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Vida y Estilo

U.S. News está equivocado sobre lo que constituye las mejores dietas

Dietas

Una ensalada con coliflor finamente cortado (Mandi Wright / TNS).

(TNS)

Si sigue un régimen de comidas, tenga cuidado: el U.S. News & World Report, en su destacada noticia de portada de enero acerca de las “mejores dietas”, consideró a las conocidas como ‘DASH’ y ‘Mediterránea’ como las más indicadas para la salud, aunque ambas representan el estado nutricional fallido de los últimos 50 años.

DASH figura primera en el ranking de U.S. News, pero los expertos han descubierto que únicamente fue probada en aproximadamente 2,000 sujetos (principalmente hipertensos, de mediana edad) y en estudios que no duran más de seis meses. Sus efectos difícilmente pueden generalizarse a todos los estadounidenses.

En esos estudios limitados, la dieta, que promueve las frutas, verduras y productos lácteos bajos en grasa, redujo algunos factores de riesgo cardiovascular, como la presión arterial. Sin embargo, usualmente empeoró otros, como el colesterol HDL (el ‘bueno’) y los triglicéridos. La única vez que se probó contra una versión de mayor contenido de grasa, ésta última presentó un mejor rendimiento.

DASH -acrónimo de Dietary Approaches to Stop Hypertension, o Enfoques dietéticos para detener la hipertensión- fue promovida por el gobierno por más de 20 años, pero la evidencia aún no demuestra un impacto significativo en las principales enfermedades relacionadas con la nutrición de nuestro tiempo, especialmente la obesidad y la diabetes. Estos trastornos gemelos constituyen una epidemia mundial de salud pública de proporciones críticas, un “desastre en cámara lenta”, en palabras del director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El ranking de U.S. News aborda superficialmente estas enfermedades, pero acaba exaltando una dieta de la cual prácticamente no hay pruebas que confirmen que puede tratarlas o prevenirlas.

La dieta mediterránea, clasificada en segundo lugar en cuanto a salud general por U.S. News (pero clasificada formalmente en vinculación con DASH) cuenta con algo más de evidencia. Muy popular desde su introducción formal, en 1993, por la Escuela de Salud Pública de Harvard, y seleccionada por el Departamento de Agricultura de los EE.UU. en 2015 como uno de sus tres “patrones alimentarios” recomendados, la dieta fue estudiada principalmente en un ensayo de 2013 sobre aproximadamente 7,500 sujetos, en España. Después de cinco años, aquellos que habían seguido el régimen redujeron su riesgo de eventos cardiovasculares un 2%, en términos absolutos. Además, la dieta no mostró impacto en la mortalidad general o la pérdida de peso. Y la prueba en sí misma fue defectuosa, ya que no tuvo un grupo de control comparativo adecuado.

Está claro que U.S. News -que empleó un panel de expertos para calificar 40 dietas según diversos criterios- simplemente recapituló consejos dietéticos cuestionables que han pasado por una sucesión de nombres desde la década de 1970: “bajo en grasa”, “DASH”, “estilo USDA”, “basado en plantas ". El conjunto básico de recomendaciones se mantuvo igual, haciendo hincapié en los alimentos vegetales (cereales, frutas y verduras) sobre los productos animales (huevos, productos lácteos regulares, carne) y los aceites vegetales sobre las grasas animales naturales, como la mantequilla.

Según datos del gobierno, los estadounidenses han seguido en gran medida estas recomendaciones durante los últimos 50 años, sobre todo aumentando su consumo de granos, verduras y frutas, y consumiendo menos leche entera, queso, mantequilla, carne y huevos. ¿El resultado? En ese momento, las tasas de obesidad y diabetes tipo 2 se dispararon. Algo ha salido terriblemente mal.

¿Por qué 25 médicos, dietistas y nutricionistas en el panel de U.S. News elegirían una filosofía alimenticia que, hasta ahora, nos ha fallado? Podrían estar atrincherados en sus opiniones, apoyados por las industrias que se benefician con estas dietas, motivados por cuestiones no relacionadas con la nutrición -como el activismo por los derechos de los animales- o simplemente podrían haber caído en la conveniencia fácil del pensamiento grupal.

La pérdida de potenciales alimentos saludables es profunda. Por ejemplo, las dietas bajas en carbohidratos y más altas en grasa -llamadas, diversamente, “Atkins”, “paleo”, “cetogénica” o “South Beach” y basadas en la idea simple de que los carbohidratos son únicamente fuentes de engorde- fueron ignoradas en la clasificación de U.S. News. De hecho, la dieta cetogénica, que limita estrictamente los carbohidratos en favor de la grasa, apenas entró en último lugar.

Es una lástima: los primeros resultados de un ensayo actual informaron que los síntomas de la diabetes tipo 2 se pueden revertir en solo 10 semanas con dicha dieta. Los sujetos que padecen diabetes fueron educados acerca de los carbohidratos y entrenados durante el período de estudio. Finalmente, se curaron de su enfermedad, algo que la medicina convencional ni siquiera cree posible.

Estos son resultados preliminares, pero muchos otros estudios sobre dietas bajas en carbohidratos contienen resultados positivos igualmente alentadores para las personas con enfermedades relacionadas con la nutrición. Las dietas bajas en carbohidratos ahora se han probado en al menos 78 ensayos clínicos en cerca de 7,000 personas, incluyendo una amplia variedad de poblaciones enfermas y de bienestar, principalmente en los EE.UU.

Treinta y dos de estos estudios han durado al menos seis meses, y seis ensayos se prolongaron durante dos años, tiempo suficiente para demostrar la ausencia de efectos secundarios negativos. Prácticamente en todos los casos, las dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas funcionaron tan bien o mejor que otros regímenes. La evidencia acumulada muestra que las dietas bajas en carbohidratos son seguras y efectivas para combatir la obesidad, muy prometedoras para el tratamiento de la diabetes tipo 2, y mejoran la mayoría de los factores de riesgo cardiovascular.

En medio de una crisis mundial de obesidad y diabetes, no necesitamos más aportes de expertos que no presten atención a las últimas novedades científicas, o que no puedan librarse de 50 años de pensamiento convencional acerca de la alimentación saludable.

Promover el mismo asesoramiento dietético una y otra vez mientras se esperan resultados diferentes, de hecho, es una locura, y lo que es peor, no hace nada para combatir el aumento de las tasas de enfermedad y mortalidad. Los consumidores necesitan información sólida sobre cómo comer para tener buena salud. La edición de las “mejores dietas” de U.S. News no está a la altura de ello.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí