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Un nuevo estudio describe cómo el cambio climático pone en riesgo la salud mental de los estadounidenses

Un nuevo estudio describe cómo el cambio climático pone en riesgo la salud mental de los estadounidenses
Guillermo Salazar, de Reseda, se limpia el sudor de la frente durante una ola de calor en el verano. Una nueva investigación identifica múltiples formas en que el cambio climático está asociado con una salud mental deficiente (Allen J. Schaben / Los Angeles Times). (Los Angeles Times)

¿El cambio climático lo estresa? Un nuevo estudio que relaciona el clima y la salud mental en Estados Unidos sugiere que las cosas podrían empeorar mucho más.

El informe describe tres formas distintas en que el clima más cálido y más extremo puede minar el bienestar mental de las personas obligadas a experimentarlo. Los efectos serán más pronunciados para las mujeres y para los estadounidenses de bajos ingresos, indican los hallazgos.

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"En última instancia, si las relaciones observadas en el pasado reciente persisten, más cambio climático puede amplificar el agobio de salud mental de toda la sociedad", escribieron los autores del estudio, en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el lunes.

El equipo de investigación —dirigido por Nick Obradovich, científico de datos del MIT Media Lab que examina el cambio climático y el comportamiento humano— se guió por la experiencia de la vida real de un grupo diverso de personas, de 263 ciudades de todo el país. Todos ellos participaron en el Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo de Comportamiento, una encuesta de salud gestionada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) desde 1984.

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Entre 2002 y 2012, a casi dos millones de participantes se les hizo esta pregunta: Pensando en su salud mental, que incluye estrés, depresión y problemas con las emociones, ¿durante cuántos días durante el último mes no fue buena su salud mental?

Obradovich y sus colegas utilizaron las respuestas para clasificar a los sujetos en dos grupos: los que informaron sobre días recientes con mala salud mental y los que no lo hicieron.

Los autores del estudio reconocieron que esto estaba muy lejos de evaluar el verdadero estado psiquiátrico de un individuo, pero la realización de evaluaciones individuales de tantas personas simplemente no era factible. En el lado positivo, los participantes de la encuesta fueron seleccionados al azar como representativos de la nación en su conjunto. Además, la forma en que se redactó la pregunta permitió a los investigadores identificar a las personas que estaban experimentando trastornos mentales, incluso si no habían buscado ayuda de salud profesional, escribieron.

Los datos de los CDC incluían la ubicación de cada participante, y los investigadores la utilizaron para hacer coincidir el estado de salud mental de cada persona con el clima en el que vivía.

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Durante el período de estudio, de una década, encontraron tres formas distintivas en que el cambio climático se asoció con una peor salud mental.

La primera fue lo que los autores denominaron "exposición a corto plazo a la intemperie", la que evaluaron de dos maneras. Para empezar, registraron la temperatura más alta para cada día en cada ciudad y luego calcularon el promedio de esos picos en el transcurso de cada mes.

Cuando la temperatura diaria máxima promedió los 86 grados Fahrenheit o más, las probabilidades de que los individuos experimenten una salud mental deficiente fueron un punto porcentual más altas que en los meses en que la temperatura máxima promedio había sido de entre 50 y 59 grados, y 0.5 puntos porcentuales más alta que cuando la temperatura promedio había estado entre 77 y 86 grados.

Los investigadores descubrieron que algunas personas eran más vulnerables que otras. Clasificaron a los participantes en cuatro grupos según sus ingresos y detectaron que el efecto de las altas temperaturas en la salud mental era un 60% mayor para aquellos en la parte inferior de la escala económica que para los individuos en la parte superior.

Los investigadores también encontraron que ser mujer podía asociarse con un efecto de la misma magnitud. Al combinar ambos factores, calcularon que el efecto negativo de las altas temperaturas en la salud mental era el doble para las mujeres de bajos ingresos que para los hombres de altos ingresos.

Los días de lluvia también se cobraron un alto precio. Las probabilidades de reportar problemas de salud mental fueron dos puntos porcentuales más altas en los meses extremadamente lluviosos —con más de 25 días de precipitación— que en meses sin precipitación alguna.

A continuación, los investigadores consideraron el efecto del calentamiento que se produjo a lo largo de varios años.

Dividieron sus datos en dos períodos: de 2002 a 2006 y de 2007 a 2011. Entre las 156 ciudades con datos de ambos lapsos, encontraron que cuando la temperatura máxima promedio aumentaba en 1.8 grados entre los años anteriores y posteriores, la prevalencia de los problemas de salud mental aumentaban en dos puntos porcentuales.

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Obradovich y sus colegas modificaron su análisis de varias maneras para asegurarse de que este resultado no fuera una casualidad. Por ejemplo, cuando se enfocaron en las 78 ciudades que tenían datos de la década, encontraron que el efecto era ligeramente mayor.

Los investigadores observaron que los efectos del calentamiento multianual eran más pronunciados en la primavera y el verano.

Finalmente, el equipo consideró el costo de los huracanes sobre la salud mental. Según ellos, se enfocaron en este tipo de desastre natural porque se espera que el cambio climático los vuelva más frecuentes e intensos.

Los datos de los CDC mostraron que después de que el huracán Katrina azotara la región de la Costa del Golfo, en agosto de 2005, los informes de problemas de salud mental aumentaron en lugares declarados como zonas de desastre. Mientras tanto, en sitios que no fueron afectados por el huracán, la salud mental de los participantes del estudio mejoró después de la tormenta.

Al comparar a las víctimas de huracanes con otros estadounidenses, los investigadores pudieron estimar hasta qué punto la exposición a Katrina estaba asociada con cambios en la salud mental. El resultado fue que la aparición de problemas de salud mental fue cuatro puntos porcentuales más alta entre los afectados por el huracán que entre los no afectados.

Si bien los tres factores se asociaron significativamente con una peor salud mental, hubo una clara jerarquía entre ellos: los huracanes fueron los peores, seguidos por el calentamiento a largo plazo y los cambios de temperatura en el corto plazo.

Las encuestas de los CDC utilizadas en este estudio no proporcionaron el tipo de detalle que los investigadores necesitan para explicar exactamente cómo el cambio climático se traduce en una peor salud mental. Pero hay muchas posibilidades. Los investigadores nombraron unas pocas, incluido el hecho de que el incremento de las temperaturas puede obligar a algunos individuos a mudarse, sufriendo un desarraigo de toda su vida. Otros pueden trabajar en industrias amenazadas por el cambio climático y terminar desempleados.

El clima caluroso desalienta a las personas a hacer ejercicio y dificulta dormir bien por la noche; los estudios sugieren que la falta de sueño aumenta el riesgo de depresión.

"Dado el papel vital que desempeña la buena salud mental en el bienestar personal, social y económico", concluyeron Obradovich y sus coautores, "nuestros hallazgos proporcionan evidencia adicional de que los cambios climáticos representan riesgos sustanciales para los sistemas humanos".

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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