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California

Conduce un descapotable, juega a los bolos y acaba de cumplir 100 años

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Lillian Solomon, quien cumple 100 años este 18 de septiembre, celebra haber marcado una chuza para su equipo.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Tiene 100 años, tiene un novio más joven y conduce un descapotable. Esta mujer de Los Ángeles acaba de celebrar su centenario.

Lillian Solomon se pasea por Los Ángeles en un sensual descapotable azul plateado, tiene novio, juega al blackjack en el Hollywood Park Casino, va al gimnasio los lunes y lidera a su equipo de bolos los miércoles.

Nada de ello sería tan notable, si no fuese porque este miércoles es el cumpleaños de Lillian; sus 100 años.

“Hemos vivido en pecado durante 25 años”, me dijo Lillian en una visita reciente al campus de Asuntos de Veteranos del Oeste de Los Ángeles, donde se ejercita junto con su novio, Eddie Huyffer, un veterano de la Segunda Guerra Mundial y juvenil caballero de 99 años de edad.

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Eddie Huyffer, de 99 años, a la izquierda, y su novia, Lillian Solomon, quien cumple 100 años este 18 de septiembre, pasan el tiempo entre juegos durante la Liga Sénior de Verano de El Segundo, en Gable House Lanes, en Torrance, California.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)
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Lillian y Eddie estaban un poco deprimidos. El centro de veteranos había trasladado el gimnasio a una nueva ubicación y el equipo de entrenamiento aún estaba en camino. “Hacemos abdominales, pesas, la prensa de piernas, las poleas”, se lamentó Lillian.

Unos pocos estiramientos y flexiones de rodilla no iban a ser suficientes para ella; debe mantenerse tonificada para jugar a los bolos. “Mi promedio es de unos 100", afirmó. “Tengo la suerte de jugar a los bolos, a mi edad”.

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Lillian Solomon junto a su descapotable Crossfire.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)

Cuando le dije a Lillian que había notado su Crossfire en el estacionamiento, mostró una gran sonrisa. “Me encanta ese auto”, respondió radiante.

“Oh, de verdad”, dije. “¿Por qué ese modelo en particular?”.

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“Es rápido”, respondió Lillian, quien no parece lista para colgar las llaves en corto plazo. “Mi licencia de conducir no caduca hasta los 102 años; será mejor que la use”.

“Ella conduce a 70 millas por hora”, agregó Eddie.

“No, más bien a 50", corrigió Lillian, pero no sé si le creo.

Las personas que son pesimistas sobre cómo es la vida durante la vejez podrían estar ayudando a que sus miedos se hagan realidad.

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Rayanne Weiss, a la derecha, felicita a su madre, Lillian Solomon, quien cumple 100 años este 18 de septiembre y acaba de hacer una chuza durante un partido en la Liga Sénior de Verano en El Segundo.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)

A medida que envejezco y me vuelvo más olvidadizo, me intrigan esas personas que parecen que vivirán para siempre. Siempre me pregunto si puedo robarles un secreto, o dos.

Morrie Markoff, un viejo amigo y escultor aficionado que acabo de visitar el otro día, tiene 105 años y está trabajando en su segundo libro después de publicar el primero en 2017. El secreto de Markoff para una larga vida fue el título de ese libro: “Keep Breathing” (Seguir respirando).

Le conté a Lillian y Eddie sobre una recordada vecina y amiga mía, Mae LaBorde, que comenzó a actuar a los 90 años. LaBorde una vez le pidió a su sobrino que cuidara de sus finanzas porque tenía miedo de quedarse corta. El sobrino le dijo que tenía suficiente dinero hasta que cumpliera 110 años.

LaBorde quedó impactada por la noticia. "¿Qué puedo hacer entonces?”, se preguntó.

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Lillian Solomon, a la izquierda, conversa junto con la jugadora de bolos Elaine Allen, de 87 años, entre juegos, durante su noche de liga.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)

Lillian y Eddie se divirtieron con esa historia. Lillian se sube a una bicicleta fija todas las mañanas, y cocina para ella y Eddie, pero se pregunta cuánto tiempo más podrá vivir de forma independiente. Sin embargo, al mirarla y escuchar lo lista que es, debí revisar mis notas para asegurarme de que cumplía 100 años, y no 70.

“No hay ningún secreto”, afirmó ella, aparte de la suerte de los buenos genes. “Siempre pude levantarme y moverme”.

La genética es sin duda parte de la cuestión, y la hija de Lillian es otra prueba de ello. Rayanne Weiss, quien tiene casi 70 años pero no lo parece, tiene sus propias ideas acerca de lo que mantiene joven a su madre.

“Ella conserva su mente activa. Juega Sudoku, Scrabble, no puedes vencerla en ninguno de estos juegos”, comentó Weiss, y agregó que su madre tiene un club de bridge y un otro de mah-jongg, fue voluntaria en organizaciones de servicio judías y ha viajado en tres cruceros en el último año. Además, está el joven novio.

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Eddie Huyffer y Lillian Solomon se conocieron por primera vez hace 25 años y ahora viven juntos.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)

Lillian y Eddie se miraron por primera vez hace 25 años, en el Mar Vista Bowl, donde, sin dudas, el movimiento y el sudor han provocado muchos romances. Ella había sido contadora y su segundo marido había muerto. Eddie había trabajado en ventas farmacéuticas y había perdido a su esposa. La química estaba allí, pero había dos problemas.

“Yo tenía novio y él tenía novia”, precisó Lillian.

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“Pero ella no era feliz”, notó Eddie, casi alegremente.

“Estaba lista para dejar a ese tipo”, admitió Lillian. “No era lo suficientemente activo para mí. Era tímido y no sabía bailar”.

Lillian y Eddie salieron a cenar y supieron de inmediato que habría algunos asuntos desagradables que atender. Tendrían que decirles a sus respectivas parejas que todo había terminado.

“Estaban devastados”, contó Eddie. "¿Pero qué puede uno hacer?”.

Eddie abrió su billetera y sacó una foto de Lillian, que fue tomada cuando se conocieron.

“Una estrella de cine”, dijo, mostrándola.

“Es un romántico”, agregó Lillian sobre el hombre que la besa todas las mañanas, la llama su ‘reina’ y le dice que la ama todas las noches antes de dormir.

Eddie fue un gran jugador de bolos en su época, pero adoptó el papel de entrenador mientras se cura de una lesión. En realidad, es más un porrista que entrenador.

“¡Hagámoslo!”, soltó Eddie cuando Lillian y su equipo, Spare Me, se enfrentaron a Nice Pick-Up.

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Lillian Solomon está orgullosa de jugar bolos a su edad.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)

La liga sénior de El Segundo toma las líneas todos los miércoles en Gable House Bowl, en Torrance. “Aquí viene mi chica”, dijo Eddie cuando fue el turno de su novia.

Lillian acuna su arma, apunta a 10 soldados desarmados e indefensos, y se dirige a la línea con la mente puesta en hacer daño. Da un paso, otro, otro y suelta. Su mano vuela hacia arriba en el momento del tiro, como si estuviera ordenándole a la bola dónde ir, y luego es sólo cuestión de esperar.

El envío de Lillian tarda un tiempo en llegar a destino. Pero con una consistencia notable, besa el bolo uno y luego sólo hay que contar las bajas.

Lillian no es la mejor jugadora de la liga, pero es la mayor y parece ser la más admirada. “Ella es una inspiración y un modelo a seguir para mí", afirmó Michele Aplin.

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Lillian Solomon recibe un beso de su hija, Rayanne Weiss.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)

Diane Crowell observó a Lillian derribar siete pinos. “Esta mujer de 100 años me está dando una paliza, y yo tengo 60", expresó Crowell.

“Y está con un hombre más joven”, agregó otro jugador.

Spare Me, con Lillian y su hija Rayanne jugando como profesionales, dejó por el piso a Nice Pick-Up. En el segundo juego, Lillian marcó dos media chuzas para un puntaje que no podría haber sido más perfecto ante la ocasión: derribó 100.

En su fiesta de cumpleaños, que se celebró el sábado en Marina del Rey, ante 200 amigos y familiares, Lillian manejó el micrófono como la presentadora de un programa nocturno de TV y se rió de que aún recordaba el nombre de todos. Después de agradecerles por estar allí, les dijo:

“Quizá, quién sabe, dentro de otros cinco años…".

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Lillian Solomon y Eddie Huffyer se gustaron apenas se conocieron, pero hubo una complicación: ambos salían con otras personas.
(Allen J. Schaben/Los Angeles Times)

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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