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El Tri y el ya merito: Los memes es lo único rescatable de la presencia de México en Qatar

Aficionados mexicanos en Qatar al conocer la eliminación del Tri.
(AP)
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Mientras sufría el partido México-Arabia Saudita, en el que ambos equipos se jugaban la vida, de pronto me pareció como si todo fuera una película que había visto una y mil veces. En los primeros minutos, los jugadores corrían desaforados tras la pelota, con más ganas que técnica. Las llegadas al arco contrario se repetían una y otra vez, pero el rey gol se negaba a aparecer, y en las tribunas se rezaba, se imploraba por un milagro.

-Ya mero

-Ya casi

-Estuvo a punto

- Era penal

-Escandaloso, ni le pegó tan duro

Y entonces recordé Alemania, Sudáfrica, Brasil, Moscú y me di cuenta de que la aspiración del público era la misma: “que ocurra un milagro”. “No aspiramos a ganar la Copa, con que pasen a octavos de final”, con que jueguen el quinto partido”.

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Pero para eso, aunque parezca obvio, falta lo que no se tiene.

Y cuando no se tiene lo que falta, los milagros en la cancha no aparecen con frecuencia. En realidad, las victorias se construyen como un tejido que se hila a mano, en un proceso duro, estricto, de esfuerzo, de comunidad y de aprender de los errores.

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Los minutos pasaban en un ir y venir y nadie lograba anotar. El tiempo se escurría, literalmente, como arena entre los pies. Y el gol que no caía en este partido, cayó en el otro que jugaban Argentina y Polonia.

De pronto el “odio” hacia los argentinos por la derrota propinada apenas días antes, empezó a convertirse en “amor” a la albiceleste por el dominio que ejercía sobre los polacos. “Un gol más virgencita, y te prometo que de ahora en adelante no volveré a tomar”, rezaban algunos desde las tribunas. Y cuando se pensaba que por la diferencia de goles México estaría en octavos de final, llegó un gol solitario. El del honor árabe, el gol que dejó hundidos en la derrota a los dos equipos.

Y entonces se hizo un silencio monumental como el estadio. La tradicional alegría mexicana se derrumbó como su selección. Cesaron los cantos de la Chona, y los sombreros de charro, y los bailes de caballo dorado quedaron para otro momento. De repente el sueno se había estrellado con la realidad.

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¿Por qué no jugaron así desde el principio?, se quejaban una y otra vez algunos fans que viajaron hasta el otro extremo del mundo para ver a su selección fracasar, una vez más en una copa mundial.

Es claro. En esto no se trata de enjundia, ni de “perdimos, pero dimos un buen juego”. Se trata de anotar goles y de eso carece esta selección, que se va con apenas dos tantos anotados.

Y entonces llegó la furia reflexiva y burlona. Los memes en las redes sociales aparecieron como por arte de magia. Ahí no hubo pudor para la crítica. Así como una semana antes se glorificó a “San Memo Ochoa” por detener un penal que impidió la derrota frente a Polonia, ahora todos eran culpables. Desde Morena y López Obrador, hasta la mafia del poder, los fifís, los chairos, la Federación Mexicana de Futbol, y por supuesto, el entrenador Tata Martino, que para muchos fue el artífice de un desastre anunciado a lo largo de años de una preparación que demostró no tener ni pies ni cabeza.

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Habrá que esperar otros cuatro años, en los que los aficionados se olvidarán de la terrible actuación de esta selección que recuerda mucho a aquella que en el pasado era conocida como la selección de los “ratoncitos verdes”.


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