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Excursión en trineo de perros en Suecia con una sensación de asombro

Excursión en trineo de perros en Suecia con una sensación de asombro
Excursión en trineo tirado por perros dentro del Círculo Polar Ártico en la Laponia sueca. Atrapado en el hielo, con los pies congelados y las temperaturas exteriores a -20 grados centígrados: si alguna vez hubo un momento para tomar una selfie, este fue el momento. (Scott Fritz)

"¿Puedes sentir tus dedos de los pies?" Marion, nuestra guía alemana, me gritó por encima de los vientos polares que nos golpeaban. "Será mejor que te cambies los calcetines. No quiero que te congeles".

Asentí y me dirigí a mi equipo de perros. Me encontraba en el Día 5 de una expedición de trineos de perros de una semana, y nuestro grupo quedó varado, congelado en el hielo en medio de un lago masivo en algún lugar al norte de Kiruna, una pequeña ciudad minera a unas 125 millas dentro del Círculo Polar Ártico en la Laponia sueca.

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Había crecido leyendo "The Call of the Wild", de Jack London, y siempre había soñado con ir en una aventura de trineos tirados por perros.

Pasé la mayor parte del 2017 investigando y planificando este viaje, y ahora aquí estaba, a miles de millas de mi hogar, en temperaturas bajo cero, y la palabra "congelado" acababa de ser pronunciada de manera casual.

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Definitivamente estaba fuera de mi elemento.

El camino de regreso a mi trineo no fue fácil. Aunque el hielo estaba congelado, el clima en las primeras semanas de diciembre había sido insoportablemente cálido.

Esto creó una condición en la que el agua helada se acumulaba sobre el hielo del lago, que luego quedo cubierto por una capa de nieve.

Con cada paso, mis botas se agrietaban a través de la nieve y luego se hundían a través de 18 pulgadas de agua helada que las inundaba.

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En este punto, no podía sentir mis pies, y mucho menos mis dedos de los pies.

Mientras me acercaba al trineo, mi equipo de cuatro perros Husky siberianos saltó felizmente y comenzó a ladrar y aullar. Estaban listos para irse.

(Lou Spirito)

Comencé a cavar a través de la ropa interior, los termales y las camisas de franela que había empacado cuidadosamente ese día, tratando desesperadamente de encontrar un par de calcetines secos. Hice a un lado el cuchillo de caza tipo "Cocodrilo Dundee" que había comprado para el viaje. Medía 8 pulgadas de largo, con una cuchilla grande y su propia funda. Lo llamé "The Widowmaker" (El Hacedor de Viudas).

"¡Por si acaso me congelo y tengo que cortarme un dedo del pie!", les había dicho a mis amigos en casa mientras lo mostraba. "Ja, ja", dije. "Ja, ja, ja", respondieron mis amigos. La broma no parecía tan graciosa ahora.

Ahora aquí estaba en medio de la nada, a unas 1,500 millas del Polo Norte, enfrentándome a la realidad de que podría perder algunos dedos de los pies. En este punto ya había revisado mi bolsa dos veces y de alguna manera, inexplicablemente, no podía encontrar mis calcetines.

"¿Cómo llegué aquí?", me preguntaba.

"Nada de Titanic"

Logísticamente, el "cómo" fue fácil. Había volado desde LAX al aeropuerto de Estocolmo Arlanda (transbordando en el Heathrow de Londres). Después de pasar la noche y la mayor parte del día siguiente deambulando por los pintorescos callejones de Gamla Stan (Ciudad Vieja), abordé un tren nocturno SJ en la Estación Central de Estocolmo, con destino a Kiruna.

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Quince horas después, llegué a la Laponia sueca.

A primera vista, Kiruna se veía como algo salido de una película de Bond de los años 80. La ciudad era industrial, con lo que parecían ser enormes refinerías en todas partes, y estaba cubierta de nieve. Aunque eran casi las 10 de la mañana, el sol no había salido.

Llegué justo cuando comenzaba la noche polar, por lo que el sol nunca se elevó sobre el horizonte. Cada día teníamos unas cuatro horas de un hermoso crepúsculo azul antes de sumergirnos nuevamente en la oscuridad.

Un cuidador de perros de Jukkasjarvi VildmarksTurer, la compañía que guiaba la expedición, me recogió en la estación de tren. Después de un corto viaje en automóvil por la ciudad, llegamos al campamento base, un extenso complejo de cabañas y perreras compartidas para varios cientos de huskies aullando y perpetuamente excitados.

Por la noche, todos en nuestro grupo habían llegado. Había tres mujeres de Alemania, una de Irlanda, una chef de Suiza y yo. Después de que nos conocimos mientras comíamos chile casero, Marion, nuestra guía, nos dijó todas las formas horribles en que podíamos perder las extremidades actuando estúpidamente en nuestros trineos.

Vista desde la parte trasera. Mientras esperamos escalar una colina, nuestra guía realiza ajustes en el trineo de otro cliente al frente del grupo.
Vista desde la parte trasera. Mientras esperamos escalar una colina, nuestra guía realiza ajustes en el trineo de otro cliente al frente del grupo. (Scott Fritz)

"¡No quiero ver a nadie haciendo la mierda de '¡Yo soy el rey del mundo!' de 'Titanic'", dijo, levantando los brazos sobre su cabeza y burlándose de Jack. "Cada año, un idiota hace eso, pierde el equilibrio y se cae del trineo. Entonces tengo que ir a perseguir a sus perros. Nada de Titanic".

Solemnemente, todos juramos que no habría recreaciones del Titanic.

A la mañana siguiente nos despertaron los ladridos y aullidos de los perros. Después de un desayuno rápido, los guías nos llevaron a nuestros trineos, donde nos presentaron a nuestros equipos de perros y nos enseñaron cómo amarrarlos a nuestros trineos.

Después de cargar nuestro equipo y recibir instrucciones rápidas sobre cómo manejar el trineo con nuestro peso corporal, nos fuimos.

Durante la semana siguiente pasamos nuestros días paseando en trineos de perros por el escarpado campo. Por la noche, nos alojamos en cabañas rústicas que carecían de electricidad y agua corriente. Cortamos nuestra propia leña, sacamos nuestra propia agua y cuidamos a los perros como si fueran nuestros.

Nuestra rutina diaria era sencilla: despertar, alimentar a los perros, desayunar, empacar nuestros trineos, amarrar a los perros y luego pasar de cuatro a cinco horas montando a trineo a través de bosques espectaculares y cruzando ríos y lagos congelados. A veces nos encontrábamos con nieve profunda y teníamos que empujar nuestros trineos mientras los perros se forzaban y saltaban para sacarnos adelante.

Por la noche, después de llegar a nuestra cabaña y alimentar a los perros, comíamos fantásticos platillos suecos tradicionales preparados por Marion. Algunas de las cabañas tenían saunas de leña, por lo que podíamos relajarnos y bañarnos.

A menudo nos pasábamos días enteros sin ver a otras personas, y la lejanía del área significaba que no había señales de celulares ni internet. La temperatura, en promedio, rondaba los 14 grados, pero llevábamos monos térmicos y botas y mitones aislados que nos entregó la compañía de excursiones, por lo que el frío no fue un problema.

Al menos, no fue un problema hasta el día en que nos quedamos atrapados en el lago.

RESCATE Y RECOMPENSAS

Mi equipo de perros para la semana. De izquierda a derecha: Luis, Kaja, Omna y Sunny. Los perros son cariñosos, y es fácil formar un vínculo con ellos mientras trabajan para arrastrarte por la tierra salvaje durante la semana.
Mi equipo de perros para la semana. De izquierda a derecha: Luis, Kaja, Omna y Sunny. Los perros son cariñosos, y es fácil formar un vínculo con ellos mientras trabajan para arrastrarte por la tierra salvaje durante la semana. (Scott Fritz)

A estas alturas ya habíamos estado congelados en el lugar por más de una hora, y estaba empezando a oscurecer.

La temperatura bajó a 4 bajo cero y el viento comenzó a aullar. Marion me trajo un par de calcetines nuevos de su trineo y algunas bolsas de plástico para cubrir el interior de mis botas.

"Hey, Katharina. Si las cosas se ponen muy mal, debemos hacer un pacto para no comernos unos a otros", le dije a una de las mujeres alemanas después de que Marion se fue.

Katharina estaba demasiado fría para apreciar mi humor negro.

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Luego, cuando el último brillo del crepúsculo se desvaneció, oímos motores rugiendo, y cuando miramos al otro lado del lago, vimos motos de nieve apuntando hacia nosotros. Marion había usado un teléfono satelital para solicitar respaldo, y dos guías habían venido a rescatarnos.

Mientras pasábamos la noche en una de las cabañas, descubrimos que un huésped anterior había construido un iglú.
Mientras pasábamos la noche en una de las cabañas, descubrimos que un huésped anterior había construido un iglú. (Scott Fritz)

Trabajando rápidamente, uno de los guías sacó nuestros trineos y les quitó el hielo, mientras que el otro nos abrió un camino para que saliéramos del aguanieve. Los perros saltaron, ladraron y tiraron, remolcándonos a la seguridad. Una vez que llegamos a la orilla, las motos de nieve partieron, atravesando el lago y dejándonos solos en la naturaleza.

Viajamos en silencio en una fila, solo escuchando el tintineo de los arneses de los perros y el zumbido silencioso de los corredores de trineos deslizándose por la nieve. Por encima de nosotros, la aurora boreal apareció y lentamente se hizo más intensa, formando largas franjas verdosas a través del cielo.

Cuando nuestro grupo dio vuelta en una curva, miré hacia adelante y vi nuestra cabaña para pasar la noche.

Los perros parecían reconocer dónde estábamos también, y aceleraron el paso.

Se necesita cierta mentalidad para visitar la Laponia sueca en el invierno. Es oscura, fría y remota, y el viaje no es para todos, pero hay algo que decir para ambrazar esta aventura y la naturaleza del mundo de viajar hasta este lugar.

La gente es cálida y acogedora, y el paisaje es incomparable.

Llegamos a la cabaña y frené, luego anclé mi trineo. No podía sentir los dedos en mi pie izquierdo y mi cara estaba cubierta de hielo, pero estaba teniendo el mejor momento de mi vida.

LA MEJOR MANERA DE LLEGAR A KIRUNA, SUECIA

Desde LAX, United, Air Canada y British ofrecen servicio de conexión (cambio de aviones) a Estocolmo. Tarifa aérea restringida de ida y vuelta desde $1,104, incluyendo impuestos y cargos. SAS vuela ida y vuelta de Estocolmo a Kiruna varias veces a la semana.

Los más aventureros, pueden tomar el tren nocturno SJ Rail de Estocolmo a Kiruna. Las cabinas para dormir son compartidas en el viaje de 15 horas. Los boletos de cabina para dormir comienzan alrededor de $190 viaje de ida y vuelta.

EL TOUR

La aurora boreal sobre el campamento base a las afueras de Kiruna. Siempre había sido uno de mis objetivos de vida verla, y resultó ser una de las cosas más increíbles que he presenciado.
La aurora boreal sobre el campamento base a las afueras de Kiruna. Siempre había sido uno de mis objetivos de vida verla, y resultó ser una de las cosas más increíbles que he presenciado. (Scott Fritz)

Jukkasjarvi VildmarksTurer proporcionó todos los perros, trineos, ropa de invierno y cabañas para el viaje. Pagué alrededor de $1,800 por mi expedición.

Marzo es el mejor momento para ir. Lo peor del clima invernal ha pasado, y los días se están volviendo un poco más largos, lo que significa más tiempo en trineo a la luz del día y cielos despejados para observar la aurora boreal.

QUE LLEVAR

Debido a que su trineo está siendo tirado por cuatro perros, está limitado en lo que puede llevar y debe caber en una pequeña bolsa de lona.

Necesitará ropa interior térmica, ropa abrigada para usar debajo del traje térmico, gafas transparentes, al menos dos pares de guantes (un par debe ser "junky" para trabajar con perros), jabón y artículos de tocador, muchos pares de calcetines (compré calcetines de doble capa en REI, y funcionaron bien), calentadores de manos y una cámara. También necesitará ropa abrigada e informal para pasar la noche en la cabaña.

Si puede dejarse crecer la barba, debería hacer eso. De lo contrario, traer un escudo facial.

Por último, pero no menos importante, necesitará un faro y un montón de baterías adicionales. Las cabañas no tienen energía, por lo que no hay lugar para cargar las baterías, etc. Lleve al menos dos de respaldo.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.

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