijo.

Cuando escucho su historia no puedo dejar de imaginarme el fogón de barro de la cocina, el paisaje de la mixteca oaxaqueña, me imagino las conversaciones entre las mujeres de esa casa, y entonces recuerdo la película “Como agua para chocolate”, donde la cocina era un rito que se aprendía con paciencia.

Y después llegó el tiempo de emigrar. De buscar otras oportunidades. Cruzó la frontera en 1987 en busca de un sueño. “Era bien fácil pasar. Me cobraron cien dólares y ni camine”, dice la famosa chef nacida en Huajuapan de León.

“Pero mi sueño americano no era ganar dinero”, dice mientras se contempla las manos. “De verdad, yo no venía pensando en comprar casas, ropa o carros. Yo lo único que quería era llegar a ser lo que sabía que podía ser, sin limitaciones, sin fronteras. Yo sabía que podía llegar muy lejos”.

Si quiere probar un postre delicioso, pida el Pan de Elote.
Si quiere probar un postre delicioso, pida el Pan de Elote.
(Myung J. Chun/Los Angeles Times)

Y lo ha hecho. Camacho ha sido reconocida por columnistas gastronómicos en Los Angeles Magazine, Los Angeles Times y LA Weekly, además de que es una invitada habitual en Univisión Los Ángeles y Telemundo.

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Rocío Camacho, conocida como la Diosa de los Moles participa en numerosos eventos de ayuda a la comunidad.
(Selene Rivera)

En ese sueño había muchos capítulos, como abrir un restaurante oaxaqueño donde pudiera dar a conocer las costumbres de su pueblo. En ese sueño había un libro de recetas ancestrales, y pláticas para otras mujeres para enseñarles esos secretos de la cocina.

Pero para poder llegar a eso había que picar piedra. Así que empezó a trabajar en restaurantes haciendo méritos en la cocina. Trabajó en La Casita Mexicana antes de escribir el menú de Tamales y Antojitos La Tía, donde las degustaciones de mole eran lo más atractivo durante su presencia y fue ahí donde Camacho emergió como un tesoro local.

Después cocinó en La Huasteca, Don Chente (estos restaurantes siguen teniendo recetas de Camacho). Sus antiguos socios en Sun Valley y Tarzana han abierto Chiguacle Sabor Ancestral de México, cuyo menú, guarda demasiadas similitudes con el que Camacho había diseñado para Moles de Los Dioses.

El apodo de la Diosa del Mole se lo dio precisamente el crítico Jonathan Holmes, quien, al visitar su restaurante quedó sorprendido por la calidad de los platillos y dijo que su comida era un “Manjar de Dioses”.

También quedaron sorprendidos los creadores de la Guía Michelín, (la famosa guía de restaurantes que califica la calidad de los restaurantes en todo el mundo). Sin que ella supiera, comieron en su restaurante y fue el platillo de Mahi Mahi en salsa de huitlacoche, el que los convenció de que ella y su restaurante tenían que estar en la Guía.

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La categoría en la que ella se encuentra es la de Bib Gourmand, que cataloga los restaurantes de precio módico, pero con una gran calidad en sus platillos.

“Esta distinción coloca Rocio’s Mexican Kitchen, a Rocío y a la ciudad de Bell Gardens en el mapa gastronómico del mundo”, dijo José Díaz Romero, cofundador con Roberto Carlos Lemus, de Exquisitamente. “Ella ha mostrado con creces que tiene la calidad para competir con los mejores restaurantes del mundo”.

Pero no son las entrevistas, ni los reconocimientos de otros chefs, ni los comentarios de los críticos lo que más valora. “Es la opinión de mi mamá”, dice como si fuera una niña traviesa. “Hasta hace muy poco tiempo me decía, mhhh, creo que le falta poquito de esto, o un poquito de aquello… hasta que un día, muy seria me dijo, creo que ya te quedó como el mío y me dio un abrazo. Ese ha sido el reconocimiento más importante de mi vida”.

EL DATO

Rocio’s Mexican Kitchen

7891 Garfield Ave, Bell Gardens, CA 90201

Teléfono: (562) 659-7800

https://www.yelp.com/biz/rocios-mexican-kitchen-bell-gardens